| Obteniendo
lo mejor del capital intelectual

El conocimiento no alimentaba
la economía de América en el pasado. La
Edad industrial prosperó en base al dominio del
hombre sobre las máquinas. La mayor parte del
trabajo requería mano de obra continua para hacer
funcionar el equipo de las fábricas y las mentes
estaban enfocadas en dichas tareas repetitivas como
medir y contar.
Una educación básica—lectura,
escritura y aritmética—era suficiente para
la mayor parte de trabajos. A lo largo de las carreras
de los trabajadores, los trabajos cambiaban poco, de
manera que los talentos adquiridos en la juventud generalmente
servían hasta el retiro. El aprendizaje continuo
no importaba tanto.
América ha dejado la Era
industrial atrás. El trabajo industrial se realiza
cada vez más en otros países; mucho de
lo que queda en los Estados Unidos es altamente técnico,
valiéndose más en mentes agudas que en
manos ágiles.
Hoy los servicios dominan el ámbito
laboral de los Estados Unidos, proporcionando el 80
por ciento de los trabajos de la nación. Parte
del trabajo requiere solamente habilidades básicas,
pero muchos otros trabajos requieren la habilidad de
manejar tareas complejas en mercadeo, finanzas, ventas,
leyes, investigación y consultoría empresarial.
Las habilidades de la Era industrial no se ajustan para
estos trabajos. Sólo al mejorar sus talentos,
los Americanos estarán listos para aprovechar
al máximo lo que nuestra economía ofrece
en la Era de la información y más allá.
La transición conlleva
el subir la jerarquía de los talentos humanos.
[2] En las primeras etapas
del desarrollo económico del país, la
mayor parte de trabajo requería la fuerza de
los músculos para levantar, acarrear, empujar
y jalar. En la medida en que la industria reemplazaba
a la agricultura, más trabajadores encontraban
su nicho con las destrezas manuales e inteligencia formulista.
Las naciones post industriales
están moviendo a los trabajadores a trabajos
más sofisticados que requieren inteligencia analítica,
imaginación y creatividad y la habilidad de interactuar
con otros. El trabajo depende de los cerebros más
que de la fuerza muscular. Mientras los talentos son
menos teóricos que el tradicional método
de enseñanza de lectura, escritura y aritmética,
los expertos en educación insisten en que se
pueden enseñar—con las técnicas
adecuadas.
Mantener
una ventaja comparativa en una economía moderna
requiere que las escuelas realicen un mejor trabajo
fomentando la creatividad y habilidades de las personas.
Igualmente importante, estas habilidades tienen que
mantenerse bien definidas en un mundo que rápidamente
cambia de gustos y de tecnología. No podemos
solamente obtener una buena educación mientras
estamos jóvenes y esperar que sea suficiente
para toda una carrera.
La transformación de la
forma en que trabajamos proporciona una prioridad al
capital intelectual sobre el capital físico que
una vez condujo la economía americana. Ambos
tipos de capital nos hacen más ricos, pero difieren
en formas importantes.
El capital físico crece
cuando los negocios invierten en edificios, maquinaria
y otros activos productivos. En su mayor parte, estas
son decisiones administrativas y el proceso generalmente
toma solamente pocos meses o años. Para aumentar
el capital intelectual, invertimos en seres humanos
durante décadas—desde aprender el abecedario
en el preescolar, hasta dominar los últimos programas
de computadora en la oficina.
Las empresas realizan importantes
contribuciones para crear capital intelectual, pero
los trabajadores deben asumir una gran parte de la responsabilidad.
Nadie puede aprender por nosotros. Debemos aportar el
esfuerzo para desarrollar nuestras habilidades.
El conocimiento es finalmente
propiedad del empleado más que de la empresa.
Los trabajadores lo llevan consigo cuando cambian de
trabajos, un factor que limita la capacidad de las empresas
para obtener los beneficios de invertir en capital humano.
Como resultado, los trabajadores no pueden esperar que
los patronos proporcionen toda la capacitación
que necesitan. Ellos deben ser participantes activos
en su propia educación, ocupándose de
por vida en aprender por su propia cuenta.
La era del capital intelectual
conlleva importantes lecciones para los trabajadores
americanos.
Primero, la educación
y la experiencia pagan más ahora que antes.
En 1974, los graduados de preparatoria con cerca de
40 años de experiencia ganaban un promedio de
57 por ciento más que aquellos con un nivel de
educación menor que el noveno grado y solamente
pocos años en el trabajo. Para el año
2003, el bono para la experiencia laboral se incrementó
al 78 por ciento.
Para aquellos con títulos
de licenciaturas, el valor agregado de 40 años
de experiencia ascendió del 131 por ciento en
el año 1974 al 216 por ciento en el año
2003. Después de cinco años o más
de universidad, la compensación por 40 años
de trabajo aumentó al 350 por ciento, de 185
por ciento desde hace una generación.
El patrón se mantiene para
todos los niveles de educación y grupos de edad.
Al ofrecer recompensas financieras mayores y progresivas,
los mercados están estimulando a los americanos
a obtener más educación y experiencia.
Segundo, los beneficios de
la experiencia son mayores en la vida hoy día.
Hace una generación, las ganancias eran
las más altas para aquellos de 35 a 44 años.
Los mercados, en efecto, estipulaban que los trabajadores
mayores no eran tan valiosos como los jóvenes.
Esto refleja la prevalencia del trabajo que requería
habilidades físicas. El rendimiento laboral se
deterioraba en la medida en que los cuerpos de los trabajadores
eran presa de los efectos del envejecimiento.
En una economía que crece
más en base al conocimiento, los trabajadores
continúan devengando más a medida que
envejecen. Hoy, los ingresos son los más altos
para aquellos de 55 a 64 años. A diferencia del
cuerpo, la mente no alcanza su máximo potencial
en la madurez. La mente mantiene la capacidad de aprender.
El conocimiento se fundamenta
en él mismo, como un interés compuesto.
Los trabajadores universitarios muestran los ingresos
más altos a medida que acumulan experiencia en
la fuerza laboral. El crecimiento más lento en
los ingresos de por vida se da en los estudiantes de
preparatoria que abandonan sus estudios, aquellos menos
aptos para desarrollar una disciplina para aprender.
Tercero, el capital intelectual
se deprecia, al igual que el capital físico.
El conocimiento que una vez mantuvo un valor económico
puede perder aceptación en el mercado. Las calculadoras
y computadoras, por ejemplo, han hecho una singular
destreza de la habilidad para utilizar una regla de
cálculo para resolver problemas matemáticos.
En la actualidad, hay poca necesidad para las habilidades
de los mozos de ferrocarril u operadores de elevadores.
Así como algunas habilidades
de marchitan, otras florecen. Una economía moderna
necesita trabajadores que puedan diseñar juegos
de computadora, dirigir paquetes canalizados por medio
de código de barras durante la noche y corregir
el astigmatismo con cirugía láser. La
tecnología sube el nivel de lo que necesitamos
saber. Cuando pocos empleados utilizaban una computadora
en el trabajo, solamente las secretarias necesitaban
escribir a máquina. Ahora, cientos de ocupaciones
involucran escribir correos electrónicos e ingresar
datos. Millones de personas lo hacen todos los días.
El conocimiento que se necesitaba
para superar los trabajos actuales van hacia adelante,
algunas veces a una velocidad desconcertante. En una
economía vertiginosa, el estar fuera de la fuerza
laboral demanda un alto costo. Los trabajadores desempleados
pueden perder terreno sin tener acceso al aprendizaje
en el trabajo. Mientras pasan más tiempo fuera
del trabajo, sus salarios se rezagan más. Sobre
la recontratación, los trabajadores devengan
salarios más bajos porque ofrecen menos experiencia
y han perdido contacto con las demandas cambiantes del
mercado laboral. Aquellos que están al margen
por grandes distancias algunas veces nunca se ponen
al día.
Los americanos continuarán
obteniendo beneficios del conocimiento solamente al
reponer sus habilidades depreciadas. Eso es parte de
la razón por la que el aprendizaje continuo implica
un gran peso en la economía de hoy día.
| Organizando
el rompecabezas de la educación
| América
ofrece una gran cantidad de opciones
para el aprendizaje continuo, desde
los padres y escuela de párvulos hasta
educación para adultos y títulos superiores.
Cada uno de nosotros debe encontrar
las piezas que se ajustan a los trabajos
que deseamos.

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