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Version para imprimirInforme Anual 2002 —Banco de la Reserva Federal de Dallas

Los frutos del libre comercio

El secreto de la riqueza

Cuando los antiguos griegos se encontraban ante un dilema, consultaban al Oráculo en Delphi. Si le preguntáramos al Oráculo el secreto de la riqueza, ¿qué nos diría? ¿Trabajen duro? ¿Estudien? Probablemente, no. La diligencia y la inteligencia son estrategias para mejorar nuestro lugar en el mundo, pero mucha gente muy sabia y trabajadora permanece pobre.

No, el consejo del Oráculo consistiría en sólo unas pocas palabras: Haga lo que sepa hacer mejor. Comercialice lo demás. En otras palabras, especialícense y luego comercialicen.

El campesino cultiva trigo, el panadero hornea pan, el tejedor produce tejido, el sastre cose ropa, el leñador recoge madera, el carpintero construye casas. Mediante el intercambio de los frutos de su labor en el mercado, todos pueden disfrutar de más comida, vestimenta y abrigo de lo que podrían si cada uno intentara satisfacer sus necesidades individualmente.

En gran escala, eso es nuestro mundo. Los estadounidenses viven y trabajan en una sociedad altamente interdependiente donde los trabajos son especializados, y un hogar típico compra bienes y servicios a miles de fuentes, no sólo en este país sino en todo el mundo. Nos hemos dedicado a la especialización y al comercio, y el premio yace en un estándar de vida que es la envidia del mundo.

Si el comercio incluye la tintorería de la esquina o el fabricante de alfombras del lugar más remoto del mundo, todos los involucrados en la transacción terminan mucho mejor. ¿Por qué? Porque el comercio es voluntario. Nadie aceptaría un trato inequitativo por su propia voluntad.

Si existe un secreto sobre la riqueza, éste yace en la alquimia de la especialización y el comercio. El comprador y el vendedor consumen más sin mayor esfuerzo. Suena demasiado bien para ser cierto. Sin embargo, a diferencia de la falsa promesa del alquimista de convertir plomo en oro, los beneficios de la especialización y del comercio tienen lugar toda vez que los mercados puedan funcionar.

Es una cuestión de trabajar más sabia en vez de más duramente.

Las sociedades obtuvieron los beneficios de la especialización y del comercio durante miles de años antes de que el economista inglés David Ricardo (1772–1823) finalmente demostrara el porqué de su funcionamiento. Su teoría sobre la ventaja comparativa ayuda a explicar por qué Estados Unidos exporta porotos de soja a China e importa zapatos a cambio.

Supongamos que un trabajador estadounidense promedio puede producir 100 fanegas de porotos de soja o cinco pares de zapatos y un trabajador chino tipo puede producir ocho fanegas de porotos de soja o cuatro pares de zapatos.

Estados Unidos es más productivo que China en ambas industrias, pero los consumidores de ambos países todavía pueden beneficiarse de la especialización y del comercio. Pasar a un trabajador estadounidense de una fábrica de zapatos a un cultivo de porotos de soja produce una ganancia de 100 fanegas de porotos de soja al costo de cinco pares de zapatos. Pasar a dos trabajadores chinos de un cultivo a una fábrica aumenta la producción de zapatos en ocho pares pero disminuye la producción de porotos de soja en 16 fanegas. El efecto neto es un incremento de 84 fanegas de porotos de soja y tres pares de zapatos.

La producción total de ambos productos alcanza un máximo cuando Estados Unidos se especializa en porotos de soja y China en zapatos. A través del comercio, los dos países pueden repartir la producción agregada entre sí, dejando a ambos mucho mejor de lo que estaban por su cuenta. (Véase la presentación 2).

Presentación 2
La alquimia del intercambio
Quinientos trabajadores chinos pueden producir cuatro pares de zapatos u ocho fanegas de porotos de soja cada uno. Cien trabajadores estadounidenses pueden producir cinco pares o 100 fanegas cada uno—más productivos en ambos trabajos pero comparativamente más aún en lo relativo al cultivo. Bajo un régimen autárquico—aislado del comercio exterior—los trabajadores chinos pueden comprar un par de zapatos cada uno y seis fanegas de porotos de soja; los estadounidenses, tres y 40. Con el libre comercio, China se especializará en zapatos y Estados Unidos en porotos de soja, aumentando la producción mundial de zapatos de 800 a 2.000 pares y de porotos de soja de 7.000 a 10.000 fanegas. Los trabajadores chinos podrán comprar entonces tres pares de zapatos y 10 fanegas de porotos de soja; los trabajadores estadounidenses, cinco y 50.

Autarquía Libre comercio
  China EE.UU. China EE.UU.
   Mano de obra 500 100 500 100
Producción por trabajador        
   Zapatos 4 5 4 5
   Porotos de soja 8 100 8 100
Empleo        
   Zapatos 125 60 500 0
   Porotos de soja 375 40 0 100
Producción        
   Zapatos 500 300 2,000 0
   Porotos de soja 3,000 4,000 0 10,000
Consumo        
   Zapatos 500 300 1,500 500
   Porotos de soja 3,000 4,000 5,000 5,000
Consumo por persona        
   Zapatos 1 3 3 5
   Porotos de soja 6 40 10 50

En el mundo real, el comercio no es un pase entre dos partes. Estados Unidos negocia con más de 225 naciones diferentes—desde Albania hasta Zimbabwe. La cantidad inmensa de potenciales transacciones aumenta las oportunidades de beneficiarse del comercio.

Esta potente división internacional del trabajo permite que Estados Unidos aproveche su experiencia en industrias tales como las de fabricación de aeronaves jet y prestación de servicios financieros mientras otros países explotan su fortaleza en la producción de petróleo y el montaje manual.

La especialización y el comercio surgen del afán de lucro. Excepto cuando los costos de transacción son muy altos o los gobiernos imponen barreras, los compradores y los vendedores se encontrarán. No estamos hechos para hacerlo solos.

La autosuficiencia puede sonar noble en lo abstracto, pero condena a la gente a estándares de vida exiguos. La historia nos lo ha demostrado. Los pioneros estadounidenses, viviendo en hogares y ranchos lejanos, no tuvieron otra opción que producir todo por sí solos. Ellos personificaron la virtud del autosustento; no obstante, trabajaban de sol a sol, siete días a la semana, para ganarse la vida a duras penas. (Véase la presentación 3).

Presentación 3
Independientemente pobres
Imagine el estándar de vida que cada uno de nosotros tendría si sólo consumiéramos los bienes y servicios que pudiéramos producir. Pocos de nosotros podemos confeccionar nuestra propia ropa, construir nuestra propia casa o hasta cultivar suficiente comida para sobrevivir. Como máximo, nuestro estándar de vida autosuficiente alcanzaría el de los pioneros, quienes trabajaron largas horas pero continuaron siendo muy pobres. Según Adam Smith, el padre de la economía moderna, reveló en Wealth of Nations (La riqueza de las naciones), las claves de la riqueza son la especialización y el comercio, no sólo el trabajo.
Familia de pioneros de Nebraska, 1886

Familia de pioneros de Nebraska, 1886

La dimensión del mercado

No hay acomodadores de automóviles en el campo. Ni siquiera encontrará un taxi. Ello se debe a que “la división del trabajo está limitada por la dimensión del mercado”, según Adam Smith observó hace unos 225 años. Sólo en las ciudades la especialización es lo suficientemente amplia para que alguien pueda manejar o estacionar autos para ganarse la vida. Al trazar una regresión lineal con más de 3.000 condados estadounidenses, podemos observar que el ingreso per cápita tiende a aumentar con la densidad de la población. Nueva York (no se muestra) es el condado más densamente poblado (66.940 personas por milla cuadrada) y tiene el ingreso per cápita más alto (USD 93.999). El condado Loup, en Nebraska, uno de los de menor densidad de población (1,2 personas por milla cuadrada), tiene el ingreso per cápita más bajo (USD 6.831).

El ingreso per cápita aumenta con la densidad de la población
El ingreso per cápita aumenta con la densidad de la población

Un comodín nunca será rico. Debido a que la especialización y el comercio crean riqueza, la independencia se torna una ridiculez—tanto para los países como para las personas.

Estados Unidos podría cultivar sus propias bananas, pero tomaría una inversión enorme el reproducir las condiciones de crecimiento del trópico. Mediante el uso de enormes invernaderos vidriados, luces artificiales y regadoras, podríamos probablemente lograr autosustento de bananas. Nuestras bananas, por supuesto, serían las más caras del mundo. Es absurdo en términos económicos.

Nadie aboga por la independencia de la banana, pero la energía es otro tema. Porque esta nación se está volviendo más dependiente del petróleo extranjero y con el crecimiento del riesgo de trastornos en los mercados de petróleo internacionales, los defensores del aislacionismo quieren que Estados Unidos sacie su propia sed de gasolina. Como en el caso de las bananas, Estados Unidos podría lograr autosuficiencia de petróleo—si los consumidores estuvieran dispuestos a asumir el costo.

Durante las dos últimas décadas, la demanda de petróleo de Estados Unidos ha crecido de modo sostenido. Al mismo tiempo, la capacidad de la nación de extraer energía a precios competitivos ha decaído. Ahora importamos el 61 por ciento de nuestro petróleo, así que satisfacer la demanda sin los proveedores extranjeros requeriría precios mucho más altos para cubrir la producción y reducir el consumo.

Los precios del petróleo interno tendrían que saltar a cerca de USD 145 el barril para incrementar la producción el 7,5 por ciento, a 3,7 miles de millones de barriles por año. Aún tendríamos que sobrevivir con un 60 por ciento menos de petróleo, así que los precios al consumidor se triplicarían, al menos a USD 7,50 el galón. La independencia de la energía condenaría a los consumidores a reducir agudamente sus estándares de vida y aumentar los costos en casi toda la industria estadounidense. En suma, el PBI caería un 6,7 por ciento. (Véase la presentación 4).

Presentación 4
La independencia petrolera—a USD 7,50 el galón
Estados Unidos ha sido un importador neto de petróleo desde fines de la década del 40. Hoy, casi dos tercios (61 por ciento) de nuestro petróleo provienen del extranjero. Algunas personas opinan que esta situación hace que la nación sea vulnerable y que deberíamos procurar ser independientes en términos de energía. Pero, ¿qué costo tendría? Los economistas fijan la elasticidad del precio a alrededor de 0,04 para la producción de petróleo de Estados Unidos y –0,5 para la demanda interna de petróleo. Ello significa que se necesitaría un aumento bruto del 500 por ciento en los precios del petróleo para igualar la oferta y la demanda internas en un período de 10 años. Los conductores estadounidenses de automóviles pagarían cerca de USD 7,50 el galón de gasolina y tendrían que conducir alrededor del 60 por ciento menos. Los precios del plástico y de otros derivados del petróleo aumentarían fuertemente y también tendríamos que consumir menos de esos productos. Todo dicho; la nación sufriría una pérdida anual de USD 80 mil millones de PBI, lo que aumentaría con el transcurso del tiempo a medida que agotemos nuestras limitadas reservas de petróleo. Seríamos independientes—y pobres.
Producción y consumo interno de petróleo crudo
Producción y consumo interno de petróleo crudo

El petróleo no difiere de otros bienes y servicios. Estamos mucho mejores importando petróleo de naciones que lo producen a un costo más bajo. Pagamos por él vendiendo nuestros bienes y servicios a proveedores de petróleo en otros países.

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