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El mundo en una lata

En la lata promedio de variedad de frutos secos, podrá encontrar almendras de Italia, nueces de China, castañas de Pará de Bolivia, anacardos de India, pistachos de Turquía, avellanas de Canadá—un auténtico surtido internacional. Las importaciones agregan sal a la vida ofreciendo a los consumidores una variedad de opciones casi ilimitada.

Version para imprimirInforme Anual 2002 —Banco de la Reserva Federal de Dallas

Los frutos del libre comercio

Interés de consumo

Desde los días de Adam Smith, los economistas han pregonado que la competencia es el mejor amigo del consumidor. El principio no cambia con la nacionalidad de los proveedores. Las importaciones enriquecen al mercado incrementando la variedad de bienes y servicios. A veces, los productos extranjeros ofrecen mayor calidad, mejor diseño o características agregadas. Muchas veces, las importaciones son más baratas.

Imagine al consumidor estadounidense sin bienes y servicios extranjeros. Los compradores de automóviles no podrían salir manejando ocho de los 10 vehículos mejor clasificados. Los dedos de las novias ya no brillarían con los mejores diamantes de África. Los restaurantes no podrían servir verdaderas margaritas porque México produce el único tequila auténtico. No habría titanio para forjar los palos de golf de alta tecnología que ayudan a los golfistas a dar golpes monstruosos. No tendríamos chocolate suizo ni cuchillería alemana.

Estados Unidos importa frutas secas de 67 países diferentes. Italia nos envía almendras. Les compramos anacardos a India, pistachos a Turquía y castañas de Pará a Bolivia. La variedad es la sal de la vida, y perderíamos parte de ella sin las importaciones: clavos de olor de Madagascar, nuez moscada de Guatemala, pimienta de India.

En millones de decisiones diarias, los compradores estadounidenses demuestran que conocen bastante el valor de las importaciones. Basta con mirar lo que estamos comprándole a un país—China. El gigante asiático se ha tornado uno de nuestros proveedores líderes de juguetes, artículos de cuero, herramientas eléctricas, zapatos y artículos electrónicos. Los estadounidenses compraron USD 123 mil millones de productos a China en 2002. (Véase la presentación 5).

Presentación 5
Hecho en China
No tiene que comprar en Pier 1 Imports para ver “Hecho en China.” Con tan sólo una visita a cualquiera de las principales tiendas minoristas estadounidenses—Wal-Mart, Best Buy, Toys“R”Us, Banana Republic—descubrirá tesoros de importaciones chinas que disfrutamos en la vida cotidiana. Compramos el 88 por ciento de las radios importadas de China, el 83 por ciento de los juguetes importados, el 70 por ciento de los artículos de cuero y el 67 por ciento de los zapatos. En 2002, Estados Unidos importó más de USD 8 mil millones en zapatillas y otros calzados de China, USD 6 mil millones en juguetes y USD 3 mil millones en grabadores de video. Esto suma el 11 por ciento del total de las importaciones estadounidenses, lo que supera el apenas 0,5 por ciento de 1980. ¿Qué haríamos sin China? Pagar más y obtener menos, con seguridad.
Abastecimiento de productos chinos
Principales importaciones
(miles de millones de dólares)
Principales importaciones
(porcentaje de todas las importaciones)
8,6 Zapatos   88 Radios
6,1 Juguetes   87 Artículos navideños y festivos
5,6 Unidades de entrada y salida   83 Juguetes
5,1 Partes de máquinas de procesamiento de datos   70 Artículos de cuero
3,2 Grabadores de video   67 Zapatos
2,6 Muebles de madera   67 Carteras
2,0 Equipos de transmisión   65 Lámparas e iluminación
1,7 Unidades de almacenamiento de datos   64 Estuches para cámaras, anteojos, etc.
1,6 Artículos navideños   60 Taladros y herramientas eléctricas
1,6 Juegos de video   56 Artículos domésticos de plástico
1,6 Equipos de telefonía   54 Artículos deportivos
1,4 Suéteres y pullovers   53 Recipientes de cerámica para la cocina

Si las importaciones sólo agregaran variedad y calidad al mercado, serían muy provechosas para los consumidores. Pero los bienes extranjeros también ayudan a mantener un tope en los precios. Lo hacen de dos maneras—siendo más baratos ellos mismos y alentando a los competidores estadounidenses a bajar sus precios.

Durante los últimos cinco años, han caído realmente los precios estadounidenses de una amplia gama de bienes comercializados, tales como computadoras, vestimenta, juguetes y artículos de fotografía. La mayor parte de los televisores actualmente provienen del extranjero y sus precios son casi un 10 por ciento inferiores a los de cinco años atrás. Los estadounidenses pagan un 15 por ciento menos por otros equipos de vídeo y más del 25 por ciento menos por computadoras y periféricos.

Al mismo tiempo, la inflación golpea más fuerte en bienes y servicios que enfrentan poca o ninguna competencia, tales como matrículas escolares, servicios médicos y televisión por cable. (Véase la presentación 6).

Presentación 6
Se buscan: más importaciones baratas

El comercio promueve la competencia, lo que recompensa a la productividad y limita el costo. Es por ello que los productos que cruzan fronteras tienden a tener tasas inflacionarias inferiores a las de aquellos que no lo hacen. Entre 1997 y 2002, los precios disminuyeron para una serie completa de bienes altamente comercializados—televisores, juguetes, platos, vestimenta, automóviles, arroz y más—mientras que aumentaron para la mayoría de los no comercializados—azúcar, manteca de maní, cortes de pelo, alquileres, medicamentos bajo receta, servicios hospitalarios y otros similares. El libre comercio es el mejor amigo del consumidor.

Cambio en el precio en cinco años (porcentaje)
(porcentaje) Productos más comercializados (porcentaje) Productos menos comercializados
–5,2 Equipos de video 0,8 Electricidad doméstica
–8,9 Televisores 1,0 Azúcar y edulcorantes artificiales
–6,5 Juguetes 1,9 Manteca de maní
–4,8 Equipos de fotografía 2,5 Colección de la basura
–4,4 Café tostado 2,7 Servicio completo de comidas y picadas
–3,9 Equipos de audio 3,0 Cortes de pelo y otros servicios de cuidado personal
–3,0 Platos y vajilla 3,3 Reparación de vehículos automotores
–2,1 Ropa para mujer 3,7 Alquiler de residencia primaria
–1,8 Camisas y suéteres para hombre 3,7 Gastos fúnebres
–1,7 Filme y artículos para fotografía 4,4 Servicios dentales
–1,6 Indumentaria para niñas 4,6 Entradas de cines, teatros y conciertos
–1,1 Calzado para hombres 5,0 Medicamentos bajo receta y artículos médicos
–0,5 Automóviles nuevos 5,1 Matrícula y gastos de la preparatoria
–0,5 Vestidos para mujer 5,2 Televisión por cable
–0,4 Arroz 5,6 Entradas de eventos deportivos
–0,3 Equipos para lavado doméstico 5,8 Servicios hospitalarios para pacientes internos

Sobre todas las cosas, el comercio es tema de la billetera. El bienestar de los consumidores, no la ganancia empresarial, es la medida real del éxito de una economía. Cuando los productores de todo el mundo compiten con nuestras empresas nacionales para dólares estadounidenses, nuestros consumidores ganan.

Las naciones abiertas a la economía mundial prosperan, mientras que aquellas que se esconden detrás de barreras comerciales no lo hacen. Consideremos el caso de China. Alguna vez potencia económica líder, China se cerró al resto del mundo en el siglo XV. El resultado fue cientos de años de decadencia económica; recién ahora se está revirtiendo debido a políticas más abiertas. Una investigación que comparó la libertad económica de las naciones con su desempeño económico descubrió que los ciudadanos de países que clasifican entres los cinco primeros en términos de libertad económica consumen casi el doble per cápita que aquéllos que viven en el siguiente 20 por ciento. Están de ocho a nueve veces mejor que los residentes de las naciones menos libres. (Véase la presentación 7).

Presentación 7
Libertad de consumo

Las personas que viven en países libres gozan de estándares de vida sustancialmente más altos que aquellas que viven en países represivos. El Banco Mundial recopila datos sobre el consumo per cápita por país. Dos grupos de investigación independientes—la Fundación Heritage de Washington, D.C. y el Instituto Fraser de Canadá—miden la libertad económica mundial utilizando una amplia variedad de criterios basados en componentes claves de la libre empresa, incluidas las políticas comerciales y la apertura a las inversiones extranjeras. Si relacionamos los grupos de información sobre consumo y libertad, podemos ver que el consumo per cápita en el quintil de países más libres económicamente es de ocho a nueve veces el de aquéllos del quintil menos libre.

Libertad económica y consumo
Libertad económica y consumo
Un cuento de dos países
 

En Corea del Norte, que se clasifica como el país con menor libertad económica, los consumidores deben reñir por los artículos más básicos, aún tratándose de alimentos. El ingreso per cápita tiene un promedio de sólo USD 950 por año.


  Los coreanos del sur disfrutan de la prima de una sociedad económicamente libre y orientada al capitalismo. El ingreso per cápita es de USD 11.428—12 veces el de Corea del Norte.

No es sorprendente que Estados Unidos y otras naciones capitalistas se clasifiquen como altas tanto en consumo per cápita como en libertad económica. En general, los aranceles estadounidenses son bajos, promediando sólo el 1,7 por ciento del valor de las importaciones. Aquellos aranceles que sí imponemos tienen impacto sobre sólo algunas industrias, tales como la agricultura, la textil y la confección de vestimenta. (Véase la presentación 8).

Presentación 8
El impuesto al comercio

Las reducidas tasas arancelarias disminuyeron las barreras comerciales y ayudaron a estimular el crecimiento económico en las últimas décadas. No obstante, un creciente número de barreras que han reemplazado a las tasas arancelarias amenaza con destruir lo bueno. Las restricciones voluntarias a las exportaciones, las leyes antidumping, los subsidios del gobierno, las restricciones a las licencias, etiquetas y envases, las leyes de contenido en productos de origen nacional y otras han surgido como los nuevos enemigos del libre comercio.

Relación de aranceles sobre importaciones
Relación de aranceles sobre importaciones
Barreras que han reemplazado a las tasas arancelarias: Los nuevos enemigos del comercio
  1. Cuotas de importación
  2. Restricciones voluntarias a las exportaciones
  3. Leyes antidumping
  4. Controles sobre el tipo de cambio
  5. Derechos compensatorios
  6. Subsidios del gobierno
  1. Restricciones a las licencias, etiquetas y envases
  2. Controles de calidad y normas técnicas
  3. Leyes de contenido en productos de origen nacional
  4. Retórica política
  5. Embargos y sanciones
  6. Estado de la nación más/menos favorecida

Los consumidores más pobres viven en países que se clasifican como los más cerrados al mundo externo, incluidos Cuba, Zimbabwe, Laos, Libia y Belarus. La Corea del Norte comunista queda en último lugar en términos de libertad económica y su estándar de vida palidece en comparación con el de la Corea del Sur capitalista, un país mucho más abierto con raíces culturales similares.

La competencia fortalece a las naciones. El proteccionismo las condena a la debilidad. Los países que se esconden detrás de barreras no se desempeñan tan bien como los libre-comerciantes. El Instituto internacional para el desarrollo de gestión de Suiza (IMD) genera un índice anual de competitividad, basado en cientos de factores que reflejan la fortaleza económica. Existe una fuerte correlación entre las naciones más competitivas y los países que se clasifican como altos en medidas de apertura económica. Las economías cerradas, por supuesto, se encuentran entre las menos competitivas.

Las políticas comerciales liberales no son una panacea, por supuesto. Al igual que Argentina, los países pueden continuar luchando luego de abrir sus mercados a la competencia extranjera. No pueden comprender que el libre comercio funciona cuando las naciones lo integran con otros principios claves del capitalismo, tales como el respeto por los derechos de la propiedad, los mercados de trabajo libres y menos regulaciones gubernamentales.

La competencia externa puede dejar a algunos trabajadores sin empleo, socavar algunas ganancias empresariales e irritar algunos mercados. Los nuevos productos, nuevas tecnologías y nuevas estrategias comerciales tienen los mismos efectos. Hemos aprendido a soportar—hasta celebrar—las fuerzas nacionales del cambio económico como elementos básicos del crecimiento económico. Deberíamos hacer lo mismo para el comercio y las inversiones internacionales.

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