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Compre estadounidense. El trabajo que usted preserva puede ser el suyo.

Un mito común es que para los estadounidenses es mejor gastar su dinero en casa que en el extranjero. La mejor manera de exponer la falacia de este argumento es llevarla a su extremo lógico. Si es mejor para mí gastar mi dinero aquí que en el extranjero, entonces es aún mejor comprar en Tejas que en Nueva York, más aún en Dallas que en Houston ... en mi propio vecindario … dentro de mi propia familia … para consumir sólo lo que soy capaz de producir. Solo y pobre.

Version para imprimirInforme Anual 2002 —Banco de la Reserva Federal de Dallas

Los frutos del libre comercio

Productores versus consumidores

A pesar de que la protección comercial no tiene ningún sentido económico, casi todas las naciones del mundo la permiten en cierta medida. Para comprender el motivo, necesitamos distinguir el interés general, que favorece el comercio más libre, de los intereses especiales, que lucran a costa de la economía en conjunto—un juego de suma negativa. (Véase la presentación 9).

Presentación 9
La política del proteccionismo: Un juego de suma negativa
La política del proteccionismo: Un juego de suma negativa Al ofrecer protección comercial, los legisladores les originan un dilema a los productores: competir o procurar protección. El pastel económico nunca es más grande que cuando las empresas compiten porque de ese modo concentran cada recurso en la producción. Pero supongamos que la empresa A puede aumentar su porción del pastel (digamos, de 50 a 60 sobre 100) prometiendo votos o aportes de campaña a cambio de favores políticos. Entonces su incentivo es hacerlo, a pesar de que todo el pastel se reducirá (digamos, a 90) a medida que los recursos pasen de la producción a la protección. Su competidor, la empresa B, hará lo mismo, obteniendo resultados similares. La política del proteccionismo conlleva finalmente al peor resultado posible: un juego de suma negativa en el que se produce menos que bajo el libre comercio. La única forma de salir de este lío: Nadie obtiene protección.

Esta lucha enfrenta a los productores con los consumidores. Los productores desean altos precios de escasez y muchas ganancias. Los consumidores desean abundancia—muchos bienes y servicios con precios bajos.

Si bien los consumidores superan ampliamente a los productores, aquéllos que procuran la protección tienen con frecuencia la ventaja. Ello se debe a que los productores desean invertir más recursos en reducir la competencia que lo que los consumidores desean luchar por los mercados abiertos. El desequilibrio es inherente en el sistema económico.

Los consumidores compran en miles de mercados. Ninguna persona posee el tiempo, la energía y el incentivo financiero para pelear por precios más bajos en cada uno de ellos. Los lucros totales del comercio abierto pueden ser amplios, pero cada hogar representa habitualmente unos pocos dólares o aún unos pocos centavos—un monto demasiado pequeño para encender a los consumidores.

Los productores, por otro lado, venden en un mercado. Ello les da un fuerte incentivo para enfocarse en su propia industria o trabajo. Los productores, a diferencia de los consumidores, son por lo general menos en cantidad. Aún si la reducción de la competencia extranjera agrega sólo unos pocos centavos por venta, cada productor podría obtener un buen lucro.

Así, los productores están dispuestos a organizarse y gastar mucho dinero en la lucha para que el gobierno los favorezca. Lo observamos en el creciente número de abogados y grupos de presión que representan a los intereses limitados de los productores. En el último cuarto de siglo, la cantidad de miembros de grupos de presión registrados en Washington se triplicó, alcanzando más de 60.000. Hay 44.000 miembros de grupos de presión más en el ámbito estatal.

El desequilibrio existente entre los productores y los consumidores se presenta desde antaño en las cuotas estadounidenses de importación sobre el azúcar. Debido a los precios exagerados, un reducido número de productores y refinadores embolsan un estimado de USD 400 millones por año. Las cuotas les niegan a los consumidores azúcar más barata producida en el extranjero, así que están mucho peor. El costo total para un hogar típico, no obstante, asciende a sólo USD 21 por año, lo insuficiente para incitar a cualquiera a formular un reclamo, formar un piquete o politizar.

Cada instancia de la protección podría involucrar pequeñas sumas de dinero. Súmelas, sin embargo, y los consumidores se vuelven significativamente más pobres. El Instituto de economía internacional (IIE) estima el costo anual del proteccionismo exterior de Estados Unidos en USD 6.027 por hogar.

Los intereses especiales son difíciles de controlar porque son un subproducto natural de nuestro éxito económico. Ellos provienen de la especialización, de la concentración de esfuerzos de los productores en hacer lo que mejor hacen. Así que la principal fuerza que socava el comercio abierto surge de lo mismo que crea la riqueza en un inicio.

El proteccionismo persiste porque nunca ha sido tomado como una conspiración para aumentar los precios al consumidor. Por el contrario, se lo presenta como una idea valiosa. ¿Quién podría objetar preservar puestos de trabajo estadounidenses o asegurar la supervivencia de industrias vitales para el interés nacional?

Las industrias aquejadas de problemas con peso político—por ejemplo las automotrices, de acero y de agricultura—echan la culpa de la pérdida de empleos y las ventas decrecientes a la competencia con las importaciones. Sirve como adhesivo de parachoques perfecto: “Compre estadounidense. El trabajo que usted preserva puede ser el suyo.”

Los productores complican el debate sobre el comercio poniendo la carga sobre otros países. Las ofensas de gobiernos extranjeros incluyen el subsidio a fabricantes textiles y campesinos. Con frecuencia, las industrias estadounidenses acusan a compañías extranjeras de colocar sus productos (objetos de dumping) en el mercado estadounidense a precios deslealmente bajos. (Véase la presentación 10).

Presentación 10
dumping: ¿Residuos o tesoro?
dumping es una palabra usualmente asociada al desechos. Pero los bienes objeto de un dumping pueden ser un beneficio para los consumidores. Durante las dos últimas décadas, los productores estadounidenses han formulado más de 300 reclamos de antidumping contra proveedores externos. Los productos supuestamente ofensivos recorren toda la gama que va de latas a pasta dentífrica, de aspirinas a alcohol, de martillos a miel, de lápices a pastas. ¿Residuos o tesoro? El consumidor con seguridad lo sabe.
¿Dónde están los bienes objeto de un dumping?
 
En el carrito de compras
Azúcar
Salmón fresco del Atlántico
Carne de cola de cangrejo
Miel
Pastas
Concentrado de jugo de manzana no congelado
Jugo de naranja concentrado congelado
Ananá en lata
Frambuesas congeladas rápida e individualmente
Hongos en conserva
Tomates frescos
Ajo fresco
Pistachos con cáscara
Aspirinas
Velas de cera de petróleo
Pinceles de cerda natural
Clips
Cajas plegables para regalo
Lápices con estuche
Artículos para cocinar de acero inoxidable
Film polietileno tereftálico (utilizado en recipientes para gaseosa)
Indiana de poliéster de algodón crudo (paños de cocina)
Goma policloropreno (guantes de látex)
Productos de lata laminada (coberturas de baterías)
Permanganato potásico (desinfectante)
Aleación de magnesio (latas de aluminio)
Metasilicato de sodio anhidro (detergente lavavajillas)
Ácido sebácico (cerdas para cepillos dentales)
Ácido sulfanílico (colorante para alimentos)
Cloruro de bario (insecticida)
Sorbitol (jarabe para la tos)
Pantalla plana electroluminiscente (calculadora)
Magnesio (vitaminas)
 
Carrito para las compras
Melamina (mango de plástico del carrito)
Cojinetes de bolas (ruedas del carrito)
 
En el comprador
Índigo sintético (suéter teñido de púrpura)
Fibra cortada de poliéster (pollera)
Hilo de goma extruído (medias)
Cumarina (perfume)
 
Construcción del comercio
Madera de obra blanda
Cemento portland gris
Alcohol furfurílico (pintura)
Resina politetrafluoretileno granular (aislamiento de alambre eléctrico)
Alambre de acero al carbono
Vigas de acero inoxidable
Redondos de acero para hormigón
Vigas de acero estructural
Tubo de acero al carbono soldado
Accesorios para tubos de fundición maleable
Tubo de acero sin soldadura
Metal de silicio
Piezas moldeadas para la construcción en acero
Cinta plástica sensible a la presión (marcado de pasillos y etiquetas)
 
Automóvil
Vidrio parabrisas de reemplazo
Discos de freno
Coque para fundición (utilizado en la producción de bloques motor)
Goma policloropreno (cinturones y hebillas)
Magnesio de aleación (carrocería)
Nitrato de celulosa industrial (pintura)

Las denominadas prácticas de competencia desleal brindan una justificación para violar el sentido común del libre comercio. Deberíamos, no obstante, preguntarnos, ¿desleal para quién? Los subsidios son igualmente desleales para los contribuyentes europeos. El dumping podría parecer desleal para los productores estadounidenses. Ninguno de los dos es especialmente desleal para los consumidores estadounidenses, quienes se benefician de los precios más bajos.

Cuando los negociadores comerciales de otros países luchan contra las demandas de dumping de Estados Unidos, están representando a las compañías nacionales. Sin intención de hacerlo, también están trabajando para los consumidores estadounidenses.

Otra demanda comercial se centra en las naciones en las que los trabajadores ganan sólo USD 1 o USD 2 por día. Los proteccionistas reclaman que la mano de obra barata externa reduce los salarios nacionales y daña la industria estadounidense. No es así como funcionan las economías. Los trabajadores estadounidenses merecen altos salarios debido a sus habilidades, educación y productividad. Aún estarían bien pagos si los consumidores estadounidenses aprovecharan las ofertas especiales del comercio.

Ciertamente, el comercio se correlaciona con salarios más altos. Los trabajadores de las maquiladoras de México—que montan productos para exportación—ganan más que aquéllos con empleos similares en industrias nacionales. Los trabajadores estadounidenses de industrias para exportación merecen una prima del 18 por ciento. En general, las firmas orientadas a las exportaciones son más productivas y pagan mejor.

Con frecuencia, los gobiernos sucumben ante la seducción de las barreras comerciales temporales. Los países pobres, por ejemplo, pueden restringir las importaciones para darles la oportunidad de echar raíces a las industrias nacionales más nuevas. Tales estrategias confían a los burócratas la elección de los ganadores. Si se equivocan, es simplemente una pérdida de dinero. Y si están en lo cierto, el resultado es aún peor: las industrias se vuelven adictas a la protección, así que ordenan su peso político para mantenerla por largo tiempo luego de que haya servido a su propósito.

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