| Carta del presidente

El hecho de
tener la tecnología de las comunicaciones
a nuestro alcance está elevando la productividad. |
Alan Greenspan, Presidente
de la Reserva Federal, estaba de moderador en
una sesión durante una conferencia hace
algunos años, cuando los participantes
regresaban lentamente de un receso para café.
Esto lo impulsó a ofrecer una pequeña
lección sobre la mejora de los procesos
y sobre la productividad. “Si vierte el
café, le agrega crema y luego lo revuelve,
esto constituye un proceso de tres pasos”,
expresó. “Si primero le pone la crema
y luego vierte, es un proceso de dos pasos.”
Adam Smith, en La Riqueza
de las Naciones, hace énfasis en la
división y especialización de la
mano de obra. Al especializarnos, ganamos destrezas
y productividad. Nosotros nos encargamos de hacer
lo que mejor hacemos y el resto lo negociamos.
Las ganancias en productividad están limitadas
únicamente al tamaño del mercado.
Los mercados más grandes traen ganancias
más grandes.
La productividad es un tema
controversial en estos días. También
constituye el tema de la disertación del
informe anual de este año.
La productividad en aumento
es lo que eleva nuestro estándar de vida.
Tenemos que producir más para consumir
más. Algunas ganancias en productividad
provienen del conocimiento, las destrezas y la
experiencia mejorados de los trabajadores. Probablemente,
provenga más del hecho de que los trabajadores
tengan mejor tecnología y más capital
con qué trabajar. Y, ciertamente, mejoras
en los procesos.
Anteriormente mencioné
mi (afortunadamente) breve experiencia como cortador
de algodón cuando contaba con 10 años
de edad en la granja de Billy Joe Hopper en Georgia
del Norte. Mi meta era recoger 100 libras al día.
Los adultos a mi alrededor podían recoger
fácilmente 300 libras. Con el tamaño
y la experiencia a su favor, eran los principales
responsables de su mayor productividad. En la
actualidad, una persona que maneje una cortadora
mecánica de algodón puede recolectar
varios acres al día.
Esos grandes saltos en la
productividad tienen más que ver con el
capital que con la mano de obra y han sido comunes
en la agricultura. Ciertamente, la desmotadora
de algodón fue instrumento útil
en la conducción de la Revolución
Industrial. El crecimiento en la productividad
en las granjas permite actualmente a aproximadamente
el 2 por ciento de trabajadores estadounidenses
producir más alimentos de lo que producía
el 90 por ciento de trabajadores en una época
anterior. Lo mismo ha estado ocurriendo por décadas
en la manufactura. Las ganancias en productividad
permiten que una menor cantidad de trabajadores
fabriquen más cada año. El progreso
se mide por qué tan pocos trabajadores
se requieren para producir un determinado resultado,
no por cuántos trabajadores. Algunas veces
perdemos de vista este simple hecho; especialmente,
durante períodos de recesión, como
los que hemos tenido recientemente.
El ensayo
Los economistas han
discutido tradicionalmente sobre la productividad
en términos de invenciones, nueva tecnología,
índices de trabajo a capital y cuestiones
similares. Nuestro ensayo, “Una mejor manera”,
se centra en factores macroeconómicos más
amplios, tales como el comercio y la competencia.
Piense en su nivel de productividad
actualmente, a medida que trabaja y gasta el ingreso
resultante en la producción de otras personas.
Ahora, imagínese lo productivo que sería,
si se le transportara a los Estados Unidos de
hace 100 ó 200 años o a un país
subdesarrollado de la actualidad. Usted podría
trabajar más duro y por más tiempo,
pero sin nuestra moderna infraestructura de capital
y tecnología, tiene pocas probabilidades
de ser tan productivo y próspero. Podría
trabajar más duro, pero no de forma más
inteligente.
Piense en lo productivo
y próspero que podría ser, si las
barreras comerciales lo aislaran de los trabajadores
y de la producción de otros países.
Podría producir en la misma cantidad, materialmente,
pero su producción tendría menor
capacidad de adquisición y su estándar
de vida sería menor. ¿De qué
manera afectaría su estándar de
vida, si el gobierno evitara todas las pérdidas
de empleos resultantes de la nueva tecnología,
el comercio o la competencia?
Nuestra productividad se
trata tanto de nuestro entorno económico,
infraestructura e interacción con otras
personas, como acerca de nosotros personalmente.
Ésta es justamente una razón más
pare regocijarse por vivir en EE.UU.
La economía
La recuperación
de la última recesión comenzó
en noviembre de 2001; hace más de dos años.
Inicialmente fue errática y perdió
impulso, pero despegó en la segunda mitad
de 2003, cuando el crecimiento del PIB llegó
a un promedio de más del 6 por ciento.
Lamentablemente, la creación de nuevos
empleos no coincidió con la recuperación
en producción e ingreso durante el año.
El crecimiento en empleos resurgió en el
2003, pero no enérgicamente. La productividad—una
bendición a la larga—redujo temporalmente
el crecimiento en empleos, a medida que las empresas
continuaban encontrando formas de producir más
con menor cantidad de trabajadores.
Hasta que se restablezca
el empleo para todos, debemos hacer lo que podamos
para impulsar el crecimiento dinámico necesario
para crear nuevos empleos, pero debemos evitar
acciones irracionales que conserven antiguos empleos
a expensas de los nuevos.
El Fed de Dallas
El Fed de Dallas tuvo
un buen año en el 2003, a pesar de los
retos surgidos por un volumen decadente de cheques
en papel. Como otros negocios, nos tuvimos que
adaptar a través de reducir costos y personal,
pero la transición de pagos en papel a
pagos electrónicos es parte de la revolución
de la productividad que eleva los estándares
de vida.

Compartimos
la plataforma con los Friedman. |
Sostuvimos algunas conferencias
importantes en el 2003; de las cuales la más
notable marcó el 25º aniversario de
Free to Choose de Milton y Rose Friedman.
Los Friedman participaron en la reunión,
como lo hizo una larga lista de distinguidos disertantes
que les rindieron tributo a los Friedman y evaluaron
sus aportes a la prosperidad económica
del pasado cuarto de siglo. Los Friedman son tesoros
nacionales—entiéndase, tesoros mundiales—y
no muestran señales de reducir el paso
a sus 90 años.
—Robert D. McTeer,
Jr.
Presidente y Director
General Ejecutivo |