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Artículos de investigación

Trabajadores migratorios permanecen en la zona confortable de la frontera
Por Pia Orrenius y Madeline Zavodny

Southwest Economy
Mayo/Junio 2008

Durante el aumento rápido de la inmigración de mexicanos a los Estados Unidos entre los años de 1980 a 2000, un número cada vez mayor de trabajadores migratorios decidieron permanecer en ciudades a lo largo de la frontera en vez de viajar hacia el interior del país en búsqueda de mejores oportunidades de empleo.

En la frontera, la parte de la población de los Estados Unidos nacida en México aumentó desde aproximadamente el 10 por ciento en 1980 hasta más del 15 por ciento en el año 2000, con la mayor parte del aumento concentrado en la década de 1990. En general, la parte de la población de los Estados Unidos nacida en México en el 2000 fue de sólo el 3.3 por ciento.

Con exclusión del área de mayor afluencia de San Diego, los ingresos per cápita del lado estadounidense de la frontera son de $22,302, o el 61 por ciento del promedio nacional.[1] ¿Qué factores impulsan la emigración mexicana hacia una de las regiones más pobres de los Estados Unidos? ¿Por qué los trabajadores migratorios dejarían de aprovechar mercados laborales más lucrativos en el interior de los Estados Unidos escogiendo el estilo de vida de la región fronteriza?

La mayor parte de los conocimientos que tenemos acerca de la inmigración de mexicanos a los Estados Unidos se concentra en las experiencias de trabajadores migratorios en los destinos de entrada tradicionales, los cuales incluyen las ciudades de Los Ángeles, Chicago y Houston. Tenemos mucho menor información acerca de los mexicanos que deciden emigrar a las ciudades fronterizas de los Estados Unidos. La investigación sugiere que los trabajadores migratorios fronterizos son muy diferentes de los que se trasladan al interior de los Estados Unidos en términos de su dominio del inglés, su educación, distribución ocupacional y sus ingresos.[2]

Utilizando datos tomados del Proyecto de la Migración Mexicana (Mexican Migration Project —MMP), una encuesta de los hogares mexicanos que lleva ya varios años de duración, examinamos nuevamente las características sociodemográficas de los trabajadores migratorios fronterizos y sus patrones migratorios. Preguntamos también si los trabajadores migratorios empleados a lo largo de la frontera ganan salarios significativamente más bajos que los que trabajan en el interior de los Estados Unidos y por cuál podría ser la razón de esto.

Los resultados sugieren que el acceso limitado a redes de trabajadores migratorios y las preferencias geográficas fuertes pueden ser la razón subyacente de la inclinación de los trabajadores migratorios fronterizos a aceptar salarios más bajos en la frontera, en vez de aventurarse a buscar salarios más altos en el interior de los Estados Unidos.

El seguimiento de los trabajadores migratorios mexicanos
Desde 1982, el proyecto MMP ha realizado encuestas con aproximadamente 200 hogares seleccionados al azar en 114 comunidades mexicanas propensas a enviar trabajadores migratorios. En estas encuestas se ha recogido información migratoria y demográfica básica sobre todos los miembros de los hogares, al igual que los antecedentes migratorios completos de la cabeza de cada familia. Aunque los datos obtenidos por el MMP no son representativos de todos los trabajadores migratorios mexicanos que han venido a los Estados Unidos, es una de las pocas fuentes de información sobre las características y las conductas migratorias fluctuantes con el tiempo de trabajadores migratorios indocumentados y de los que regresan desde México.[3]

Nuestro análisis enfoca el primero y el último de los viajes a los Estados Unidos realizados por varones y mujeres de 12 o más años de edad, quienes inmigraron a este país entre los años de 1980 y 2005. Los participantes en la encuesta hablaron sobre muchas dimensiones de sus viajes migratorios, inclusive dónde se encontraban en los Estados Unidos y por cuánto tiempo, sus oficios, salarios y estatus legales. A las cabezas de familia se les formularon también preguntas acerca de su dominio del inglés y la experiencia de sus familias como inmigrantes. El 14 por ciento de las personas entrevistadas había realizado por lo menos un viaje que las calificaba, lo cual creó una muestra estadística de aproximadamente 17,000 viajes.

Durante el período de la muestra, el 7.4 por ciento de los viajes fueron hasta la frontera con los Estados Unidos y los demás hacia el interior de este país. Definimos a las siguientes ciudades como destinos fronterizos: San Diego; Yuma y Tucson, Arizona; Las Cruces, Nuevo México; y El Paso, Laredo, McAllen y Brownsville, Texas.[4]

Los destinos más importantes de los trabajadores migratorios hacia el interior de los Estados Unidos fueron Los Ángeles (el 26.7 por ciento), Chicago (el 10.7 por ciento), Houston (el 4.5 por ciento), Dallas (el 4.1 por ciento), el Condado de Orange en California (el 3.6 por ciento) y Fresno, California (el 3.1 por ciento).

Entre 1989 y 1997, los datos indican un aumento creciente en la parte de los viajes que se hicieron hacia ciudades fronterizas de los Estados Unidos, en comparación con los realizados hacia el interior de este país (Gráfica 1). El ascenso vertiginoso en la actividad migratoria fronteriza de 1995 es particularmente impresionante. Coincide con la “Crisis del Tequila”, la caída económica mexicana que produjo la devaluación del peso en un 49 por ciento y una contracción del 7.1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en un año. Durante este período, la frontera fue la válvula de escape para mexicanos golpeados por la recesión.

Gráfica 1: Porcentaje de trabajadores migratorios que viajaron a las ciudades fronterizas

La reducción en el movimiento migratorio fronterizo después de1997 es, en su mayor parte, un artefacto de los datos del MMP. El tamaño de las muestras se reduce hacia finales del período, a medida que las comunidades salen del marco de la muestra. El declive es particularmente severo en el caso de los trabajadores migratorios fronterizos porque su número es tan reducido.

Características de los trabajadores migratorios
Comparados con los trabajadores migratorios al interior de este país, los trabajadores migratorios fronterizos poseen un número mayor de años de educación, tienden a provenir de familias un poco más pequeñas y es mas probable que hayan sido trabajadores migratorios dentro de su propio país, desplazándose dentro de México antes de decidir trabajar en los Estados Unidos.

Los trabajadores migratorios fronterizos son menos inclinados a reportar que no hablan inglés. Provienen típicamente de comunidades con menos experiencia migratoria, de manera que poseen en general antecedentes migratorios colectivos más cortos y un acceso menor a las redes de trabajadores migratorios.

Las redes se definen típicamente como parientes que tienen experiencia migratoria y pueden inclusive residir en el extranjero. Estas conexiones dan información a los trabajadores migratorios potenciales acerca del cruce de la frontera y la manera de encontrar empleo y vivienda en los Estados Unidos. Las redes deberían ser menos importantes para trabajadores migratorios fronterizos que para trabajadores migratorios en el interior del país. Los requisitos para la obtención de visas no son tan estrictos, de manera que para inmigrantes nuevos desde México es más fácil ingresar a las ciudades fronterizas estadounidenses donde el habla del idioma español está muy difundida, lo cual facilita más el acceso a información.

Los trabajadores migratorios mexicanos que viven a lo largo de la frontera tienen una probabilidad mucho más alta de provenir del norte de México, siendo un 53 por ciento oriundos de los estados interiores del norte de México y un 22 por ciento de sus estados fronterizos.[5] Los que inmigran hacia el interior de los Estados Unidos tienden a provenir de los estados centrales y occidentales de México, y de comunidades con un número significativamente mayor de redes de trabajadores migratorios constituidos por sus padres o hermanos.

La región de la frontera atrae probablemente a trabajadores migratorios que prefieren residir cerca de sus hogares, ya sea porque tienen familiares en los estados del norte de México, o porque no quieren aventurarse hacia áreas relativamente desconocidas en el interior de los Estados Unidos. Trasladarse más allá de los puntos de entrada hacia el interior del país requiere que los trabajadores migratorios legalmente admitidos completen formularios adicionales, y que los que ingresan ilegalmente eviten ser detectados por las Patrullas Fronterizas estacionadas a lo largo de todos los caminos y carreteras principales que van hacia el interior.

Debido a que la frontera es un destino más cercano y seguro, no es sorprendente que las mujeres representen una parte desproporcionadamente grande de los trabajadores migratorios en las ciudades fronterizas de los Estados Unidos (Gráfica 2). Esta tendencia se ha desarrollado también debido a la naturaleza de la demanda laboral en la frontera. Las maquiladoras han dependido tradicionalmente de una fuerza laboral predominantemente femenina y han actuado como un imán, atrayéndolas de todas partes de México. Las trabajadoras migratorias han encontrado también una abundancia de oportunidades de empleo a lo largo del lado estadounidense de la frontera en las industrias de servicios domésticos y, más recientemente, en ventas al por menor y en la industria de la hospitalidad.

Gráfica 2: Porcentaje femenino de la mano de obra migratoria

Los trabajadores migratorios de la frontera son menos propensos a cruzar la frontera con los Estados Unidos ilegalmente. La alta concentración de Patrullas Fronterizas y otras autoridades de inmigración y aduana, sugiere que el área atrae a trabajadores migratorios que pueden cruzar la frontera legalmente, como, por ejemplo, los que poseen visas temporales, inclusive visas de turista, o tarjetas para cruzar la frontera.[6]

La parte de viajeros ilegales ha sido consistentemente más baja entre los trabajadores migratorios que van a las ciudades fronterizas en comparación con los que viajan al interior del país (Gráfica 3). La única excepción ocurrió cuando la parte de la inmigración ilegal hacia el interior alcanzó un nivel bajo histórico en el período inmediatamente posterior a la amnistía de 1986, conocida más formalmente como la Ley de reforma y control de la inmigración (Immigration Reform and Control Act).

Gráfica 3: Porcentaje de trabajadores migratorios ingresados ilegalmente a los Estados Unidos

Otra diferencia interesante entre la inmigración fronteriza y la inmigración al interior del país es la influencia del ciclo económico. La inmigración fronteriza es mucho más sensitiva que la inmigración hacia el interior de los Estados Unidos a los cambios en las condiciones económicas de los Estados Unidos y de México. Un análisis regresivo de la inmigración indica que un 10 por ciento de aumento en el nivel del empleo en los Estados Unidos origina un 15 por ciento de aumento en la inmigración de trabajadores a ciudades fronterizas en comparación con los destinos del interior.

Además del nivel del empleo en los Estados Unidos, el PIB y las tasas de interés de México tienen también un impacto significativo sobre la inmigración fronteriza. En relación con la inmigración hacia el interior, tanto la reducción en un 1 por ciento del PIB de México, como un aumento del 10 por ciento en las tasas de interés a corto de plazo de México, dieron como resultado, en cada caso, un aumento del 0.4 por ciento en la inmigración fronteriza.

Empleos y Salarios
Las características de la economía fronteriza ayudan a definir la demanda y el suministro de mano de obra en la región. A pesar de una alta incidencia de pobreza y de bajos niveles educativos, el área ha experimentado un crecimiento rápido de empleos. El número de empleos ha aumentado un 2.3 por ciento, como promedio, por año desde 1990, en comparación con un 1.4 por ciento en los Estados Unidos, lo cual ha ayudado a reducir las tasas de desempleo en la frontera de dos dígitos a uno.[7] El desempleo en el área fronteriza bajó a niveles sin precedentes en la década del 2000.

Desde la aprobación del Tratado de Libre Comercio de Norte América en 1993, el crecimiento de empleos en la frontera se ha expandido en forma significativa en las áreas de transporte, gobierno, finanzas, bienes raíces, y comercio al por menor y al por mayor. Muchas de las nuevas oportunidades de empleo están vinculadas al aumento del comercio entre México y los Estados Unidos, al crecimiento de la población en ambos lados de la frontera, y a la robustez y estabilidad de la moneda mexicana. Desde finales de la década de 1990, el peso con un valor fuerte ha sostenido un influjo creciente de clientes mexicanos en las tiendas al por menor de los Estados Unidos en la frontera.

La transformación de la economía fronteriza ha significado una reducción dramática del porcentaje de trabajadores dedicados a empleos agrícolas, y un aumento en la fracción de trabajadores migratorios en empleos relacionados con las áreas de servicios y ventas al por menor.

La parte de los trabajadores migratorios fronterizos que trabajaban en la agricultura bajó del 60 por ciento en 1980 a menos del 10 por ciento en 2004 (Gráfica 4). Durante el mismo período, la fracción que trabajaba en ventas casi se triplicó al 33 por ciento. De manera similar, la parte en empleos de servicios aumentó a más del doble, desde el 20 por ciento en 1980 a más del 40 por ciento a mediados de la década de 1990. 

Gráfica 4: Porcentaje de trabajadores migratorios en empleos agrícolas

La concentración de trabajadores migratorios con capacitación profesional es ligeramente mayor a lo largo de la frontera que en el interior. Un sub-grupo importante entre los profesionales mexicanos son los dueños, gerentes y ejecutivos de fábrica, muchos de los cuales probablemente trabajan en maquiladoras en México, mientras residen del lado estadounidense de la frontera.

¿Y qué podemos decir de los salarios? Las regresiones salariales demuestran que los trabajadores migratorios en la frontera ganan un 16 por ciento menos que los del interior del país. La desventaja salarial fronteriza parece estar vinculada principalmente a la naturaleza de la fuerza laboral en la frontera.

Las trabajadoras migratorias en el interior ganan el 25 por ciento menos que los trabajadores hombres con características similares, pero en la frontera, el déficit salarial de las mujeres es del 41 por ciento. La diferencia salarial se debe en parte a los tipos de empleo que las inmigrantes mexicanas en la frontera tienden a ocupar —niñeras, empleadas domésticas y empleadas en tiendas al por menor.

Los inmigrantes ilegales en el interior ganan aproximadamente el 13 por ciento menos que los trabajadores similares que cruzan la frontera legalmente, pero los inmigrantes ilegales en la frontera ganan el 29 por ciento menos. Los trabajadores indocumentados presuntamente confrontan una desventaja salarial relacionada con la frontera, porque tienen que competir con un grupo binacional grande de trabajadores que poseen destrezas y antecedentes similares, pero que pueden trabajar legalmente en los Estados Unidos.

Los salarios son significativamente más altos para trabajadores con más años de educación, aunque un año adicional de educación se asocia con un aumento salarial de solamente el 1 por ciento. Aunque la educación es relativamente escasa en la frontera, la regresión sugiere que las ventajas de la educación no son más altas en la frontera, al menos para los trabajadores migratorios mexicanos. Este resultado se relaciona posiblemente con la transferibilidad limitada de las credenciales educativas, o con la baja calidad de la educación en las comunidades de origen de los inmigrantes.

En resumen, la necesidad de un número menor de redes de trabajadores y el deseo de mantener una proximidad a México son probablemente más importantes para los trabajadores migratorios fronterizos que la desventaja salarial, y ayudan a explicar su concentración en estas áreas. El costo de la vida es también más bajo a lo largo de la frontera, lo cual reduce hasta cierto punto la desventaja salarial en comparación con los salarios que se pagan en el interior.

 

Acerca de los autores

Orrenius es Economista Senior y Consejera en materia de políticas en el Departamento de Investigación del Banco de la Reserva Federal de Dallas; Zavodny es Profesora Asociadoa de Economía en Agnes Scott College de Georgia.

Notas

El presente artículo está basado en investigaciones realizadas por Orrenius y Zavodny en colaboración con Leslie Lukens de la Universidad de Texas en Austin. Su artículo titulado en inglés �Differences Between Mexican Migration to the U.S. Border and the Interior: Evidence from Mexican Survey Data� está próximo a publicarse en Labor Market Issues Along the U.S.–Mexico Border: Economic and Demographic Analyses, ed. Marie T. Mora y Alberto Dávila, University of Arizona Press.

  1. Si se incluye a San Diego, los ingresos per cápita del lado estadounidense de la frontera son de $30,904, o sea, el 85 del promedio nacional de los Estados Unidos.
  2. Ver “English Skills, Earnings, and the Occupational Sorting of Mexican Americans Along the U.S.–Mexico Border,” por Alberto Dávila y Marie T. Mora, International Migration Review 34, Primavera, 2000, pp. 133–57.
  3. Para obtener datos e información, consulte el sitio en la Web de la Office of Population Research, Princeton University: http://mmp.opr.princeton.edu.
  4. Tucson y Las Cruces no se consideran por lo general ciudades fronterizas porque no son adyacentes a México. Sin embargo, se encuentran en condados adyacentes a la frontera y, tomando en cuenta el tamaño pequeño de nuestras muestras estadísticas, decidimos incluirlas como ciudades fronterizas.
  5. La mayoría de los trabajadores migratorios del proyecto MMP son de estados occidentales, entre ellos Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Colima y Aguascalientes —estados en una región que tradicionalmente ha contribuido números elevados de trabajadores migratorios a los Estados Unidos. Los otros estados del MMP incluyen Baja California Norte, Chihuahua y Nuevo León (estados fronterizos); Sinaloa, Durango, Nayarit, Zacatecas y San Luis Potosí (estados interiores del norte); y Oaxaca, Puebla, Guerrero, Hidalgo, Tlaxcala, Veracruz y el estado de México (estados centrales).
  6. Poder cruzar la frontera legalmente no significa que estos trabajadores migratorios puedan trabajar legalmente en los Estados Unidos, aunque muchos de ellos lo hacen de todas maneras. También ocurre con frecuencia, que las estadías de estas personas sobrepasan el término autorizado por su visa, al final del cual pierden su estatus legal.
  7. Ver “Border Region Makes Progress in the 1990s,” por Eric Dittmar y Keith R. Phillips, Banco de la Reserva Federal de Dallas Vista, diciembre de 1999.

 

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Artículo en inglés