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En el lado de la oferta: Haciendo
de América un lugar más inteligente
Las imágenes icónicas
de escuelas en la pradera de una habitación,
las clases ruidosas de la vecindad y las universidades
cubiertas de hiedra contradicen el hecho de que los
Estados Unidos surgió como una superpotencia
económica sin una arrolladora inteligencia.
Para la mayor parte de la
historia de la nación, los americanos en su mayoría
fueron autodidactas, como mucho. En 1940, solamente
un cuarto de la población en sus primeros años
laborales se habían graduado de la preparatoria
y 5 por ciento contaba con títulos universitarios.
Tan recientemente como 1965, la mitad de los trabajadores
estadounidenses todavía carecían de un
diploma de preparatoria. (Consulte el Cuadro
4.)
Ahora somos mucho más
educados. Los índices de graduaciones de nivel
preparatoria y universitario son en todo momento altos.
Las tasas de alumnos que abandonan sus estudios han
decaído a tasas récord muy bajas. Los
americanos han dedicado mucho tiempo, esfuerzo y dinero
a la educación—no es sorprendente, dado
que las recompensas del aprendizaje son grandes y consistentes.
A través de los años,
hemos construido una amplia infraestructura para ofrecer
el conocimiento vital para nuestra economía sofisticada
y creciente. La oferta de actividades de aprendizaje
surgió en respuesta a la demanda, expresada a
través de ambos, los mercados privados y el proceso
político.
Los niños comienzan
a aprender en la casa—y en el mundo que los rodea—el
día que nacen. Los recursos de aprendizaje formal
de América comienzan con el sistema educativo—los
programas preescolares y los colegios de educación
primaria, secundaria y preparatoria, colegios universitarios
municipales, universidades y escuelas profesionales
que atienden primordialmente a las personas más
jóvenes. Las escuelas son públicas, privadas,
establecidas de acuerdo con los estatutos del Estado
y aquellas que funcionan desde la casa. En 2003, la
matriculación desde el colegio de párvulos
hasta escuelas de postgrado alcanzó cerca de
70 millones—un cuarto de la población de
los Estados Unidos.
En términos del tiempo
que se pasa en el colegio, los Estados Unidos clasifica
como una de las naciones más educadas del mundo,
un promedio de 12.3 años por persona. En términos
de graduados universitarios, también encabeza
la lista con un 28 por ciento de la población
de 25 años y más.
El conocimiento no viene
de gratis. Los Estados Unidos es uno de los países
del mundo que más gasta en educación,
con niveles de $11,480 por estudiante en educación
pública y privada a todos los niveles.
Millones de americanos también
aprenden a través de la capacitación militar
y escuelas vocacionales que enseñan todo, desde
computación, hasta artes culinarias. El Internet
pone una asombrosa cantidad de información en
la punta de los dedos, al proporcionar oportunidades
para la instrucción autodidacta. En 2003, 2.6
millones de estudiantes norteamericanos tomaron cursos
universitarios en línea.
Las personas también
aprenden más adelante en la vida a través
de la educación para adultos. La mitad de los
trabajadores de más de 16 años tomó
cursos relacionados con el trabajo en 2001, un testimonio
del impulso americano para el éxito. La participación
fue la más alta entre los trabajadores con más
años de educación formal. Ellos también
ganaron más, lo que sugiere que una paga más
alta aumenta el incentivo para aprender.
La mayor parte de las empresas
ofrecen algún tipo de capacitación para
desarrollar las habilidades de los empleados en computadoras,
administración, comunicación y otras áreas.
En 2004, el gasto empresarial por trabajador en educación
dentro de la organización alcanzó $370,
comparado con $52 de hace dos décadas. Una industria
creciente ofrece a las empresas instructores y asesores
externos que proporcionan conceptos y técnicas
probadas a los programas de educación en el trabajo.
Desde
los colegios de párvulos hasta la educación
adulta, los americanos están ocupados aumentando
su conocimiento. Nuestros esfuerzos han ayudado a forjar
una fuerza laboral excelente, pero una economía
del siglo XXI, demandará aún más.
El reto comienza con nuestras
escuelas. Durante décadas, los estudios han mostrado
que los estudiantes americanos están rezagados
académicamente hablando, con respecto a sus contrapartes
en el extranjero. El último estudio de 29 países,
realizado por la Organización para la Cooperación
y Desarrollo Económico, publicado en 2003, ubicó
a los americanos de 15 años en el 24avo. lugar
en matemáticas, 24avo. en resolución de
problemas, 19avo. lugar en ciencias y 15avo. en lectura.
Quizás lo más
alarmante sea que a los estudiantes americanos les va
peor mientras pasan más tiempo en la escuela.
Los estudiantes de cuarto grado de primaria clasifican
como los mejores en las pruebas internacionales. Ya
por el octavo grado, los estudiantes han bajado a la
mitad, pero al menos puntean arriba del promedio internacional
en matemáticas y ciencias. En el último
año de preparatoria, el rendimiento de los estudiantes
norteamericanos baja dramáticamente, cayendo
bastante abajo del promedio internacional en estas dos
materias. (Consulte el Cuadro 5.)
Estos resultados regulares
son más evidentes porque los Estados Unidos gastan
mucho dinero en educación. La República
Checa, con solo una tercera parte de los recursos financieros
para escuelas secundarias, produce estudiantes cuyas
pruebas califican igual que los americanos. Australia,
Canadá, Finlandia, Japón, Corea del Sur
y otros países obtienen mejor calidad educativa,
según las calificaciones de las pruebas, por
menos gastos por estudiante.
Las escuelas norteamericanas
pueden tener fortalezas que las pruebas internacionales
fallan en detectar, pero la información en los
temas fundamentales sugiere una dura lección.
Los Estados Unidos tienen cantidad en educación,
encabezando al mundo en años de escolaridad,
pero se encuentran rezagados con respecto a otros países
en calidad.
Vuelva a consultar el Cuadro
3, que muestra cómo los años de educación
y la libertad económica impactan el PIB per cápita.
Los Estados Unidos se ubican bajo la línea verde
que refleja a sus colegas de los países económicamente
más libres. ¿Cómo puede ser esto
posible? América clasifica arriba del promedio
en dicho grupo, tanto en educación, como en libertad
económica.
La respuesta reside en otros factores
que influencian el PIB. A los países con recursos
naturales abundantes tiende a irles mejor que al estándar
para su grupo. Los productores de petróleo, Irán
y Venezuela por ejemplo, se ubican bastante arriba de
la línea de los países menos libres. El
turismo puede proporcionar un estímulo económico
similar, indicando por qué España, Italia,
Grecia y Portugal se ubican mejor que sus colegas en
los índices de libertad.
Ahora considere a Japón,
un país más eficiente que la mayoría
en la transformación de la educación en
ingresos. Japón es un importador de petróleo
y un gran exportador de turismo. De manera que no es
superior por las mismas razones que Venezuela o España.
Los estudiantes del Japón, sin embargo, se desempeñan
bien en las pruebas internacionales, lo que indica un
alto grado de capacidad en la clase. La calidad educativa,
contrariamente a los años en la escuela, parece
ser otro factor clave en la generación del PIB.
La calidad educativa podría
ser un factor por el cual los Estados Unidos se ubican
bajo la línea verde. No hay datos disponibles
para comparar los punteos de las pruebas para todos
los 108 países en el Cuadro
3. Los puntos de ciencias y matemáticas solamente
existen para cerca de 20 países, sobre todo de
la OECD (Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económico). Estos datos indican
que si se suben los resultados de las pruebas de los
Estados Unidos al promedio de la OECD, podría
incrementar el PIB per capita de América de $4,600
a $5,200 anuales. El mejorar la calidad educativa podría
producir mayores ganancias para los Estados Unidos.
Los americanos están conscientes
de sus deficiencias educativas. La educación
ha sido un tema primordial desde al menos 1983, cuando
la Comisión Nacional de Excelencia en Educación
publicó el electrizante estudio A Nation
at Risk: The Imperative for Educational Reform.
(Una nación en riesgo: la necesidad imperativa
de una reforma educativa).
El debate nacional en educación
ha dado inicio a reformas desde Washington hasta en
nivel local. Las iniciativas incluyen clases equipadas
con computadoras, instrucción de regreso a lo
básico y pruebas estandarizadas rigurosas.
Hemos tratado con más dinero
y más maestros. En las escuelas primarias, secundarias
y preparatorias, los gastos por estudiante han subido
en términos reales de $4,616 en 1980 a $8,416
en 2002. La razón de estudiantes y maestros bajó
de 27 en 1955 a 18.6 en 1980 y a 16.1 en 2002. Aún
así, las escuelas americanas no son lo que deberían
ser—excepto a nivel universitario.
Los Estados Unidos se distinguen
por sí mismos en la educación superior.
En el ranking de las 200 mejores instituciones del mundo
en educación superior del Times de Londres para
el año 2004, los Estados Unidos abarcó
62 puestos, incluyendo los primeros cuatro y siete de
los 10 mejores. En segundo lugar se ubicó Gran
Bretaña con 30 escuelas.
En el nivel universitario, los
estudiantes son libres de emitir un veredicto sobre
la calidad por sí mismos. Los colegios universitarios
estatales y universidades de América matricularon
a 586,000 estudiantes extranjeros en 2003, más
que el segundo y tercer lugares en conjunto (Gran Bretaña
y Alemania).
La calidad de la educación
superior de los americanos contrasta notoriamente con
nuestro desempeño declinante en las escuelas
primarias, secundarias y preparatorias. Una razón
importante es la competencia. Los estudiantes universitarios
son ambulantes y por más de un siglo, tanto las
instituciones públicas como privadas han competido
por estudiantes sin importar en donde viven.
Hay poca competencia en la educación
primaria, secundaria y preparatorias, en donde imperan
las escuelas públicas. Los estudiantes no tienen
la libertad para escoger entre los productores de educación—a
menos que sus familias puedan costear el mudarse a distritos
con mejores escuelas o gastar miles de dólares
en escuelas privadas. Y muchos padres hacen estos sacrificios,
mostrando el alto valor que los americanos dan a la
educación.
Algunos economistas apoyan el
incluir competencia y elección del consumidor
en la educación, un enfoque que el ganador del
Premio Nóbel Milton Friedman promueve en Capitalism
and Freedom (Capitalismo y libertad) (1962) y Free
to Choose (Libres para escoger) (1980).
La idea de Friedman de aplicar
los principios del mercado a la educación ha
ganado adeptos durante décadas, particularmente
entre los economistas de la libertad de empresa. Ellos
argumentan que despojar a las escuelas públicas
de su poder de monopolio podría estimular la
calidad y promover la innovación, tal como se
hace en el sector privado. Aún así, la
sociedad podría mantener la educación
con fondos públicos, pero los padres podrían
tener una oportunidad de elegir lo que sea mejor para
sus hijos. Ellos evitarían las escuelas malas
y favorecerían las buenas. La calidad promedio
mejoraría a medida que las escuelas mejores aumentaran
y cubrieran la demanda y las peores mejoraran o se retiraran.
Los programas piloto que ofrecen
competencia entre las escuelas generalmente han mostrado
resultados positivos en Milwaukee, Cleveland, Nueva
York, Dayton y otras ciudades. [3]
Pero la idea permanece para la mayor parte no probada
a gran escala. Muchos educadores se muestran escépticos
con el enfoque de Friedman, al manifestar que las escuelas
no son lo mismo que los carros, televisores u otros
bienes de consumo. Los mandatos del Gobierno, la desigualdad
económica, la inestabilidad de la comunidad y
otros asuntos complican el acto de “comprar”
educación.
Aún los que apoyan este
punto de vista coinciden en que la disciplina del mercado
no constituye un milagro. La competencia no es efectiva
sin información. Los mercados funcionan mejor
cuando los consumidores reciben datos correctos y en
tiempo acerca del producto, desempeño y precio.
Aún con buena información, las escuelas
no pueden competir con una camisa de fuerza. La sociedad
puede establecer estándares amplios, pero las
escuelas se pueden adaptar mejor a las necesidades de
los estudiantes cuando están lo más libre
posible de las regulaciones masivas.
Muchos americanos están
trabajando en mejorar nuestras escuelas, pero la educación
formal por sí misma no proporcionará la
fuerza laboral que necesitamos para una economía
que se fundamenta en el conocimiento. Más americanos
necesitan desarrollar un hábito de aprendizaje
cada día.
No estamos ahí todavía,
aun cuando muchos americanos están buscando activamente
alcanzar el conocimiento en el trabajo. Podríamos
hacer más en el trabajo. Solo por esta vez, estamos
disfrutando una de las verdaderas bendiciones del capitalismo
americano—más tiempo libre. Aquellos de
nosotros que nos esforzamos por estar a la vanguardia,
podemos utilizar algo de este tiempo para prepararnos
mejor para una era de competencia global y trabajos
que se basan en el conocimiento.
Muchos de nosotros no lo estamos
haciendo. El típico americano entre 25 a 34 años
utiliza dos horas, 20 minutos al día para ver
televisión, pero solamente 17 minutos en actividades
educativas. El esfuerzo por aprender disminuye dramáticamente
a medida que envejecemos.
Los Estados Unidos ofrecen
muchas maneras de aprender—en el trabajo o por
nuestra propia cuenta. Pero muchos americanos no lo
están aprovechando al máximo.
| Cuadro
4
Una América instruida:
Un fenómeno relativamente reciente
Las recompensas económicas
han llevado a los americanos a buscar más
educación. Con cada década, un porcentaje
menor de la población ha desertado antes
de finalizar sus estudios preparatorios,
mientras una mayor proporción ha asistido
a la universidad. Hoy, más de la mitad de
los americanos tiene al menos algún tipo
de educación superior a la preparatoria.

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| Cuadro
5
Dólares en educación:
No obtiene suficiente por su dinero
Los estudiantes
americanos pierden terreno.
En las pruebas internacionales de matemáticas
y ciencias, el desempeño relativo de los
estudiantes americanos se deteriora a medida
que avanzan del cuarto grado al octavo grado
al último año de preparatoria. Al final
de la preparatoria, han caído cerca del
punto más bajo del logro académico.

…A pesar
de los fuertes desembolsos para la educación
La clasificación de América
se acerca al punto más alto en los
desembolsos por estudiante en la educación
preparatoria, pero está rezagada
en matemáticas, ciencias y lectura
para los estudiantes de 15 años.
La línea sólida indica la
relación positiva entre el desembolso
y los resultados de las pruebas. Los Estados
Unidos y los otros países debajo
de la misma están desempeñándose
a un nivel bajo.

La docencia
obtiene la menor parte del dinero
A través del tiempo, una menor parte
del presupuesto de educación de América
se ha destinado a la docencia y una mayor
parte a la administración. Cuantificaciones
recientes muestran que la porción
de la docencia disminuyó a niveles
nunca vistos del 52 por ciento, resultado
de un descenso gradual y continuo que comenzó
en 1970.

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