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Los frutos del libre comercio
El precio de la protección
Si bien la especialización y
el comercio nos enriquecen, la mayoría de las sociedades
dedican mucho tiempo, gastan mucho dinero y mucha energía
tratando de obstaculizar el intercambio de bienes y servicios.
En su país, las compañías que persiguen
su propio interés muchas veces engendran monopolios
que restringen el suministro y aumentan los precios. El mismo
impulso para frenar la competencia conlleva una variedad de
medidas comerciales dirigidas a las importaciones.
Como Estados Unidos redujo los aranceles
durante las últimas seis décadas, los productores
se inclinaron a las cuotas de importación, sanciones
antidumping, leyes de contenido en productos de origen
nacional, restricciones “voluntarias” a las exportaciones
y otras barreras para-arancelarias. Los subsidios a las exportaciones,
los controles del tipo de cambio, las licencias comerciales
y los onerosos requisitos de etiquetado, envasado y técnicos
también inclinan al mercado contra los bienes extranjeros.
Bajo cualquier disfraz, el proteccionismo
es veneno puro para una economía. Una y otra vez, los
estudios económicos muestran que las restricciones
a las importaciones no valen la pena. Estas cargan a los consumidores
con enormes costos. Docenas de investigadores han arribado
a esta conclusión para muchísimos productos,
desde acero, automóviles y semiconductores hasta textiles,
indumentaria y productos de granja.
Aún cuando temporalmente evitan
pérdidas de empleo, las barreras comerciales son costosas.
Por ejemplo, la protección comercial salvó 216
puestos estadounidenses en la producción de químicos
de benceno, utilizados en el bronceador y en otros productos—pero
a un costo de cerca de USD 1,4 millones por trabajador. Debido
a que los trabajadores químicos ganan una fracción
de la restricción proteccionista, ¡costaría
mucho menos pagarles para que no trabajen!
Caso tras caso, los costos de la protección
exceden los beneficios. La cuenta por cada trabajo preservado
en la industria del equipaje asciende a alrededor de USD 1,3
millones; en la de madera blanda, más de USD 1 millón;
en la del azúcar, más de USD 826.000. Más
aún, algunos de los empleos preservados son sucios,
peligrosos y de poca paga. (Véase la presentación
11).
| Presentación
11 |
| El alto costo del proteccionismo |
| ¿Cuánto cuesta
proteger un puesto de trabajo? Un promedio de USD 231.289,
calculados en tan sólo 20 de las numerosas industrias
protegidas. Los costos varían de USD 132.870
por trabajo salvado en el negocio de los accesorios
de fantasía a USD 1.376.435 en la industria química
del benceno. El proteccionismo les cuesta a los consumidores
estadounidenses cerca de USD 100 mil millones por año.
No sólo aumenta el costo de los artículos
protegidos sino también el de los productos fabricados
de éstos. El proteger el azúcar aumenta
los precios de los dulces y de las bebidas sin alcohol,
el proteger la madera aumenta los costos de la construcción
de vivienda, el proteger el acero aumenta los precios
del automóvil y así sucesivamente. Así
se producen las pérdidas de puestos de trabajo
en las industrias que utilizan los artículos
protegidos. Los trabajadores de industrias que utilizan
acero superan a aquellos de industrias que producen
acero 57 a 1. Y la protección ni siquiera funciona.
Los subsidios para las industrias que producen acero
desde 1975 han superado los USD 23 mil millones; sin
embargo, los empleos en dichas industrias han disminuido
casi dos tercios.
|
| Industria protegida |
Trabajos
preservados |
Costo total
(en millones) |
Costo anual
por trabajo salvado |
| Químicos de benceno
|
216 |
$ 297 |
$ 1.376.435 |
| Equipajes |
226 |
290 |
1.285.078 |
| Madera de obra blanda |
605 |
632 |
1.044.271 |
| Azúcar |
2.261 |
1.868 |
826.104 |
| Resinas polietileno |
298 |
242 |
812.928 |
Productos lácteos
|
2.378 |
1.630 |
685.323 |
| Jugo de naranja concentrado
congelado |
609 |
387 |
635.103 |
| Cojinetes de bolas |
146 |
88 |
603.368 |
| Servicios marítimos |
4.411 |
2.522 |
571.668 |
| Tejas de cerámica |
347 |
191 |
551.367 |
| Máquinas herramienta |
1.556 |
746 |
479.452 |
| Artículos de cerámica |
418 |
140 |
335.876 |
| Carteras de mujer |
773 |
204 |
263.535 |
| Atún en lata |
390 |
100 |
257.640 |
| Manufacturas de vidrio |
1.477 |
366 |
247.889 |
| Fibras y textiles |
168.786 |
33.629 |
199.241 |
| Maníes |
397 |
74 |
187.223 |
| Calzado de goma |
1.701 |
286 |
168.312 |
| Calzado no deportivo para
mujer |
3.702 |
518 |
139.800 |
Accesorios de fantasía
|
1.067 |
142 |
132.870 |
| Total |
191.764 |
$44.352 |
|
| Promedio (ponderado) |
|
|
$ 231.289 |
|
Y las barreras comerciales no cumplen
su promesa de salvar industrias amenazadas. Aún cuando
se los escuda de la competencia extranjera, los sectores más
protegidos han continuado encogiéndose. El acero y
las textiles—beneficiados por años de protección—todavía
no son lo suficientemente fuertes como para competir por sí
solos.
La industria automotriz estadounidense
ofrece una buena ilustración de las fuerzas económicas
desencadenadas por la protección comercial. Bajo presión
por parte de los fabricantes de automóviles y de los
sindicatos, Washington coaccionó a Japón para
que aceptaran restricciones “voluntarias” en la
década de los 80 sobre la cantidad de automóviles
que vendería a Estados Unidos.
El proteccionismo no suscitó
el renacimiento deseado de la industria automotriz estadounidense.
Los fabricantes de automóviles de Asia y de Europa
siguieron llegando, atraídos por los consumidores estadounidenses
ansiosos de automóviles. Las compañías
adaptaron sus estrategias para penetrar en el mercado estadounidense;
mudaron sus plantas de producción a Estados Unidos
y volcaron sus fuerzas a la producción de vehículos
lujosos de alta calidad.
Como resultado, los productores extranjeros
capturaron una porción más grande del segmento
de alto precio y de alta ganancia del mercado automotriz.
En la década de los 90, los precios promedio de los
modelos importados y nacionales eran relativamente similares.
En 2001, los importados se vendieron en casi un 40 por ciento
más, en promedio, que los automóviles fabricados
en Estados Unidos. Aún con protección, Detroit
no pudo conservar esta porción lucrativa del mercado.
La porción del mercado y los empleos de fabricantes
de automóviles nacionales continuaron deteriorándose
en la década de los 90, a pesar de que se crearon nuevos
puestos de trabajo en las fábricas de propietarios
extranjeros. (Véase la presentación 12).
| Presentación
12 |
| Como se pueda |
Hay
768 millones de automóviles en funcionamiento alrededor
del mundo. Casi 200 compañías automotrices
operan 741 plantas de montaje en 508 ciudades y 59 países,
produciendo miles de vehículos diferentes para
consumidores en más de 150 países. Ford
Motor Co. produce automóviles en 17 países—casi
tres cuartos de su producción ahora tiene lugar
fuera de Estados Unidos. General Motors Corp. exporta
más automóviles de Alemania que la BMW.
La mitad de todos los Toyota y tres cuartos de todos los
Honda que se venden en Estados Unidos se construyen aquí.
El 75 por ciento de la cupé Honda Civic 2001 es
de contenido nacional, el Ford Escort, el 60 por ciento.
¿Cuál es el
mensaje de todo esto? Una industria automotriz altamente
globalizada y competitiva ofrece vehículos a los
consumidores como se pueda. Así funcionan los mercados.
La protección sólo
obstaculiza el proceso y no puede brindar lo que promete
a los trabajadores o a la industria de todos modos. Un
primer ejemplo es la restricción “voluntaria”
a las exportaciones impuesta a los fabricantes de automóviles
japoneses en 1981. En los tiempos de la legislación
proteccionista, las importaciones basadas en el extranjero
representaban el 26 por ciento de las ventas de automóviles
estadounidenses y los automóviles extranjeros fabricados
en el país representaban tan sólo el 2 por
ciento. Las importaciones representaban el 23 por ciento
del mercado nacional de automóviles de lujo, la
importación promedio se vendía a USD 8.896—apenas
inferior a un automóvil fabricado en Estados Unidos
(USD 8.912). Había 1,9 millones de trabajadores
en la industria de equipos de transporte de Estados Unidos.
En 2001, el 23 por ciento
de las ventas estadounidenses provenían de las
importaciones, pero el 26 por ciento eran automóviles
extranjeros fabricados en el país. Las importaciones
representaban el 58 por ciento del mercado de artículos
de lujo estadounidense, la importación promedio
se vendía a USD 27.477, casi el 40 por ciento más
que un automóvil fabricado dentro del país
(USD 19.654). Desde 1981 la industria de equipos de transporte
estadounidense ha perdido más de 210.000 trabajadores.
Más aún, de acuerdo con Consumer Reports
(los Informes del consumidor), los productores radicados
en el extranjero producen 25 de los 30 automóviles
usados más confiables.
Proteger—y dañar.
|
| Ventas minoristas estadounidenses
de vehículos de pasajeros |
 |
 |
2001 Ford
Escort
60% contenido en productos de origen nacional
|
2001 Honda
Civic
75% contenido en productos de origen nacional |
El proteccionismo decepciona a las industrias
nacionales porque demora y debilita su respuesta a las fuerzas
del mercado. Especialmente cuando tienen problemas, las compañías
necesitan enfrentar la realidad y evitar la pérdida
de tiempo y recursos valiosos. A veces, esa realidad demanda
la reducción de puestos de trabajo, el cierre de empresas
y hasta la desaparición de industrias completas. Cuando
las industrias persiguen favores políticos en vez que
eficacia o innovación, sólo retrasan lo inevitable.
En respuesta a las señales del
mercado, las economías enérgicas transfieren
recursos de sectores decadentes a emergentes. Las barreras
comerciales hacen cortocircuito en el proceso mediante el
silenciamiento del mensaje del mercado. El trabajo y el capital,
que podrían ser más productivos en cualquier
parte, terminan atascados en industrias para las que se dispone
inmediatamente de alternativas de importación más
baratas o de mayor calidad.
Cuando las compañías productoras
de acero o de azúcar desean defenderse de las importaciones,
reclaman a Washington. Un segundo pero mucho menos visible
combate al libre comercio tiene lugar en las capitales estatales,
donde los productores de ciertos bienes y servicios procuran
restringir a los rivales provenientes de otros estados.
Cláusula de comercio
El Congreso tendrá facultades para ... regular
el comercio con las naciones extranjeras, entre
los distintos estados y con las tribus indias.
—Constitución de Estados Unidos |
|
La cláusula de comercio de la
Constitución de Estados Unidos crea una valla para
la intervención estatal y local en el flujo de bienes
y servicios. Si bien es más difícil imponer
barreras comerciales dentro de las fronteras de Estados Unidos
que fuera de ellas, los productores aún intentan hacerlo.
Para eludir la cláusula de comercio, muchas veces encubren
la protección comercial interna bajo el disfraz de
promover la protección del consumidor o la seguridad
pública.
Una ley de Oklahoma de 87 años,
por ejemplo, decreta que sólo los directores funerarios
autorizados pueden vender féretros—una política
que desalienta de la búsqueda a los consumidores y
mantiene los precios altos. Vermont restringe su mercado lechero
a centrales lecheras del propio estado. El comercio en Internet
abre un nuevo camino para el entrometimiento estatal; por
ejemplo, Tejas prohíbe la venta en línea de
automóviles usados y Georgia restringe el comercio
de lentes de contacto desechables.
Las barreras comerciales nacionales
dañan a los consumidores del mismo modo que aquellas
dirigidas a los extranjeros. El Instituto Fraser estima que
la intervención del gobierno les cuesta a los residentes
de West Virginia—el estado menos abierto—USD 5.294
por año, calculados contra un promedio nacional de
USD 26.765 en ingresos personales per cápita. En contraste,
los ciudadanos de Delaware ganan un promedio de USD 3.882
por año viviendo en el estado con menos barreras. Una
brecha per cápita de USD 9.176 o 34 por ciento del
ingreso disponible per cápita demuestra la importancia
de los asuntos comerciales hasta entre estados.
La Gran depresión da un ejemplo
de cómo las restricciones comerciales llevan a la ruina
económica. El arancel estadounidense altamente restrictivo
Smoot-Hawley, aprobado en 1930, instó a otros países
a tomar represalias mediante la imposición de barreras
comerciales propias. Bajo el peso de las restricciones, el
comercio mundial se contrajo fuertemente durante los años
posteriores, complicando los problemas de exceso de capacidad
productiva. En las profundidades de la Depresión, aproximadamente
un cuarto de los trabajadores estadounidenses estaba desempleado.
(Véase la presentación 13).
| Presentación
13 |
| Proteger y destruir: La lección
de Smoot–Hawley |
| La
bolsa de valores detesta el proteccionismo. Esa lección—tal
vez la enseñanza más clara de la historia—proviene
de la Ley arancelaria Smoot–Hawley de 1930. A
fines de los años 20, los campesinos, cuyas fortunas
económicas no habían seguido el ritmo
de las de los industrialistas, presionaron al Congreso
para obtener aranceles sobre los productos agrícolas.
La ley propuesta tenía pocos patrocinadores políticos
al inicio (dos de los tres principales partidos políticos
se opusieron) y fue ignorada por la bolsa de valores.
Pero a medida que se difundió el rumor del proyecto,
más y más productores estadounidenses
argumentaron que los aranceles ayudarían a la
industria interna o los protegerían de la competencia
exterior. La Smoot–Hawley finalmente se expandió
hasta cubrir más de 20.000 ítems de la
gama de producción estadounidense, con tasas
prácticamente prohibitivas para comercializar.
Con tantos constituyentes políticos ahora apoyando
el proyecto de ley, los partidos Progresivo y Demócrata
cruzaron la calle y el 28 de octubre de 1929 se unieron
a la Vieja guardia republicana para apoyar la legislación.
Ese día la bolsa de valores se derrumbó,
cayendo un 12 por ciento.
En los meses siguientes, los gobiernos extranjeros presentaron
34 protestos formales y 1.028 economistas solicitaron
al Presidente Hoover que no firmara el proyecto de ley.
Pero lo hizo el 17 de junio de 1930 y la Gran depresión
hundió a la nación. El promedio Dow Jones
cayó de 381 alzas diarias en septiembre de 1929
a 41 bajas en 1932, y el comercio internacional se redujo
de USD 5,7 mil millones a sólo USD 1,9 mil millones
tres años y medio más tarde.
Fue la lección más cara jamás enseñada
por los mercados. Proteger y destruir.
|
| El Dow Jones cae mientras el mercado
internacional se contrae |
 |
Se dirijan a los extranjeros o a los
compañeros estadounidenses, las restricciones comerciales
no tratan sólo una cuestión de dólares
y centavos perdidos. Todos los programas proteccionistas infringen
las libertades económicas básicas. Involucran
a terceros utilizando el poder del gobierno para frustrar
el derecho de otros procurando un intercambio que los colocará
en una situación mejor.
Cada vez que sucede, los estadounidenses
son menos libres—y más pobres.
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