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Version para imprimirInforme Anual 2004 —Banco de la Reserva Federal de Dallas

En el lado de la oferta: Haciendo de América un lugar más inteligente

Las imágenes icónicas de escuelas en la pradera de una habitación, las clases ruidosas de la vecindad y las universidades cubiertas de hiedra contradicen el hecho de que los Estados Unidos surgió como una superpotencia económica sin una arrolladora inteligencia.

Para la mayor parte de la historia de la nación, los americanos en su mayoría fueron autodidactas, como mucho. En 1940, solamente un cuarto de la población en sus primeros años laborales se habían graduado de la preparatoria y 5 por ciento contaba con títulos universitarios. Tan recientemente como 1965, la mitad de los trabajadores estadounidenses todavía carecían de un diploma de preparatoria. (Consulte el Cuadro 4.)

Ahora somos mucho más educados. Los índices de graduaciones de nivel preparatoria y universitario son en todo momento altos. Las tasas de alumnos que abandonan sus estudios han decaído a tasas récord muy bajas. Los americanos han dedicado mucho tiempo, esfuerzo y dinero a la educación—no es sorprendente, dado que las recompensas del aprendizaje son grandes y consistentes.

A través de los años, hemos construido una amplia infraestructura para ofrecer el conocimiento vital para nuestra economía sofisticada y creciente. La oferta de actividades de aprendizaje surgió en respuesta a la demanda, expresada a través de ambos, los mercados privados y el proceso político.

Los niños comienzan a aprender en la casa—y en el mundo que los rodea—el día que nacen. Los recursos de aprendizaje formal de América comienzan con el sistema educativo—los programas preescolares y los colegios de educación primaria, secundaria y preparatoria, colegios universitarios municipales, universidades y escuelas profesionales que atienden primordialmente a las personas más jóvenes. Las escuelas son públicas, privadas, establecidas de acuerdo con los estatutos del Estado y aquellas que funcionan desde la casa. En 2003, la matriculación desde el colegio de párvulos hasta escuelas de postgrado alcanzó cerca de 70 millones—un cuarto de la población de los Estados Unidos.

En términos del tiempo que se pasa en el colegio, los Estados Unidos clasifica como una de las naciones más educadas del mundo, un promedio de 12.3 años por persona. En términos de graduados universitarios, también encabeza la lista con un 28 por ciento de la población de 25 años y más.

El conocimiento no viene de gratis. Los Estados Unidos es uno de los países del mundo que más gasta en educación, con niveles de $11,480 por estudiante en educación pública y privada a todos los niveles.

Millones de americanos también aprenden a través de la capacitación militar y escuelas vocacionales que enseñan todo, desde computación, hasta artes culinarias. El Internet pone una asombrosa cantidad de información en la punta de los dedos, al proporcionar oportunidades para la instrucción autodidacta. En 2003, 2.6 millones de estudiantes norteamericanos tomaron cursos universitarios en línea.

Las personas también aprenden más adelante en la vida a través de la educación para adultos. La mitad de los trabajadores de más de 16 años tomó cursos relacionados con el trabajo en 2001, un testimonio del impulso americano para el éxito. La participación fue la más alta entre los trabajadores con más años de educación formal. Ellos también ganaron más, lo que sugiere que una paga más alta aumenta el incentivo para aprender.

La mayor parte de las empresas ofrecen algún tipo de capacitación para desarrollar las habilidades de los empleados en computadoras, administración, comunicación y otras áreas. En 2004, el gasto empresarial por trabajador en educación dentro de la organización alcanzó $370, comparado con $52 de hace dos décadas. Una industria creciente ofrece a las empresas instructores y asesores externos que proporcionan conceptos y técnicas probadas a los programas de educación en el trabajo.

Desde los colegios de párvulos hasta la educación adulta, los americanos están ocupados aumentando su conocimiento. Nuestros esfuerzos han ayudado a forjar una fuerza laboral excelente, pero una economía del siglo XXI, demandará aún más.

El reto comienza con nuestras escuelas. Durante décadas, los estudios han mostrado que los estudiantes americanos están rezagados académicamente hablando, con respecto a sus contrapartes en el extranjero. El último estudio de 29 países, realizado por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, publicado en 2003, ubicó a los americanos de 15 años en el 24avo. lugar en matemáticas, 24avo. en resolución de problemas, 19avo. lugar en ciencias y 15avo. en lectura.

Quizás lo más alarmante sea que a los estudiantes americanos les va peor mientras pasan más tiempo en la escuela. Los estudiantes de cuarto grado de primaria clasifican como los mejores en las pruebas internacionales. Ya por el octavo grado, los estudiantes han bajado a la mitad, pero al menos puntean arriba del promedio internacional en matemáticas y ciencias. En el último año de preparatoria, el rendimiento de los estudiantes norteamericanos baja dramáticamente, cayendo bastante abajo del promedio internacional en estas dos materias. (Consulte el Cuadro 5.)

Estos resultados regulares son más evidentes porque los Estados Unidos gastan mucho dinero en educación. La República Checa, con solo una tercera parte de los recursos financieros para escuelas secundarias, produce estudiantes cuyas pruebas califican igual que los americanos. Australia, Canadá, Finlandia, Japón, Corea del Sur y otros países obtienen mejor calidad educativa, según las calificaciones de las pruebas, por menos gastos por estudiante.

Las escuelas norteamericanas pueden tener fortalezas que las pruebas internacionales fallan en detectar, pero la información en los temas fundamentales sugiere una dura lección. Los Estados Unidos tienen cantidad en educación, encabezando al mundo en años de escolaridad, pero se encuentran rezagados con respecto a otros países en calidad.

Vuelva a consultar el Cuadro 3, que muestra cómo los años de educación y la libertad económica impactan el PIB per cápita. Los Estados Unidos se ubican bajo la línea verde que refleja a sus colegas de los países económicamente más libres. ¿Cómo puede ser esto posible? América clasifica arriba del promedio en dicho grupo, tanto en educación, como en libertad económica.

La respuesta reside en otros factores que influencian el PIB. A los países con recursos naturales abundantes tiende a irles mejor que al estándar para su grupo. Los productores de petróleo, Irán y Venezuela por ejemplo, se ubican bastante arriba de la línea de los países menos libres. El turismo puede proporcionar un estímulo económico similar, indicando por qué España, Italia, Grecia y Portugal se ubican mejor que sus colegas en los índices de libertad.

Ahora considere a Japón, un país más eficiente que la mayoría en la transformación de la educación en ingresos. Japón es un importador de petróleo y un gran exportador de turismo. De manera que no es superior por las mismas razones que Venezuela o España. Los estudiantes del Japón, sin embargo, se desempeñan bien en las pruebas internacionales, lo que indica un alto grado de capacidad en la clase. La calidad educativa, contrariamente a los años en la escuela, parece ser otro factor clave en la generación del PIB.

La calidad educativa podría ser un factor por el cual los Estados Unidos se ubican bajo la línea verde. No hay datos disponibles para comparar los punteos de las pruebas para todos los 108 países en el Cuadro 3. Los puntos de ciencias y matemáticas solamente existen para cerca de 20 países, sobre todo de la OECD (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Estos datos indican que si se suben los resultados de las pruebas de los Estados Unidos al promedio de la OECD, podría incrementar el PIB per capita de América de $4,600 a $5,200 anuales. El mejorar la calidad educativa podría producir mayores ganancias para los Estados Unidos.

Los americanos están conscientes de sus deficiencias educativas. La educación ha sido un tema primordial desde al menos 1983, cuando la Comisión Nacional de Excelencia en Educación publicó el electrizante estudio A Nation at Risk: The Imperative for Educational Reform. (Una nación en riesgo: la necesidad imperativa de una reforma educativa).

El debate nacional en educación ha dado inicio a reformas desde Washington hasta en nivel local. Las iniciativas incluyen clases equipadas con computadoras, instrucción de regreso a lo básico y pruebas estandarizadas rigurosas.

Hemos tratado con más dinero y más maestros. En las escuelas primarias, secundarias y preparatorias, los gastos por estudiante han subido en términos reales de $4,616 en 1980 a $8,416 en 2002. La razón de estudiantes y maestros bajó de 27 en 1955 a 18.6 en 1980 y a 16.1 en 2002. Aún así, las escuelas americanas no son lo que deberían ser—excepto a nivel universitario.

Los Estados Unidos se distinguen por sí mismos en la educación superior. En el ranking de las 200 mejores instituciones del mundo en educación superior del Times de Londres para el año 2004, los Estados Unidos abarcó 62 puestos, incluyendo los primeros cuatro y siete de los 10 mejores. En segundo lugar se ubicó Gran Bretaña con 30 escuelas.

En el nivel universitario, los estudiantes son libres de emitir un veredicto sobre la calidad por sí mismos. Los colegios universitarios estatales y universidades de América matricularon a 586,000 estudiantes extranjeros en 2003, más que el segundo y tercer lugares en conjunto (Gran Bretaña y Alemania).

La calidad de la educación superior de los americanos contrasta notoriamente con nuestro desempeño declinante en las escuelas primarias, secundarias y preparatorias. Una razón importante es la competencia. Los estudiantes universitarios son ambulantes y por más de un siglo, tanto las instituciones públicas como privadas han competido por estudiantes sin importar en donde viven.

Hay poca competencia en la educación primaria, secundaria y preparatorias, en donde imperan las escuelas públicas. Los estudiantes no tienen la libertad para escoger entre los productores de educación—a menos que sus familias puedan costear el mudarse a distritos con mejores escuelas o gastar miles de dólares en escuelas privadas. Y muchos padres hacen estos sacrificios, mostrando el alto valor que los americanos dan a la educación.

Algunos economistas apoyan el incluir competencia y elección del consumidor en la educación, un enfoque que el ganador del Premio Nóbel Milton Friedman promueve en Capitalism and Freedom (Capitalismo y libertad) (1962) y Free to Choose (Libres para escoger) (1980).

La idea de Friedman de aplicar los principios del mercado a la educación ha ganado adeptos durante décadas, particularmente entre los economistas de la libertad de empresa. Ellos argumentan que despojar a las escuelas públicas de su poder de monopolio podría estimular la calidad y promover la innovación, tal como se hace en el sector privado. Aún así, la sociedad podría mantener la educación con fondos públicos, pero los padres podrían tener una oportunidad de elegir lo que sea mejor para sus hijos. Ellos evitarían las escuelas malas y favorecerían las buenas. La calidad promedio mejoraría a medida que las escuelas mejores aumentaran y cubrieran la demanda y las peores mejoraran o se retiraran.

Los programas piloto que ofrecen competencia entre las escuelas generalmente han mostrado resultados positivos en Milwaukee, Cleveland, Nueva York, Dayton y otras ciudades. [3] Pero la idea permanece para la mayor parte no probada a gran escala. Muchos educadores se muestran escépticos con el enfoque de Friedman, al manifestar que las escuelas no son lo mismo que los carros, televisores u otros bienes de consumo. Los mandatos del Gobierno, la desigualdad económica, la inestabilidad de la comunidad y otros asuntos complican el acto de “comprar” educación.

Aún los que apoyan este punto de vista coinciden en que la disciplina del mercado no constituye un milagro. La competencia no es efectiva sin información. Los mercados funcionan mejor cuando los consumidores reciben datos correctos y en tiempo acerca del producto, desempeño y precio. Aún con buena información, las escuelas no pueden competir con una camisa de fuerza. La sociedad puede establecer estándares amplios, pero las escuelas se pueden adaptar mejor a las necesidades de los estudiantes cuando están lo más libre posible de las regulaciones masivas.

Muchos americanos están trabajando en mejorar nuestras escuelas, pero la educación formal por sí misma no proporcionará la fuerza laboral que necesitamos para una economía que se fundamenta en el conocimiento. Más americanos necesitan desarrollar un hábito de aprendizaje cada día.

No estamos ahí todavía, aun cuando muchos americanos están buscando activamente alcanzar el conocimiento en el trabajo. Podríamos hacer más en el trabajo. Solo por esta vez, estamos disfrutando una de las verdaderas bendiciones del capitalismo americano—más tiempo libre. Aquellos de nosotros que nos esforzamos por estar a la vanguardia, podemos utilizar algo de este tiempo para prepararnos mejor para una era de competencia global y trabajos que se basan en el conocimiento.

Muchos de nosotros no lo estamos haciendo. El típico americano entre 25 a 34 años utiliza dos horas, 20 minutos al día para ver televisión, pero solamente 17 minutos en actividades educativas. El esfuerzo por aprender disminuye dramáticamente a medida que envejecemos.

Los Estados Unidos ofrecen muchas maneras de aprender—en el trabajo o por nuestra propia cuenta. Pero muchos americanos no lo están aprovechando al máximo.

Cuadro 4
Una América instruida: Un fenómeno relativamente reciente

Las recompensas económicas han llevado a los americanos a buscar más educación. Con cada década, un porcentaje menor de la población ha desertado antes de finalizar sus estudios preparatorios, mientras una mayor proporción ha asistido a la universidad. Hoy, más de la mitad de los americanos tiene al menos algún tipo de educación superior a la preparatoria.

Chart: Education levels per percentage of population age 25 and over from 1944 to 2004


Cuadro 5
Dólares en educación: No obtiene suficiente por su dinero

Los estudiantes americanos pierden terreno.
En las pruebas internacionales de matemáticas y ciencias, el desempeño relativo de los estudiantes americanos se deteriora a medida que avanzan del cuarto grado al octavo grado al último año de preparatoria. Al final de la preparatoria, han caído cerca del punto más bajo del logro académico.

Chart: U.S. rank, percentile in math and science, 4th through 12th grade

…A pesar de los fuertes desembolsos para la educación
La clasificación de América se acerca al punto más alto en los desembolsos por estudiante en la educación preparatoria, pero está rezagada en matemáticas, ciencias y lectura para los estudiantes de 15 años. La línea sólida indica la relación positiva entre el desembolso y los resultados de las pruebas. Los Estados Unidos y los otros países debajo de la misma están desempeñándose a un nivel bajo.

Chart: Average of math, science and reading scores vs. expenditure per student in 2000

La docencia obtiene la menor parte del dinero
A través del tiempo, una menor parte del presupuesto de educación de América se ha destinado a la docencia y una mayor parte a la administración. Cuantificaciones recientes muestran que la porción de la docencia disminuyó a niveles nunca vistos del 52 por ciento, resultado de un descenso gradual y continuo que comenzó en 1970.

Chart: Instruction as a percentage of educational spending, 1920-2000

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