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Version para imprimirInforme Anual 2005 —Banco de la Reserva Federal de Dallas

Hacia una economía global

La globalización no es algo nuevo. El antiguo Camino de la Seda, una ruta de 6.437 kilómetros que se extiende desde el Mar Mediterráneo hasta el Imperio Chino, era uno de los primeros canales del comercio internacional. En el siglo 19, época de rápida industrialización, los barcos de vapor, los ferrocarriles, los telégrafos y otros avances en la comunicación y el comercio encendieron una vigorosa secuencia de integración económica mundial.

Estos períodos precursores de la globalización no pudieron sostenerse. La arena del desierto se tragó el Camino de la Seda en el siglo 15. La gran globalización del siglo 19 retrocedió de golpe ya que el comercio y la inversión extranjera se derrumbaron al enfrentar dos guerras mundiales y el proteccionismo extendido de la década de los años 30. El retiro de la actividad económica detrás de las fronteras hizo del mundo un lugar mucho más pobre.

El episodio presente tiene sus raíces en los años que siguieron a la segunda guerra mundial, cuando los Estados Unidos y otras naciones, conscientes de la adversidad causada por el colapso de la globalización anterior, abrieron sus economías. Desde entonces, la globalización ha cobrado impulso a medida que los países han prosperado al librar sus economías de las restricciones que impiden mayor integración con el resto del mundo. (Consulte el Cuadro 6 .)

Las economías pueden crecer sin políticas buenas-por un tiempo. Considere China. Aunque ahora es más libre que antes, su economía conserva los vestigios de su pasado dominado por el estado. El puntaje en muchas de las medidas políticas sigue siendo bajo. En cuanto a la flexibilidad laboral, por ejemplo, China está al mismo nivel con Perú y Venezuela, muy por debajo de los Estados Unidos.

A pesar de estas desventajas, China ha podido crecer rápidamente, en gran parte debido a la mano de obra barata y abundante que alimenta las exportaciones y la inversión extranjera. Pero el país permanece relativamente pobre, y sus políticas rígidas-si no cambian-finalmente impedirán el desarrollo económico.

Los países que se resistan a la exigencia de adaptabilidad de la globalización y mantengan estructuras económicas rígidas, probablemente pierdan terreno. Alemania, Francia e Italia, por ejemplo, han visto al producto interno bruto (PIB) per cápita decaer hasta donde estaba en los años 70 en relación con el nivel de los Estados Unidos.

La historia enseña esta lección: la Globalización es natural, pero no es inevitable.

Las economías trabajan más de cerca debido a las poderosas fuerzas renombradas desde el tiempo de Adam Smith-el interés personal y la libertad económica. Si se les deja actuar por su cuenta, las compañías y los individuos generalmente negociarán con cualquiera que ofrezca el mejor negocio, sin importar nacionalidad.

A través de literalmente miles de millones de transacciones diversas, las economías se interconectarán y se entrelazarán en la medida que los gobiernos se abstengan de construir barreras al comercio o de adoptar políticas que paralizan el comercio transfronterizo.

Si las naciones pueden evitar errores pasados, nuestros tiempos están listos para globalización adicional. La Internet y otras tecnologías han permitido que la telecomunicación, el viajar y el transporte sean más baratos y rápidos. Estos permiten que las compañías y los individuos tomen mayor provecho de la tendencia hacia políticas más abiertas y enfocadas en el mercado que favorecen la globalización.

Algunos resistirán, por temor a la inevitable perturbación que sigue el abrirse al mundo. Cuando los críticos piden aislamiento y proteccionismo, debemos recordar esto: Los dos períodos de globalización más recientes-el que comenzó en el siglo 19 y el nuestro-han sido marcados por un crecimiento económico rápido, grandes avances en tecnología y niveles de vida enormemente mejorados. El rechazo generalizado de la apertura económica entre las dos globalizaciones trajo las miserias de la guerra mundial y la Gran Depresión.

Para América, la globalización posee promesa y responsabilidad. Nuestra economía de $13 billones, la más grande del mundo con mucho, saca buenos puntajes año tras año en estudios de competitividad. A diferencia de Japón y Alemania, no hemos paralizado nuestro sistema con reglamentos laborales excesivos que le roban a sector privado su flexibilidad y adaptabilidad.

Somos expertos en tecnología. Empleamos trabajadores hábiles, acrecentados con los mejores y más brillantes trabajadores del mundo. Somos ricos en talento administrativo-millones de profesionales capaces, dedicados que diariamente enfrentan los desafíos de una economía mundial interconectada.

Los Estados Unidos está en condiciones de prosperar en un mundo más globalizado. La economía más grande del mundo puede dirigir con su ejemplo para ayudar a fomentar un consenso sobre mercados abiertos. Si nos entregamos a políticas que desbaratan la globalización, otras naciones pueden hacer lo mismo, y será una carrera por llegar último. Si nuestro país muestra el camino hacia la globalización, otros seguirán en una carrera por llegar a la cima.

 

Cuadro 6
Más ricos y más libres

El último cuarto de siglo ha traído un repentino aumento de libertad económica a medida que las naciones en todas partes del mundo han abandonado muchas restricciones en el sector privado. La adopción de políticas de mercado libre ha llevado a la mejora de niveles de vida, al ser medidos por ingresos per cápita.

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Este capítulo en inglés
Una carta del Presidente
La Carrera hacia la cima: Cómo la competencia global disciplina la política pública
Reduciendo el mordisco de la inflación
Abierto al comercio
Restricciones al mercado de trabajo
Fiscalmente ineptos
Hacia una economía global
Reconocimientos, notas de los cuadros, fuentes de datos y créditos de las fotografías
Misión crítica: El lado comercial del banco central