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Version para imprimirInforme Anual 2002 —Banco de la Reserva Federal de Dallas

Los frutos del libre comercio

El precio de la protección

Si bien la especialización y el comercio nos enriquecen, la mayoría de las sociedades dedican mucho tiempo, gastan mucho dinero y mucha energía tratando de obstaculizar el intercambio de bienes y servicios. En su país, las compañías que persiguen su propio interés muchas veces engendran monopolios que restringen el suministro y aumentan los precios. El mismo impulso para frenar la competencia conlleva una variedad de medidas comerciales dirigidas a las importaciones.

Como Estados Unidos redujo los aranceles durante las últimas seis décadas, los productores se inclinaron a las cuotas de importación, sanciones antidumping, leyes de contenido en productos de origen nacional, restricciones “voluntarias” a las exportaciones y otras barreras para-arancelarias. Los subsidios a las exportaciones, los controles del tipo de cambio, las licencias comerciales y los onerosos requisitos de etiquetado, envasado y técnicos también inclinan al mercado contra los bienes extranjeros.

Bajo cualquier disfraz, el proteccionismo es veneno puro para una economía. Una y otra vez, los estudios económicos muestran que las restricciones a las importaciones no valen la pena. Estas cargan a los consumidores con enormes costos. Docenas de investigadores han arribado a esta conclusión para muchísimos productos, desde acero, automóviles y semiconductores hasta textiles, indumentaria y productos de granja.

Aún cuando temporalmente evitan pérdidas de empleo, las barreras comerciales son costosas. Por ejemplo, la protección comercial salvó 216 puestos estadounidenses en la producción de químicos de benceno, utilizados en el bronceador y en otros productos—pero a un costo de cerca de USD 1,4 millones por trabajador. Debido a que los trabajadores químicos ganan una fracción de la restricción proteccionista, ¡costaría mucho menos pagarles para que no trabajen!

Caso tras caso, los costos de la protección exceden los beneficios. La cuenta por cada trabajo preservado en la industria del equipaje asciende a alrededor de USD 1,3 millones; en la de madera blanda, más de USD 1 millón; en la del azúcar, más de USD 826.000. Más aún, algunos de los empleos preservados son sucios, peligrosos y de poca paga. (Véase la presentación 11).

Presentación 11
El alto costo del proteccionismo

¿Cuánto cuesta proteger un puesto de trabajo? Un promedio de USD 231.289, calculados en tan sólo 20 de las numerosas industrias protegidas. Los costos varían de USD 132.870 por trabajo salvado en el negocio de los accesorios de fantasía a USD 1.376.435 en la industria química del benceno. El proteccionismo les cuesta a los consumidores estadounidenses cerca de USD 100 mil millones por año. No sólo aumenta el costo de los artículos protegidos sino también el de los productos fabricados de éstos. El proteger el azúcar aumenta los precios de los dulces y de las bebidas sin alcohol, el proteger la madera aumenta los costos de la construcción de vivienda, el proteger el acero aumenta los precios del automóvil y así sucesivamente. Así se producen las pérdidas de puestos de trabajo en las industrias que utilizan los artículos protegidos. Los trabajadores de industrias que utilizan acero superan a aquellos de industrias que producen acero 57 a 1. Y la protección ni siquiera funciona. Los subsidios para las industrias que producen acero desde 1975 han superado los USD 23 mil millones; sin embargo, los empleos en dichas industrias han disminuido casi dos tercios.

Industria protegida Trabajos preservados Costo total (en millones) Costo anual por trabajo salvado
Químicos de benceno 216 $ 297 $ 1.376.435
Equipajes 226 290 1.285.078
Madera de obra blanda 605 632 1.044.271
Azúcar 2.261 1.868 826.104
Resinas polietileno 298 242 812.928
Productos lácteos
2.378 1.630 685.323
Jugo de naranja concentrado congelado 609 387 635.103
Cojinetes de bolas 146 88 603.368
Servicios marítimos 4.411 2.522 571.668
Tejas de cerámica 347 191 551.367
Máquinas herramienta 1.556 746 479.452
Artículos de cerámica 418 140 335.876
Carteras de mujer 773 204 263.535
Atún en lata 390 100 257.640
Manufacturas de vidrio 1.477 366 247.889
Fibras y textiles 168.786 33.629 199.241
Maníes 397 74 187.223
Calzado de goma 1.701 286 168.312
Calzado no deportivo para mujer 3.702 518 139.800
Accesorios de fantasía
1.067 142 132.870
Total 191.764 $44.352  
Promedio (ponderado)     $ 231.289

Y las barreras comerciales no cumplen su promesa de salvar industrias amenazadas. Aún cuando se los escuda de la competencia extranjera, los sectores más protegidos han continuado encogiéndose. El acero y las textiles—beneficiados por años de protección—todavía no son lo suficientemente fuertes como para competir por sí solos.

La industria automotriz estadounidense ofrece una buena ilustración de las fuerzas económicas desencadenadas por la protección comercial. Bajo presión por parte de los fabricantes de automóviles y de los sindicatos, Washington coaccionó a Japón para que aceptaran restricciones “voluntarias” en la década de los 80 sobre la cantidad de automóviles que vendería a Estados Unidos.

El proteccionismo no suscitó el renacimiento deseado de la industria automotriz estadounidense. Los fabricantes de automóviles de Asia y de Europa siguieron llegando, atraídos por los consumidores estadounidenses ansiosos de automóviles. Las compañías adaptaron sus estrategias para penetrar en el mercado estadounidense; mudaron sus plantas de producción a Estados Unidos y volcaron sus fuerzas a la producción de vehículos lujosos de alta calidad.

Como resultado, los productores extranjeros capturaron una porción más grande del segmento de alto precio y de alta ganancia del mercado automotriz. En la década de los 90, los precios promedio de los modelos importados y nacionales eran relativamente similares. En 2001, los importados se vendieron en casi un 40 por ciento más, en promedio, que los automóviles fabricados en Estados Unidos. Aún con protección, Detroit no pudo conservar esta porción lucrativa del mercado. La porción del mercado y los empleos de fabricantes de automóviles nacionales continuaron deteriorándose en la década de los 90, a pesar de que se crearon nuevos puestos de trabajo en las fábricas de propietarios extranjeros. (Véase la presentación 12).

Presentación 12
Como se pueda
     Hay 768 millones de automóviles en funcionamiento alrededor del mundo. Casi 200 compañías automotrices operan 741 plantas de montaje en 508 ciudades y 59 países, produciendo miles de vehículos diferentes para consumidores en más de 150 países. Ford Motor Co. produce automóviles en 17 países—casi tres cuartos de su producción ahora tiene lugar fuera de Estados Unidos. General Motors Corp. exporta más automóviles de Alemania que la BMW. La mitad de todos los Toyota y tres cuartos de todos los Honda que se venden en Estados Unidos se construyen aquí. El 75 por ciento de la cupé Honda Civic 2001 es de contenido nacional, el Ford Escort, el 60 por ciento.
     ¿Cuál es el mensaje de todo esto? Una industria automotriz altamente globalizada y competitiva ofrece vehículos a los consumidores como se pueda. Así funcionan los mercados.
     La protección sólo obstaculiza el proceso y no puede brindar lo que promete a los trabajadores o a la industria de todos modos. Un primer ejemplo es la restricción “voluntaria” a las exportaciones impuesta a los fabricantes de automóviles japoneses en 1981. En los tiempos de la legislación proteccionista, las importaciones basadas en el extranjero representaban el 26 por ciento de las ventas de automóviles estadounidenses y los automóviles extranjeros fabricados en el país representaban tan sólo el 2 por ciento. Las importaciones representaban el 23 por ciento del mercado nacional de automóviles de lujo, la importación promedio se vendía a USD 8.896—apenas inferior a un automóvil fabricado en Estados Unidos (USD 8.912). Había 1,9 millones de trabajadores en la industria de equipos de transporte de Estados Unidos.
     En 2001, el 23 por ciento de las ventas estadounidenses provenían de las importaciones, pero el 26 por ciento eran automóviles extranjeros fabricados en el país. Las importaciones representaban el 58 por ciento del mercado de artículos de lujo estadounidense, la importación promedio se vendía a USD 27.477, casi el 40 por ciento más que un automóvil fabricado dentro del país (USD 19.654). Desde 1981 la industria de equipos de transporte estadounidense ha perdido más de 210.000 trabajadores. Más aún, de acuerdo con Consumer Reports (los Informes del consumidor), los productores radicados en el extranjero producen 25 de los 30 automóviles usados más confiables.
     Proteger—y dañar.
Ventas minoristas estadounidenses de vehículos de pasajeros
Ventas minoristas estadounidenses de vehículos de pasajeros
2001 Ford Escort y 2001 Honda Civic Coupe
2001 Ford Escort
60% contenido en productos de origen nacional

2001 Honda Civic
75% contenido en productos de origen nacional

El proteccionismo decepciona a las industrias nacionales porque demora y debilita su respuesta a las fuerzas del mercado. Especialmente cuando tienen problemas, las compañías necesitan enfrentar la realidad y evitar la pérdida de tiempo y recursos valiosos. A veces, esa realidad demanda la reducción de puestos de trabajo, el cierre de empresas y hasta la desaparición de industrias completas. Cuando las industrias persiguen favores políticos en vez que eficacia o innovación, sólo retrasan lo inevitable.

En respuesta a las señales del mercado, las economías enérgicas transfieren recursos de sectores decadentes a emergentes. Las barreras comerciales hacen cortocircuito en el proceso mediante el silenciamiento del mensaje del mercado. El trabajo y el capital, que podrían ser más productivos en cualquier parte, terminan atascados en industrias para las que se dispone inmediatamente de alternativas de importación más baratas o de mayor calidad.

Cuando las compañías productoras de acero o de azúcar desean defenderse de las importaciones, reclaman a Washington. Un segundo pero mucho menos visible combate al libre comercio tiene lugar en las capitales estatales, donde los productores de ciertos bienes y servicios procuran restringir a los rivales provenientes de otros estados.

Cláusula de comercio
El Congreso tendrá facultades para ... regular el comercio con las naciones extranjeras, entre los distintos estados y con las tribus indias.
—Constitución de Estados Unidos

La cláusula de comercio de la Constitución de Estados Unidos crea una valla para la intervención estatal y local en el flujo de bienes y servicios. Si bien es más difícil imponer barreras comerciales dentro de las fronteras de Estados Unidos que fuera de ellas, los productores aún intentan hacerlo. Para eludir la cláusula de comercio, muchas veces encubren la protección comercial interna bajo el disfraz de promover la protección del consumidor o la seguridad pública.

Una ley de Oklahoma de 87 años, por ejemplo, decreta que sólo los directores funerarios autorizados pueden vender féretros—una política que desalienta de la búsqueda a los consumidores y mantiene los precios altos. Vermont restringe su mercado lechero a centrales lecheras del propio estado. El comercio en Internet abre un nuevo camino para el entrometimiento estatal; por ejemplo, Tejas prohíbe la venta en línea de automóviles usados y Georgia restringe el comercio de lentes de contacto desechables.

Las barreras comerciales nacionales dañan a los consumidores del mismo modo que aquellas dirigidas a los extranjeros. El Instituto Fraser estima que la intervención del gobierno les cuesta a los residentes de West Virginia—el estado menos abierto—USD 5.294 por año, calculados contra un promedio nacional de USD 26.765 en ingresos personales per cápita. En contraste, los ciudadanos de Delaware ganan un promedio de USD 3.882 por año viviendo en el estado con menos barreras. Una brecha per cápita de USD 9.176 o 34 por ciento del ingreso disponible per cápita demuestra la importancia de los asuntos comerciales hasta entre estados.

La Gran depresión da un ejemplo de cómo las restricciones comerciales llevan a la ruina económica. El arancel estadounidense altamente restrictivo Smoot-Hawley, aprobado en 1930, instó a otros países a tomar represalias mediante la imposición de barreras comerciales propias. Bajo el peso de las restricciones, el comercio mundial se contrajo fuertemente durante los años posteriores, complicando los problemas de exceso de capacidad productiva. En las profundidades de la Depresión, aproximadamente un cuarto de los trabajadores estadounidenses estaba desempleado. (Véase la presentación 13).

Presentación 13
Proteger y destruir: La lección de Smoot–Hawley

     La bolsa de valores detesta el proteccionismo. Esa lección—tal vez la enseñanza más clara de la historia—proviene de la Ley arancelaria Smoot–Hawley de 1930. A fines de los años 20, los campesinos, cuyas fortunas económicas no habían seguido el ritmo de las de los industrialistas, presionaron al Congreso para obtener aranceles sobre los productos agrícolas. La ley propuesta tenía pocos patrocinadores políticos al inicio (dos de los tres principales partidos políticos se opusieron) y fue ignorada por la bolsa de valores.
     Pero a medida que se difundió el rumor del proyecto, más y más productores estadounidenses argumentaron que los aranceles ayudarían a la industria interna o los protegerían de la competencia exterior. La Smoot–Hawley finalmente se expandió hasta cubrir más de 20.000 ítems de la gama de producción estadounidense, con tasas prácticamente prohibitivas para comercializar. Con tantos constituyentes políticos ahora apoyando el proyecto de ley, los partidos Progresivo y Demócrata cruzaron la calle y el 28 de octubre de 1929 se unieron a la Vieja guardia republicana para apoyar la legislación. Ese día la bolsa de valores se derrumbó, cayendo un 12 por ciento.
     En los meses siguientes, los gobiernos extranjeros presentaron 34 protestos formales y 1.028 economistas solicitaron al Presidente Hoover que no firmara el proyecto de ley. Pero lo hizo el 17 de junio de 1930 y la Gran depresión hundió a la nación. El promedio Dow Jones cayó de 381 alzas diarias en septiembre de 1929 a 41 bajas en 1932, y el comercio internacional se redujo de USD 5,7 mil millones a sólo USD 1,9 mil millones tres años y medio más tarde.
     Fue la lección más cara jamás enseñada por los mercados. Proteger y destruir.

El Dow Jones cae mientras el mercado internacional se contrae
El Dow Jones cae mientras el mercado internacional se contrae

Se dirijan a los extranjeros o a los compañeros estadounidenses, las restricciones comerciales no tratan sólo una cuestión de dólares y centavos perdidos. Todos los programas proteccionistas infringen las libertades económicas básicas. Involucran a terceros utilizando el poder del gobierno para frustrar el derecho de otros procurando un intercambio que los colocará en una situación mejor.

Cada vez que sucede, los estadounidenses son menos libres—y más pobres.

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