El
estado actual de las economías de los Estados Unidos
y de México: ¿Hacia donde vamos?
Comentarios en un Foro organizado
por la sucursal de El Paso del Banco de la Reserva Federal
de Dallas y la sucursal de Monterrey del Banco de México
Monterrey, N.L., México
25 de septiembre del 2006
Hoy estoy con ustedes en Monterrey
como la primera parte de un intercambio bilateral. Mañana
tendré el privilegio de recibir a mi amigo Guillermo
Ortiz, el gobernador del Banco de México, en
Dallas. Hoy, tanto él como el subgobernador Elizondo,
han organizado amablemente todo para que yo esté
aquí con ustedes. Estos dos eventos, que ocurren
de forma conjunta, simbolizan los numerosos lazos que
hacen inseparables a México y Tejas. Compartimos
una misma historia y una profunda relación continua
que es única en los Estados Unidos.
El vínculo es personal
para mí. Crecí en México—en
el Distrito Federal. Pasé mi infancia ahí
y la recuerdo con afecto. La primera película
que recuerdo haber visto fue Marcelino Pan y Vino.
(Luego de haber visto esa magnífica película,
nunca más tuve miedo de los alacranes que vivían
en nuestra casa en la Ciudad de México.) Jugué
béisbol en las Ligas Menores para el equipo de
los Aztecas, siguiendo los pasos de mi hermano, cuyo
equipo se enfrentó a Monterrey para calificar
a representar a México en la Serie Mundial de
las Ligas Menores. Ángel Macias y su gran equipo
de Monterrey, acertadamente llamado los “Industriales
de Monterrey”, ganaron ese juego y continuaron
hasta ganar la Serie Mundial de ese año.
Cuando no estábamos en
el campo de juego, estábamos bajo la estricta
disciplina de la Escuela “Sierra Madre”,
donde aprendí la historia de México antes
de aprender la de los Estados Unidos. Mi madre solía
decir que antes de cumplir los 18 años, sabía
más sobre Hidalgo y Benito Juárez que
sobre Washington y Abraham Lincoln.
Mi sentido del humor—el
cual es simplista, según mis hijos—fue
formado gracias a Mario Moreno Reyes, mejor conocido
como “Cantinflas”. Por supuesto, ese era
el sentido del humor que tenía antes
de convertirme en un estoico e inexpresivo banquero
central.
Todo esto es una forma de decir
que le tengo un profundo respeto y cariño a México
y a su gente. Soy parte mexicano y con orgullo.
Es un honor estar aquí con ustedes.
Esta mañana, pienso hablar
sobre la economía de los Estados Unidos, México
y Tejas. Sin embargo, antes de comenzar, necesito recordarles
que solo estoy hablando a titulo personal y no a nombre
de el Comité Federal de Operaciones de Mercado
Abierto de los Estados Unidos (FOMC por sus
siglas en inglés) ni por ninguno de sus miembros.
Por lo tanto, lo que yo exprese esta mañana son
únicamente mis opiniones.
Justo la semana pasada el FOMC
se reunió y de manera colectiva se decidió
no hacer cambios en la tasa de interés de fondos
federales.
Luego de participar en dichas
reuniones, siempre es instructivo leer y analizar detenidamente
las distintas interpretaciones hechas por analistas
bien intencionados acerca de la acción que se
tomó así como del comunicado de prensa.
Yo comparo este proceso con el antiguo ritual de predecir
el futuro disecando a los animales para examinar sus
entrañas. Los analistas diseccionan nuestras
declaraciones y nuestras supuestas intenciones con el
mayor de los cuidados. Es algo definitivamente menos
crudo que los rituales de las antiguas civilizaciones,
pero sólo un poco más preciso para adivinar
el futuro.
Para facilitarles a Ustedes su
análisis “de las entrañas del FOMC”,
permítanme darles un breve resumen de cómo
veo el estado de la economía de los Estados Unidos
y su impacto sobre la política monetaria.
En aproximadamente seis semanas,
la economía estadounidense celebrará el
quinto aniversario de su actual expansión económica.
¿Dónde nos encontramos en la víspera
de este logro? Tenemos un ajuste importante que se está
llevando a cabo en el sector vivienda. Las ventas, las
nuevas construcciones y los permisos de construcción
han disminuido entre 10 y 25 por ciento comparando con
el año pasado. En ciertas ciudades—especialmente
en las áreas costeras—los precios de las
viviendas han llegado a su punto más alto y están
empezando a disminuir. Este podría ser el descenso
mas anticipado y sobreanalizado de la historia. Un destacado
Director General de una empresa me dijo recientemente
que “la única situación a la que
se le ha hecho un análisis más intenso
que al mercado de la vivienda de los Estados Unidos
ha sido al nacimiento del hijo de Brad Pitt y Angelina
Jolie”. Sin embargo, es un asunto serio, con consecuencias
que son significantes para la economía.
Los precios de las viviendas en
muchos mercados se han desbordado, avanzando más
rápidamente que las rentas, los ingresos y las
tendencias demográficas. El financiamiento barato
combinado con “innovaciones” en financiamiento
de hipotecas—facilitado por el exceso de liquidez—contribuyó
al auge. De hecho, se puede argumentar de forma convincente
de que los excesos en el mercado de la vivienda se debieron
tanto a la construcción del financiamiento como
la construcción de viviendas, pero sobre todo
se debió a la creciente liquidez. Esto infló
el valor de las viviendas, lo cual no hubiera sucedido
bajo un sistema financiero menos ingenuo. A pesar de
todo, el mercado de bienes raíces residenciales
tuvo que adaptarse y actualmente lo está haciendo.
San José es el santo patrono
de la compra y venta de viviendas. Si hubieran leído
el Centinela de ayer, periódico de Orlando, hubieran
descubierto que se han agotado las estatuas de San José
en varios estados debido al temor de una caída
abrupta en los precios de las viviendas. ¡La gente
que quiere vender sus casas está enterrando sus
estatuas en sus jardines con la esperanza de atraer
compradores! Aparentemente, la práctica de pedir
ayuda a los santos sigue viva en los Estados Unidos.
Lo que está ocurriendo
en el mercado de la vivienda en los Estado Unidos no
es precisamente único. Es la naturaleza de casi
todos los mercados, los cuales registran un auge y luego
están sujetos a ajustes. Puede ser un ajuste
doloroso para aquellos que pierden noción entre
el precio y el valor fundamental. Siempre y cuando el
ajuste se lleve a cabo de manera ordenada y no amenace
la estabilidad financiera de la economía, es
mejor dejar a el ajuste seguir su curso, vigilándole
cuidadosamente para asegurarse que no afecte al resto
de la economía.
Somos afortunados de que el resto
de la economía se encuentre saludable y vigorosa.
El sistema bancario está en buenas condiciones
y el sector financiero todavía goza de suficiente
liquidez. Las finanzas corporativas están fuertes.
Las inversiones en capital y equipo marchan a un ritmo
acelerado. La producción se está reforzando
por el aplacamiento de los precios de las materias primas.
Los consumidores se están beneficiando por la
disminución de los precios de la gasolina y el
gas natural. Aunado a esto, el resto del mundo está
creciendo más rápido que los Estados Unidos,
mitigando los riesgos de que la economía estadounidense
disminuya aún mas su ritmo.
Antes de cada reunión del
FOMC, hablo con aproximadamente 30 Directores
Generales y Directores de Finanzas de compañías
importantes en todos los sectores de la economía
de los Estados Unidos. Las perspectivas de estos empresarios
complementan el buen trabajo de nuestro grupo de economistas.
Recuerden, cada uno de estos líderes empresariales
está consciente de los riesgos que implica el
ajuste del mercado de la vivienda. Han tomado en cuenta
todos los escenarios del sector vivienda, del mas probable
al mas severo. Han adaptado sus planes a medida que
el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) disminuyó
de un casi 6 por ciento en el primer trimestre a menos
del 3 por ciento en el segundo y tomando en cuenta que
dicho nivel probablemente no será alcanzado por
el trimestre que está por terminarse este sábado.
Estos líderes empresariales
son cautelosos pero no dejan de ser optimistas. Confían
en que el crecimiento de los Estados Unidos mantendrá
un ritmo sano durante el cuarto trimestre y hacia adelante.
Uno de los Directores Generales más experimentados
con quien me reúno con regularidad lo resume
de la siguiente manera: “Todos estábamos
esperando que las cosas empeoraran, pero no han empeorado.
Todos estábamos esperando que las cosas se pusieran
más difíciles, pero no se han puesto difíciles”.
A excepción de un área:
la obtención de mano de obra. Escucho más
y más informes acerca de la dificultad de encontrar
mano de obra que trabaje en nuestro sector petrolero
o que se encargue de nuestras plantas químicas.
Los banqueros se quejan de la escasez de ejecutivos
de cuentas y cajeros bancarios. El sector transporte
también experimenta escasez de conductores. En Houston,
estamos escuchando quejas sobre la dificultad de encontrar
cajeros para establecimientos de ventas al menudeo.
Un hotelero importante me dijo la semana pasada que
hay escasez de camareras. Y para los que compran insumos
en el exterior, conseguirlos mas baratos se ha vuelto
notablemente más difícil puesto que el
crecimiento en aquellos países productores generan
un mayor consumo doméstico. Las compañías
ya han logrado un mayor nivel de productividad gracias
a ‘outsourcing’ y el uso de nuevas tecnologías
computacionales. Pero ahora las compañías
están expresando a toda voz el tipo de quejas
acerca de la escasez de mano de obra que se escucha
con mayor frecuencia en una economía operando
a su máxima capacidad.
Durante la última semana
se han publicado varias encuestas de ejecutivos de negocios,
y todas subrayan que comienza a predominar un crecimiento
más lento. Esto incluye encuestas recientes del
sector manufacturero del estado de Tejas hecha por el
Fed de Dallas; la encuesta hecha por el Fed de Filadelfia
sobre la producción en una área más
pequeña pero no por eso menos importante, del
este de Pensilvania, el sur de Nueva Jersey y Delaware;
la Federación Nacional de Empresas Independientes
(NFIB por sus siglas en inglés); la
Mesa Redonda de los Negocios (the Business Roundtable);
y la Encuesta Global de Directores de Finanzas de la
Universidad de Duke.
Agrupando todo, recuerdo la ocurrencia
de Mark Twain citada a menudo: “La música
de Wagner es mejor de lo que suena”. El panorama
del crecimiento económico puede ser mejor de
lo que suena. Al mismo tiempo, la dinámica de
la inflación puede ser peor de lo que
suena.
Mientras participo en las reuniones
del FOMC, me sigo inquietando más por
la inflación que por el crecimiento. A pesar
de que estoy muy consciente de los riesgos del crecimiento
económico, de la historia de las curvas de rendimiento
invertidas y de la posibilidad siempre presente de impactos
exógenos en un mundo políticamente peligroso,
la “balanza del riesgo”, según yo,
se inclina todavía en la ecuación hacia
el lado de la inflación. Déjenme ilustrar
el porqué matemáticamente.
El más reciente Índice
Subyacente de Precios al Consumidor (IPC), el cual excluye
la volatilidad de los precios de la comida y
la energía, se publicó redondeándolo
al 0.2 por ciento en agosto, lo mismo que en julio,
indicando a simple vista que los fundamentos de la inflación
no cambiaron. Pero hay que mirar un poco más
allá. Redondear las cifras puede ocultar algunas
dinámicas implícitas. La tasa de inflación
del mes de julio en realidad fue del 0.19 por ciento,
la de agosto fue del 0.24 por ciento. Para una persona
normal, esto trae a la mente el viejo dicho de que los
economistas simplemente ponen dos números a la
derecha de una coma decimal para demostrar que tienen
sentido del humor, pero para un banquero central que
no tiene sentido del humor, la magia del interés
compuesto le da sentido al ejercicio y presenta un cuadro
diferente, uno menos benigno que las lecturas secuenciales
del 0.2 por ciento. Sobre una base de 12 meses, el IPC
subyacente fue del 2.4 por ciento en julio, la tasa
para agosto fue del 2.9 por ciento. En otras palabras,
el IPC subyacente de agosto estuvo a mitad del camino
entre la lectura baja de julio y las cifras más
elevadas de los cuatro meses anteriores.
Mantengan esto en mente: La última
lectura de la inflación básica del consumidor
estuvo cerca del 3 por ciento, no del 2 por ciento,
medido al valor nominal.
Como ustedes saben, el Banco de
la Reserva Federal de Cleveland no toma el IPC reportado
en su valor nominal. Ellos dividen y dividen el IPC
para obtener la mediana que algunos de nosotros sentimos
proporciona un cuadro más preciso de las presiones
inflacionarias. La cifra de la mediana de la Reserva
Federal de Cleveland para el IPC de agosto resultó
en un 3.4 por ciento anualizada. También tienen
una medida que poda los componentes más volátiles
y probablemente los menos sostenibles del IPC. Para
el mes de agosto, ese número resultó ser
del 2.9 por ciento, el cual sigue de cerca el último
estimado de la media recortada del Dallas Fed o el 3.1
por ciento para la inflación de los Gastos de
Consumo Personal.
Para algunos, el 3.1 por ciento
no suena para nada espantoso. Permítanme asegurarles
que si ese nivel de inflación sostenida se mantuviera,
devaluaría el dólar gravemente. Con esa
tasa de inflación, un dólar rápidamente
queda reducido a centavos. En 10 años, se reduce
a 73 centavos; en 15 años, cae a 62 centavos.
No conozco a nadie en el FOMC que quisiera
aceptar ese tipo de erosión en el poder adquisitivo
de nuestra moneda.
Pero ustedes se preguntarán,
¿no es cierto que el Índice de Precios
a la Producción (PPI, por sus siglas
en inglés) que se publicó el pasado jueves
mostró una considerable restricción de
los precios? De hecho, así fue. Sin embargo,
excluyendo la comida y energía, en realidad mostró
una deflación generalizada de los precios.
Debemos tener cuidado aquí y tomar dicho resultado
con cautela. El PPI es muy “ruidoso”
para los oídos de los economistas. Históricamente,
no ha sido de mucha utilidad para pronosticar la inflación
de los precios al consumidor. De hecho, hace unos cuantos
años cuando nuestros colegas de la Reserva de
Cleveland estaban estudiando el PPI y tratando de idear
una forma para recortar el más volátil
de sus componentes para obtener una medida de lo que
mostraba como tendencias sostenibles, se encontraron
con que tendrían que recortar el 90 por ciento
de los mismos. Es difícil confiar en el PPI como
indicador de las tendencias inflacionarias subyacentes.
Entonces la frente del banquero
central, que no tiene acceso al equivalente intelectual
del Botox, empieza a fruncirse. Si usted lucha contra
la inflación, un vago recuerdo de La fierecilla
domada de Shakespeare salta a la mente en el llanto
de Hortensio, “Entre manzanas podridas hay poco
para escoger”. Los indicadores más confiables
de la presión inflacionaria no son reconfortantes
todavía. La inflación se mantiene elevada
y nos deja poca opción fuera de que permanezcamos
vigilantes.
La semana pasada el FOMC
dejó su objetivo monetario, la tasa de fondos
federales, al 5.25 por ciento, sin cambios. Yo acepte
la decisión. A pesar de que el riesgo de inflación
que acabo de aclarar está muy presente en mi
mente, mi juicio ponderado es que la reciente moderación
del crecimiento económico de los Estados Unidos
hacia un índice de crecimiento más sostenible,
combinado con el efecto retardado de los últimos
17 incrementos de un cuarto punto porcentual, deberán
servir para bajar la tasa de inflación con el
pasar de los años. Sin embargo, si esto no resulta
ser el caso, se tendrán que tomar las medidas
pertinentes.
Ciertamente, el subgobernador
Elizondo estará de acuerdo conmigo en que los
banqueros centrales aborrecen la inflación. Es
una fuerza destructiva que erosiona la confianza, roe
el valor de la moneda y socava el crecimiento. En México,
lo que una vez fue inflación crónica desapareció
por completo. Su país ahora hace alarde de su
inflación más baja en 30 años.
Ni la economía estadounidense
ni la mexicana pueden prosperar a menos que la inflación
se meta en cintura. Y ninguno de los dos países
puede alcanzar el máximo potencial de crecimiento
económico sin la ayuda del otro.
Nuestras dos economías
son como dos barcos que navegan unidos a través
de las turbulentas aguas de la economía global.
Como cualquier marinero sabe, cuando dos barcos están
atados juntos, se mueven juntos. A menudo, parece que
más bien México está siendo remolcado
por los Estados Unidos. No estoy de acuerdo. De manera
creciente, México se ha convertido en una parte
crítica de nuestra base industrial como proveedor
de nuestros insumos. En muchas formas, no sólo
somos cada vez más interdependientes, sino que
también nos estamos integrando.
Cerca del 90 por ciento de las
exportaciones de México tienen como destino los
Estados Unidos. Y dos tercios de toda la inversión
directa extranjera en México provienen de inversionistas
estadounidenses. Viendo desde mi lado de la frontera,
México es el segundo importador más grande
de bienes estadounidenses, mucho más que Alemania,
Japón y China. Los trabajadores mexicanos proporcionan
una significativa parte del músculo económico
que hace a nuestra economía tan poderosa. Y los
recursos mexicanos son una parte vital de las líneas
de aprovisionamiento de las empresas estadounidenses.
Las cifras validan la historia
de nuestra interdependencia. Desde 1980, la proporción
entre las exportaciones de México y el PIB se
ha triplicado, principalmente gracias al impulso proveniente
de las ventas de productos manufacturados a Estados
Unidos. Muchos de estos son bienes intermedios y de
capital, que equivalen casi a tres cuartos de las exportaciones
de México a los Estados Unidos. Una expansión
al rojo vivo entre 1994 y el 2000 permitió a
México crecer más rápido que cualquier
otra economía en Latinoamérica. Los buenos
tiempos llegaron a su fin en el otoño del 2000,
cuando la industria manufacturera de los Estados Unidos
se frenó y luego se paralizó, lo que golpeó
a México más fuertemente que a cualquier
otro país extranjero. Esto se revirtió
en cuanto la economía de los Estados Unidos se
recupero.
Las tendencias en el 2006 refuerzan
la importancia para México de la industria manufacturera
de los Estados Unidos. La producción industrial
aquí es fuerte. Esta fortaleza, combinada con
el sano crecimiento de la demanda interna, ayuda a explicar
el crecimiento económico del 4.5 por ciento que
los analistas privados predicen para México este
año.
Es importante reconocer que no
siempre ha habido esta correlación entre las
economías de nuestras dos naciones. Después
de la segunda guerra mundial y antes de la crisis de
1982, México experimentó nada menos que
un milagro económico, llevándole el paso
a Taiwán y Corea. Mientras tanto, en la década
de los años 70, la economía de los Estados
Unidos sufrió un estancamiento. Ustedes estaban
bien, nosotros estábamos mal. Cuando finalmente
salimos de nuestro malestar en la década de los
80s, México experimentó una década
de estancamiento y crisis financiera. Ustedes estaban
mal, nosotros estábamos bien. Realmente, la sincronización
de los ciclos económicos de nuestros países
comenzó en la década de los 90. Antes
de eso, parecía que ambos países estaban
más que todo en caminos perpendiculares.
¿Qué cambió?
Obviamente, nuestros vínculos
comerciales se han fortalecido. Pero, ¿es esta
una explicación satisfactoria? Los economistas
están debatiendo si sólo el aumentar la
integración comercial conduce a mayor sincronización
de los ciclos económicos. El debate se centra
en la naturaleza del objeto de la transacción
comercial. Cuando los vínculos comerciales llevan
a las naciones a especializarse en diferentes productos,
los ciclos económicos de estos países
pueden, de hecho, tomar rumbos diferentes. Sin embargo,
cuando el intercambio consiste, en su mayoría,
de bienes y servicios dentro del mismo sector de producción,
como es el caso de México y los Estados Unidos,
es más probable que los ciclos económicos
se alineen. No es una coincidencia que los estados de
México que tienen mayor intercambio con los Estados
Unidos, sean los más influenciados por la actividad
industrial estadounidense.
La explosión del comercio
y de las inversiones del exterior que ha disfrutado
México en las últimas dos décadas
también se deben en buena parte al creciente
compromiso del país a políticas estables.
De hecho, los recientes desarrollos
aquí, que todos ustedes bien conocen, son impresionantes.
Un informe reciente del Banco Mundial elogió
a México por sus recientes reformas económicas,
que lograron la cima de la clasificación en la
economía de los países de Latinoamérica
por haber mejorado más su clima comercial.
Los precios se han vuelto más
estables que nunca. La gente puede invertir en México
sin preocuparse tanto por la inflación. Un ingrediente
importante en el éxito de México en este
aspecto fue la reforma constitucional de 1994 la cual
creó un banco central completamente independiente
con la estabilidad en los precios como su principal
objetivo. Con un objetivo claramente establecido y con
protección constitucional, el Banco de México
se ha convertido en un practicante consciente del control
de la inflación, ganándose con todo el
derecho, el respeto de las comunidades internacionales
de inversión y de política monetaria.
Otros cambios en la política
han fortalecido la economía de México
y han reducido su vulnerabilidad a crisis financieras.
La responsabilidad fiscal y el bajo déficit presupuestario
han traído elogios bien merecidos. Esto ha permitido
a México mejorar enormemente la composición
de su deuda. El gobierno incurrió en problemas
hace una década, en parte porque la mayoría
de su deuda estaba en manos extranjeras, cotizada en
dólares y con vencimiento a corto plazo. En 1994,
el 85 por ciento de la deuda pública de México
estaba fuera del país. Hoy, la proporción
es del 40 por ciento. Significativo del esfuerzo de
apoyarse más en las fuentes de financiamiento
internas es el hecho de que México logró
retirar toda su deuda Brady hace tres años, convirtiéndose
en el primer país en hacerlo.
Al mismo tiempo, ahora México
recibe préstamos bajo mejores términos
que hace 10 años. En 1995, México ni siquiera
tenía una curva de rendimiento. No había
mercado para bonos mexicanos con más de un año
de vencimiento. Sin embargo, recientemente, México
emitió con éxito bonos en pesos con una
tasa fija a 20 años, y la Secretaria de Hacienda
y Crédito Público anunció que comenzará
a emitir bonos a 30 años en el último
trimestre de este año, un logro verdaderamente
maravilloso.
Otro cambio importante en la política
tiene que ver con el tipo de cambio. Ciertamente no
tengo que hablarle a nadie en este salón sobre
los costos de pasados intentos para mantener un valor
fijo de la moneda. Un peso libre y flotante ha ayudado
a que la economía de México se ajuste
de manera gradual a los cambios en el comercio exterior
y las inversiones, evitando la acumulación de
las presiones que aparecen en el futuro como un impacto
repentino.
Gracias a todo este progreso,
los mercados financieros de México, durante este
turbulento año electoral, han demostrado tener
notable capacidad de recuperación. Las elecciones
pasadas han dado razones a los inversionistas para que
sean cautelosos. La historia no ha sido del todo impresionante
puesto que las transiciones presidenciales a menudo
incitaban a la confusión financiera en México
ya que el cambio de poder presentaba oportunidades para
que los nuevos líderes reconsideraran los compromisos
adquiridos. En este ciclo electoral, ha habido muy pocas
señales de ansiedad en los inversionistas, un
testamento para la nueva estabilidad de la administración
fiscal de México.
Ya pasaron los días en
que mis predecesores u otros analistas en la Reserva
Federal advertían sobre la vulnerabilidad de
México respecto de los impactos financieros.
Hoy, la preocupación se concentra en la ausencia
de reformas estructurales que tanto se necesitan y que
estimularían el crecimiento y a la competitividad
a largo plazo.
La lista de las reformas necesarias
es bien conocida y ustedes no necesitan a un gringo
que la explique. Probablemente ustedes estarán
de acuerdo conmigo en que México se beneficiaría
tremendamente de mejoras en la infraestructura educativa
y de reformas laborales. La economía podría,
igualmente, usar mejores medios para hacer respetar
el derecho a la propiedad, así como leyes fiscales
más efectivas. Poner en práctica estas
reformas es uno de los retos más grandes que
tendrá que enfrentar el nuevo gobierno.
Mis críticos pueden atreverse
a decir que en mi entusiasmo por México tengo
la tendencia a hacer poco énfasis sobre el problema
de la corrupción, que sigue siendo espinoso tanto
para los ciudadanos mexicanos como para los inversionistas
extranjeros. Estoy muy consciente de eso. De hecho,
una de mis películas favoritas de Cantinflas
es El Señor Fotógrafo. Puede
que no la recuerden. La trama tiene que ver con corrupción
en el gobierno y, por supuesto, con Cantinflas involucrado,
los malos de la película fueron ahuyentados de
una forma muy chistosa pero definitiva. Tengo muchas
esperanzas de que el ejemplo de un banco central vigoroso
e independiente y de las demás reformas institucionales
que han sido dispuestas por los dos gobiernos anteriores
continúe el proceso determinante de eliminar
la corrupción.
Como tejano, no puedo concluir
sin hablar de mi estado y nuestra relación única
con los estados de México. Las economías
de México y Estados Unidos están conectadas
y la economía de Tejas está en el centro
de dicha unión.
Pocos estados se benefician más de compras de
los mexicanos que Tejas. Estados Unidos exportó
$120 mil millones en bienes a México en el 2005,
del cual el 42 por ciento fue exportado desde Tejas.
Sólo el 15 por ciento provino de California.
En general, las exportaciones de Tejas crecieron cerca
del 4 por ciento en el segundo trimestre de este año,
seguido por el 5 por ciento de crecimiento en el primer
trimestre. Tejas es ahora el estado exportador más
grande en los Estados Unidos, y en gran parte es gracias
a México.
En gran parte de su historia,
la economía de Tejas ha crecido más rápido
que los Estados Unidos y así se mantiene hasta
ahora. México contribuye a esto y también
se beneficia de esto.
Incluso si todos los signos apuntan
a un freno en la economía estadounidense, Tejas
se mantiene como estrella fugaz. En el 2005, el producto
estatal bruto de Tejas aumentó a una tasa del
4.3 por ciento, en comparación con el 3.2 por
ciento de crecimiento de PIB para los Estados Unidos.
Estamos creando trabajos dos veces más rápido
que el resto del país. El crecimiento del empleo
en Tejas se ha dispersado a lo largo de varios sectores
con casi todos ellos superando a sus homólogos
nacionales.
El hecho significativo para México
es que la industria de la construcción en Tejas
se está haciendo cada vez más fuerte.
En el primer trimestre del 2005, nuestros empleos en
la construcción crecieron a un paso asombroso
del 11.5 por ciento, seguidos por el 3.4 por ciento
en el segundo trimestre. Los últimos datos de
julio y agosto sugieren una tasa anual del 9.4 por ciento.
Comparen estas tasas de crecimiento al 4.3 por ciento
en la industria de la construcción del resto
del país en el primer trimestre—básicamente
no ha crecido más desde entonces.
A medida que los mercados de bienes
y raíces sufren un ajuste en los precios a lo
largo del país, nuestros mercados no se han desacelerado
tanto. En general, las ventas de viviendas todavía
no tienen tendencia a la baja en Tejas. Estamos conscientes
del aumento en la cartera vencida que los tejanos están
acumulando en sus hipotecas. Una parte se debe a un
exceso de demanda de los productos creativos de financiamiento
de los que hablé hace unos minutos; la mayoría
de debe al resultado de un alto endeudamiento en conjunto
con una caída de las tasas de apreciación.
Nosotros sí tenemos una alza en el inventario
de nuevas viviendas a la venta, pero el mercado de vivienda
existente se mantiene sano, con incrementos en las ventas
y algunas ganancias modestas en los precios.
En conjunto, la producción
industrial de los Estados Unidos mostró una tasa
de crecimiento anual del 4.6 por ciento en la última
cuenta. Como podrán ver cuando publiquemos la
Encuesta sobre el Pronóstico de la Manufactura
(Manufacturing Outlook Survey) del Fed de Dallas,
poco después de que yo concluya mi discurso,
la actividad manufacturera de Tejas se mantiene fuerte,
con las condiciones generales de comercio y los gastos
planificados de capital que continúan mejorando.
Muchas industrias están reportando un aumento
en la producción y sanos volúmenes y utilización
de su capacidad de producción, a pesar de ser
un poco menores de lo que vimos el mes pasado. Esto
debería animarlos, en particular, porque implica
la continua prosperidad para el sector maquilador de
México. El empleo en las maquiladoras a nivel
nacional creció a un ritmo anualizado del 9.4
por ciento en junio pasado, agregando 37,800 empleo
por encima del año pasado, con un ritmo aún
mas impresionante en las ciudades que colindan con Tejas.
Estimados amigos, me da mucho
gusto estar aquí en Monterrey acompañado
por ustedes. Gracias por la oportunidad de hablarles
sobre las economías de nuestros países.
Como ya saben, México tiene un lugar muy especial
en mi corazón. Y yo estoy seguro de que, apoyándonos
unos a otros, juntos podremos lograr un gran futuro.
Como miembro del Comité Federal de Operaciones
de Mercado Abierto de los Estados Unidos, espero poder
trabajar con el Banco de México y con todos ustedes,
para asegurar un mejor futuro para nuestros hijos, tanto
mexicanos como tejanos y americanos. Gracias por su
paciencia.
| Sobre
el autor
Richard W. Fisher
es el presidente y CEO del Banco de la reserva
federal de Dallas. |
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