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Investigación y análisis
breve
El personal del CLAE, académicos
visitantes y sus coautores condujeron una investigación
sobre temas relacionados a las crisis financieras y
depresiones, sistema bancario, comercio, inmigración
indocumentada y medición económica. La
tarea incluyó los ensayos de investigación
del CLAE y del Departamento de Investigación,
artículos presentados para su publicación
en libros y revistas, y artículos en la publicación
Southwest Economy del Dallas Fed.
Crisis financieras y depresiones
Las causas y consecuencias
de las crisis financieras han sido un importante tema
de investigación por mucho tiempo en el Centro
para estudios económicos latinoamericanos. Las
consecuencias de las crisis en la productividad constituyen
una de las líneas directas de la investigación
reciente. En “Crisis financiera y factor total
de productividad” Erwan Quintin y Felipe Meza
hacen notar que el factor total de productividad medido
cae marcadamente en las naciones emergentes durante
las crisis financieras. Hasta ahora, la mecánica
que reduce la productividad en esos momentos ha sido
un rompecabezas. Una explicación posible es que
la utilización de capital cae durante las crisis
financieras. En este paradigma, la utilización
de capital cae porque las tasas de interés (el
costo de oportunidad del capital) se mueven marcadamente
sobre la tendencia al mismo tiempo que el FTP cae por
debajo de la tendencia. En una prueba de esta hipótesis
para el Efecto Tequila de México entre 1994–95,
la utilización de capital, de hecho, resulta
haber caído notablemente en México en
1995.
En modelos con capitales homogéneos
esta reducción da cuenta de casi un tercio de
la caída de México en el FTP medido. Sin
embargo, los autores muestran que los modelos que caracterizan
todo el capital como lo mismo predicen, contrariamente
a los hechos, un alto consumo de la energía en
México. La aplicación de una medida con
capital heterogéneo predice un consumo de energía
más acertado, pero corta por el medio la importancia
cuantitativa de la utilización de capital. La
razón resulta ser que el capital improductivo
se deja ocioso, con más recursos dirigidos al
capital físico más productivo. Teniendo
esto en cuenta, la utilización de capital parece
dar cuenta del 15 por ciento de la caída del
FTP medido en México durante el Efecto Tequila.
Aún más, la utilización de capital
da cuenta solamente de una fracción ínfima
de los movimientos medidos del FTP en cuatrimestres
de no crisis.
En “La década perdida
de Argentina y su recuperación subsiguiente:
éxitos y pérdidas del modelo de crecimiento
neoclásico”, Finn E. Kydland y Carlos E.
J. M. Zarazaga examinan la crisis diferida de Argentina
en los ochenta, la depresión y la recuperación
posterior desde la perspectiva del crecimiento. Utilizan
el término depresión cuidadosamente.
A finales de la “década perdida”
de los ochenta, el PBI per capita—contra la tendencia—de
Argentina había caído un 30 por ciento
por debajo del de 10 años atrás. Los autores
realizan un ejercicio de cómputo de crecimiento
para identificar las fuentes del declive y posterior
crecimiento. Una caída dramática en el
FTP durante los años ochenta fue seguida de una
fuerte recuperación en el período 1990-97.
La producción per capita no sólo creció
en contraste con los declives de los ochenta sino que
además creció 2,5 veces tan rápido
como el promedio de 1951–79. Los autores realizan
pruebas para ver si la teoría neoclásica
de crecimiento estándar puede explicar la “década
perdida” de los ochenta y su recuperación
en los noventa. El resultado sugiere que la teoría
neoclásica del crecimiento puede rastrear la
depresión económica de Argentina de los
años ochenta bastante de cerca. Los descubrimientos
rechazan la hipótesis de que las depresiones
económicas involucran un quiebre en el comportamiento
económico racional o en la forma en que los agentes
económicos crean expectativas sobre el futuro.
Las dos grandes pérdidas
del modelo de crecimiento neoclásico son instructivas.
Primero, el experimento predijo que el insumo de trabajo
debería haber caído alrededor de un 10
por ciento durante la década perdida, mientras
que los datos lo midieron con un incremento del 3 por
ciento. A menudo se dice que el empleo en los gobiernos
provinciales y las empresas del Estado en Argentina
eran una forma encubierta de seguro de desempleo. La
información de algunas fuentes no oficiales sugiere
que el empleo en el gobierno nacional y provincial puede
haber representado entre un 10 y un 13 por ciento del
total de los trabajadores durante el período
en análisis—pero esta cifra ignora el empleo,
en un alto porcentaje, en empresas del estado durante
ese período. Los autores definen como un punto
superior al incremento del desempleo en Argentina entre
finales de los noventa y 1995, cuando las empresas del
sector público fueron privatizadas. Si este número
correspondiese a la suma de trabajadores que perdieron
su “desempleo oculto” entonces el total
de trabajadores del sector público en la década
perdida podría haberse aproximado a una cifra
entre el 20 y el 25 por ciento del total del empleo.
La suma de estos trabajadores desempleados durante los
ochenta –sólo para luego ser despedidos
durante las privatizaciones de los noventa- puede explicar
por qué el empleo subió en lugar de bajar
durante la década perdida.
El modelo pudo imitar la
producción real y el vaivén en la acumulación
de capital de los ochenta pero predijo mucho más
crecimiento para los noventa que el que realmente ocurrió.
Una explicación es la política del gobierno
que directa o indirectamente penalizó la acumulación
de capital. Una conjetura relacionada se basa en la
posibilidad de limitaciones crediticias endógenas,
en las cuales las restricciones al capital son más
vinculantes durante las expansiones que durante las
caídas. Los recuerdos de los inversores del default
soberano de los ochenta podrían haber desalentado
la inversión durante los noventa. Ciertamente,
su reticencia a invertir hubiera sido validada en el
2001 cuando Argentina implementó la mayor confiscación
de los depósitos bancarios en su historia y luego
declaró un default masivo en su deuda
soberana.
Bancos
En el transcurso de la última
década en Latinoamérica y en todas partes,
las respuestas anticipadas o reales del gobierno a las
bajas abruptas de la calidad de los activos bancarios
han sido crecientemente vistas como detonadores de los
llamados “cortes repentinos” en el flujo
de capital. Los resultados incluyen grandes depreciaciones
en las tasas de cambio y sus consecuencias. Seguido
a la devaluación, el cambio en los precios relativos
de los bienes no transables (que caen) y transables
a menudo compensa una segunda rueda de problemas bancarios
si los bancos prestaron sobre la base de garantías
no transables (como los bienes raíces).
Estos temas inspiraron investigaciones
relacionadas en el Centro para estudios económicos
latinoamericanos. En “Privatización, competencia
y supercompetencia en el sistema bancario comercial
mexicano”, William C. Gruben y Robert P. McComb
evalúan los alegatos generalizados de que la
liberalización financiera de México y
las privatizaciones bancarias de principios de los noventa
resultaron en marcadas reducciones en la competitividad
bancaria. Descubrieron que los bancos no se volvían
menos competitivos—de acuerdo con la creencia
común- sino que iniciaban un comportamiento coherente
con una batalla extrema de participación en el
mercado. Comenzando por el medio del período
de privatización y continuando al menos un año
luego de que terminara, el banco promedio operó
a un punto donde el costo marginal excedía el
ingreso marginal. Tal acuerdo de pérdida de dinero
sólo podía suceder en el corto plazo.
Los descubrimientos de Gruben
y McComb para principios de los noventa son coherentes
con lo que siguió- ya que salieron a la luz significativas
bajas en la calidad de los activos bancarios . Cuando
las tasas de interés en los EE.UU. se incrementaron
por más de 300 puntos de base en 1994, los problemas
de activos de los bancos comerciales hicieron que el
Banco Central de México se mostrase reticente
a ajustarse correspondientemente—por la preocupación
de que tasas de interés más altas hiciesen
que más préstamos fracasaran. Esta inconsistencia
entre la política monetaria de EE.UU. y México
bajo un régimen de cambio fijo con el dólar
contribuyó a los cortes repentinos de capital
en México en noviembre y diciembre de 1994 y
a una subsiguiente mega devaluación.
Continuando con la búsqueda
de las complicaciones asociadas con la liberalización
bancaria y las privatizaciones, William C. Gruben, Jahyeong
Koo y Robert R. Moore, en su ensayo “Liberalización
financiera, disciplina de mercado y riesgo bancario”,
evalúan las conexiones entre tales sucesos y
los riesgos bancarios en presencia de la denominada
“disciplina del depositante”. Si los banqueros
anticipan que sus préstamos de riesgo serán
castigados con la fuga de sus depositantes en sus bancos,
es posible que se abstengan del préstamo riesgoso.
Independientemente del país, la crisis bancaria
no es un suceso común. Se requieren circunstancias
especiales para detonar el préstamo de riesgo
que lleve a eso. Un detonador puede ser la emergencia
de nuevos mercados por los que los banqueros puedan
competir. Las liberalizaciones bancarias y las privatizaciones
pueden significar nuevas aperturas de mercado.
Los autores presentan asociaciones
estadísticas entre las mediciones de la disciplina
del depositante y del riesgo bancario que ocurrió
durante los períodos de liberalización
y privatización en seis economías. En
algunas de estas economías, las garantías
gubernamentales explícitas o implícitas
para proteger a los depositantes y para rescatar a los
bancos parece haber sido anticipada por los banqueros
como la destitución de la disciplina del depositante.
En estos países, los banqueros tendieron a tomar
mayores riesgos post-liberalización que en los
países donde la disciplina del depositante existía.
Comercio
La importancia del comercio
entre el Decimoprimer Distrito de la Reserva Federal
y Latinoamérica es uno de los factores que motivaron
la formación original del Centro para estudios
económicos latinoamericanos. “El rompecabezas
apertura-inflación reconsiderado”, por
William C. Gruben y Darryl McLeod, apunta a un debate
continuo sobre la conexión entre el comercio
internacional y la inflación. Los datos de investigación
aplicada desde los años ochenta (Romer 1993)
muestran un fuerte vínculo negativo entre la
apertura comercial y la inflación. Algunos analistas
ofrecen modelos para sugerir que la apertura comercial
facilita la competencia de cambio, causando “dinero
bueno” baja inflación o bien expulse al
“dinero malo” de la alta inflación
o realice una reforma del “dinero malo”.
Otros sostienen que la apertura comercial disminuye
la inflación mediante el incremento de la competencia.
Algunos trabajos con base empírica
de la economista brasileña Cristina Terra (1998)
postulan que una relación inversa entre la apertura
y la inflación es peculiar de los años
ochenta y, aún entonces, aplica solamente a los
países altamente endeudados que confían
ampliamente en el impuesto inflacionario. Cuando los
propietarios de activos generan una crisis en la balanza
de pagos nacional, cuanto menos abiertas sean las economías,
más grande debe ser la devaluación para
producir el excedente comercial que se requiere de repente.
Las economías protegidas no comercian demasiado
ni eficientemente. Lo que le sucede al valor de la moneda
local del servicio de deuda en una devaluación
afecta al déficit en el presupuesto gubernamental.
Ante la ausencia de la reforma fiscal, el déficit
incrementado refuerza una suba en la cantidad de impuesto
inflacionario que el gobierno necesita recaudar. Debido
a que la devaluación es mayor en las economías
cerradas, dichas economías resultan con un mayor
incremento en el valor de la deuda en términos
de moneda local y, consecuentemente, mayor inflación.
Sosteniendo que la competencia
de cambio es lo que explica la relación negativa
y no el paradigma que Terra propone, Gruben y McLeod
evalúan la relación durante los años
noventa en una amplia muestra de países, incluyendo
la mayoría de las naciones latinoamericanas.
Descubren que la relación inversa entre la apertura
comercial y la inflación se hace más fuerte
en los años noventa, cuando la crisis de la deuda
estaba mucho menos generalizada que en la década
previa. También descubren que durante los años
ochenta esta relación negativa fue más
pronunciada en los países menos endeudados que
en los países con más deuda, a los cuales
el paradigma de Terra había circunscrito este
fenómeno. Estos resultados apuntan no solamente
a una relación inversa general entre la inflación
y la apertura sino que además sugieren que el
proceso continuo de globalización reforzará
una menor inflación en la mayoría de los
países, aún en aquellos que persiguieron
una mayor inflación en los años ochenta.
Este trabajo es coherente con sus trabajos previos sobre
la apertura e inflación de las cuentas de capital.
En “El gigante en el espejo
retrovisor de México”, Erwan Quintin analiza
la preocupación generalizada respecto de la habilidad
de México para competir internacionalmente con
China, especialmente en los comienzos de la caída
de la relación México-EE.UU. desde finales
del 2000. Quintin demuestra que a pesar de las quejas
sobre la competitividad de mano de obra de México,
los costos de la misma no han subido más rápido
que la productividad laboral y que México ha
mostrado un fuerte compromiso con la política
de disciplina fiscal y monetaria. Ciertamente, nota
que las exportaciones chinas a los Estados Unidos no
han resultado mucho mejor que las de México en
la mayoría de los sectores. Aún así,
observa, el alto costo de la electricidad y la incertidumbre
fiscal que plaga el sector exportador han impedido la
expansión mexicana. Fundamentalmente, México
requerirá de reformas estructurales o competitivas
en varios sectores para retornar a su trayectoria de
finales de los años noventa.
William C. Gruben y Sherry L.
Kiser, en “El Acuerdo Chileno alcanza al universo
del libre comercio de EE.UU. por uno”, tratan
otro tema — la obstinación proteccionista
de los EE.UU aún en relación a los acuerdos
comerciales con países latinoamericanos más
pequeños. A pesar de que la poca población
de Chile de 15 millones y su estatus de 43ª economía
en el mundo parecieran convertirla en un candidato pobre
para la atención proteccionista de EE.UU., la
conclusión del tratado de libre comercio entre
Chile-EE.UU. firmado en el 2003 no sólo involucró
más esfuerzo que el NAFTA sino que temporalmente
permitió un continuo proteccionismo en varias
áreas. Los autores hacen notar que, tal como
es común en los Estados Unidos, los mayores elementos
de lo que queda de proteccionismo están en la
agricultura. Mientras que muchos productos entraron
duty-free (libres de impuestos) con la formalización
del acuerdo, las exportaciones chilenas relacionadas
a los lácteos permanecen bajo una cuota y el
acuerdo también permite que los aranceles sobre
algunas frutas chilenas persistan por 12 años
luego de que el mismo tome efecto. El libre comercio
en los vinos no tendrá lugar hasta el 2014. Mientras
tanto, los intereses proteccionistas chilenos en el
trigo y la remolacha estaban dichosos por su continuada
protección contra productos más baratos
de los EE.UU.
Inmigración
Las determinantes y los resultados
de la inmigración desde México en particular
y Latinoamérica en general son tema de investigación
continua en el Centro para estudios económicos
latinoamericanos. En ”El impacto de la inmigración
ilegal y el cumplimiento de la ley en los índices
de crimen en la frontera”, Roberto Coronado y
Pía M. Orrenius investigan la conexión
entre los índices de crimen en la frontera EE.UU.-México,
la inmigración ilegal y la restricción
de la inmigración desde principios de los noventa.
Durante ese período, el crimen relacionado con
la propiedad cayó alrededor de la frontera, pero
los índices de crímenes violentos comenzaron
a subir al nivel nacional. ¿Existe una relación
causal, o un tercer factor influye en las estadísticas
criminales? Los autores realizan una evaluación
econométrica para descubrir que el volumen de
inmigración ilegal está, de hecho, relacionado
a cambios en los crímenes sobre la propiedad—luego
de comparar otros factores determinantes incluyendo
las fluctuaciones económicas en los niveles de
aplicación de la ley. Algunas evaluaciones similares
identifican una significativa correlación positiva
entre las mediciones de inmigración ilegal y
el crimen violento a pesar de un aumento en la aplicación
de la ley de inmigración. Durante los años
noventa, el índice general del crimen cayó
en la frontera, pero la proporción de crímenes
violentos entre los crímenes en general aumentó
significativamente. Mientras que la aplicación
de la ley de inmigración muestra un efecto inhibidor
del crimen en los noventa, dicho efecto se erosionó
en el transcurso de la década. Desde mediados
de 1999, el impacto marginal sobre el crimen del incremento
en las horas de vigilancia de la inmigración
ha sido cero. Los autores conjeturan que la correlación
entre la inmigración ilegal y los crímenes
violentos está, de hecho, asociada con una tercer
variable, la extensa actividad del contrabando—en
particular, el comportamiento violento de traficantes
de drogas cuyas operaciones parecen estar expandiéndose
y cuyo comportamiento de cruce de frontera es ciertamente
ilegal.
En “¿La inmigración
afecta los salarios? Una mirada a la evidencia ocupacional”
, Pía M. Orrenius y Medeline Zavodny descubren
que un incremento en la fracción de trabajadores
nacidos en el extranjero en el grupo de ocupación
obrera tiende a bajar las remuneraciones de los nativos
en dicha ocupación. Sin embargo, un incremento
en la fracción de trabajadores nacidos en el
extranjero en ocupaciones de alta calificación
no baja las remuneraciones de los trabajadores nativos
en la misma ocupación. Investigaciones adicionales
de los datos obreros indican que son los inmigrantes
quienes están ajustando su estatus de inmigración
en los Estados Unidos pero no los recién llegados,
quienes afectan negativamente las remuneraciones de
los nativos poco calificados. Este descubrimiento sugiere
que los inmigrantes se vuelven sustitutos de los nativos
sólo luego de haber pasado mucho tiempo en los
Estados Unidos.
El artículo de Mark G.
Guzman, Joseph H. Haslag y Pia M. Orrenius “Un
rol para la política de gobierno y manchas solares
al explicar las fluctuaciones endógenas en la
inmigración ilegal”, formaliza matemáticamente
las explicaciones del por qué la inmigración
ilegal puede variar sustancialmente aún habiendo
una brecha constante entre las remuneraciones en EE.UU.
y México. En este modelo, la volatilidad en el
flujo de la migración deriva de dos fuentes:
una tensión entre las transferencias del ingreso
gubernamental que induce la migración y la aplicación
de la ley que la desalienta y, separadamente, la existencia
de una incertidumbre condicionante o efecto de mancha
solar. Es decir, los autores examinan el impacto de
(mancha solar) la incertidumbre en las políticas
gubernamentales de transferencia de impuesto/ingreso
sobre la migración en cuanto interactúan
con los efectos de los traficantes y la policía
fronteriza para determinar el nivel de inmigración.
Medición económica
La medición de los
fenómenos económicos es un tema de mucha
preocupación para los analistas del Centro para
estudios económicos latinoamericanos puesto q
ue los datos de los países de Latinoamérica
están menos disponibles que los de las naciones
industrializadas. En “Eligiendo entre índices
de pobreza rivales: algunas pruebas para América
Latina” , William C. Gruben y Darryl McLeod notan,
cuando empiezan a escribir, que no hay un procedimiento
ampliamente aceptado para estimar los índices
de pobreza nacional. Ellos proponen un procedimiento
ex post (retroactivo) para seleccionar los índices
de pobreza que tienen propiedades deseables. Sostienen
que las mediciones de pobreza absoluta, estimadas uniformemente
a través de los países, deberían
estar correlacionadas con los indicadores no monetarios
que reflejan las consecuencias de la privación
física. Estos indicadores incluyen índices
de natalidad, presentismo escolar, mediciones de desnutrición
y otros factores. Los autores realizan una serie de
pruebas de hipótesis no anidadas para elegir
entre mediciones competitivas de la pobreza y los ingresos.
Analizan 66 mediciones de pobreza computadas en 17 países
latinoamericanos. Las evaluaciones identifican de 10
a 15 indicadores de pobreza que alcanzan los estándares
que los autores tomaron en cuenta por su utilidad. Notan
que un tema que resulta ser común en la mayoría
de los indicadores de pobreza más exitosos es
que llevar a escalas de cómputos nacionales y
de estándares de comparación internacional
es importante. Una metodología de escala comúnmente
usada—desarrollada por la Comisión Económica
para Latinoamérica de las Naciones Unidas—resultó
permitir más comparaciones transparentes que
ninguna otra.
En “(Mal)informando
el producto bruto interno de México”, Franklin
Berger se refiere a los problemas de ajuste estacional
de la información del producto bruto interno
mexicano (y por extensión del de otros). El ajuste
estacional de cualquier categoría de datos donde
los factores estacionales (como las Pascuas) son importantes,
pero no siempre ocurren en el mismo mes o cuatrimestre,
no puede realizarse convenientemente mediante los procedimientos
estándares aplicados, digamos, a la navidad o
a enero. Berger remarca que cuando los medios estadounidenses
reportan sucesos económicos en México,
a menudo reportan el PBI y que en algunos casos los
informes sobre las fluctuaciones económicas mexicanas
han sido mucho más negativos que lo que los datos
hubieran sugerido si se hubieran comprendido apropiadamente.
En muchos países latinoamericanos la actividad
económica cae durante la semana de Pascua o la
previa porque se celebra toda la semana de “Semana
Santa”. Basándose en sus propias construcciones
de ajustes estacionales para México y otros países
latinoamericanos, Berger identifica una creciente sofisticación
estadística entre los estadísticos de
ajuste estacional en el banco central de México
(Banco de México) y en el Instituto Nacional
de Estadística, Geografía e Informática.
Si bien su trabajo ha resultado en avances en cuanto
a un preciso ajuste estacional, los informes en las
publicaciones de negocios en los EE.UU. han obviado
estos ajustes y se refieren a datos de año tras
año que son frecuentemente confusos como descripción
de los sucesos económicos vigentes. Berger nota
que, en el caso de los feriados como pascua, inclusive
las comparaciones de datos de año tras año
pueden ser erradas en cuanto a los hechos sin un ajuste
estacional apropiado.
| Referencias
Romer, David H.
(1993), “Openness and Inflation: Theory
and Evidence,” Quarterly Journal
of Economics 108, 869–903.
Terra, Cristina
(1998), “Openness and Inflation: A
New Assessment,” Quarterly Journal
of Economics 113, 641–48.
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