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Una explicación del aumento de las remesas bancarias a México
Por Jesus Cañas, Roberto Coronado y Pia M. Orrenius
Southwest Economy
Julio/Agosto 2007
Los mexicanos residentes en los Estados Unidos enviaron una suma récord de $23,100 millones a su país de origen en el año 2006, colocando las remesas de dinero en el tercer lugar, después de las exportaciones de petróleo y de las maquiladoras, como generadora de divisas extranjeras para México (Gráfica 1). Durante la última década aproximadamente, las remesas ajustadas para reflejar la inflación han crecido a un ritmo anual del 15.6 por ciento. Desde el año 2000, este ritmo ha subido al 20.4 por ciento.

¿Qué impulsa el rápido aumento en el envío de remesas bancarias a México? Es una interrogante que ha dejado perplejos a los investigadores durante años porque las fuerzas económicas más probables no parecen haber entrado en juego. Factores fundamentales, como el tamaño de la población de trabajadores migratorios mexicanos, sus ingresos y la robustez de sus lazos con México, no han crecido con la misma rapidez que sus remesas de dinero. Otras variables, como el tipo de cambio entre el peso y el dólar y las condiciones económicas de México, han permanecido relativamente estables desde por lo menos 1996.
Lo que sí ha cambiado es el costo de las transferencias de dinero, el cual ha caído vertiginosamente desde 2000, y las técnicas de medición del Banco de México. Combinados, estos factores probablemente han determinado la mayor parte del crecimiento inexplicable de las remesas bancarias en los últimos años.
Destinos y orígenes
Para México, las remesas bancarias son una fuente importante de ingresos y de estabilidad. En algunas de las regiones más pobres del país, tales como los estados centrales y del sur, los ingresos adicionales provenientes de familiares en los Estados Unidos son esenciales para sostener el nivel de vida y apoyar las economías locales.
El Banco de México posee buenos datos sobre los destinos de las remesas bancarias dentro de México (Tabla 1). Los estados centrales y occidentales del país atraen la mayor parte de estos flujos financieros, con el estado de Michoacán en el primer lugar con casi $2,500 millones, el 16.1 por ciento del Producto Estatal Bruto (PEB). Guanajuato ocupa el segundo lugar con $2,100 millones (el 14.8 por ciento), luego Jalisco con $2,000 millones (el 2.4 por ciento) y el Estado de México con $1,900 millones (el 6.3 por ciento). Como parte del PEB, las remesas bancarias son también significativas en Guerrero, Zacatecas, Oaxaca y Nayarit.
| Tabla 1 |
| Distribución de las remesas bancarias en México |
Rango |
|
Millones de $U.S. |
Parte (%) |
Per cápita (dólares) |
Parte de PEB (%) |
1 |
Michoacán |
2,472 |
|
10.7 |
|
617 |
|
16.1 |
|
2 |
Guanajuato |
2,055 |
|
8.9 |
|
414 |
|
14.8 |
|
3 |
Jalisco |
1,993 |
|
8.6 |
|
291 |
|
2.4 |
|
4 |
Estado de México |
1,926 |
|
8.4 |
|
135 |
|
6.3 |
|
5 |
Distrito Federal |
1,551 |
|
6.7 |
|
176 |
|
.7 |
|
6 |
Veracruz |
1,415 |
|
6.1 |
|
196 |
|
3.7 |
|
7 |
Puebla |
1,386 |
|
6.0 |
|
253 |
|
4.4 |
|
8 |
Oaxaca |
1,198 |
|
5.2 |
|
337 |
|
8.6 |
|
9 |
Guerrero |
1,157 |
|
5.0 |
|
367 |
|
10.3 |
|
10 |
Hidalgo |
853 |
|
3.7 |
|
358 |
|
1.6 |
|
11 |
Chiapas |
808 |
|
3.5 |
|
185 |
|
4.8 |
|
12 |
Zacatecas |
610 |
|
2.6 |
|
441 |
|
9.1 |
|
13 |
San Luis Potosí |
607 |
|
2.6 |
|
248 |
|
3.5 |
|
14 |
Morelos |
528 |
|
2.3 |
|
323 |
|
4.7 |
|
15 |
Querétaro |
467 |
|
2.0 |
|
287 |
|
3.2 |
|
16 |
Sinaloa |
420 |
|
1.8 |
|
159 |
|
2.6 |
|
17 |
Aguascalientes |
378 |
|
1.6 |
|
348 |
|
3.9 |
|
18 |
Durango |
371 |
|
1.6 |
|
242 |
|
3.4 |
|
19 |
Chihuahua |
369 |
|
1.6 |
|
112 |
|
.8 |
|
20 |
Tamaulipas |
356 |
|
1.5 |
|
116 |
|
1.2 |
|
21 |
Nayarit |
328 |
|
1.4 |
|
341 |
|
7.2 |
|
22 |
Nuevo León |
286 |
|
1.2 |
|
67 |
|
.6 |
|
23 |
Tlaxcala |
258 |
|
1.1 |
|
236 |
|
5.0 |
|
24 |
Baja California Norte |
232 |
|
1.0 |
|
80 |
|
.7 |
|
25 |
Sonora |
216 |
|
.9 |
|
89 |
|
.9 |
|
26 |
Coahuila |
216 |
|
.9 |
|
85 |
|
.7 |
|
27 |
Colima |
167 |
|
.7 |
|
289 |
|
3.9 |
|
28 |
Tabasco |
150 |
|
.7 |
|
74 |
|
1.2 |
|
29 |
Yucatán |
114 |
|
.5 |
|
61 |
|
.9 |
|
30 |
Quintana Roo |
79 |
|
.3 |
|
67 |
|
.7 |
|
31 |
Campeche |
63 |
|
.3 |
|
82 |
|
.5 |
|
32 |
Baja California Sur |
25 |
|
.1 |
|
47 |
|
.5 |
|
| |
Totales nacionales |
23,054 |
|
100 |
|
220 |
|
2.7 |
|
|
| NOTA: Todos los datos corresponden al año 2006, excepto el de la parte del PEB, que corresponde a 2004. |
| FUENTES: Banco de México; Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática; cálculos de los autores. |
En contraste, los estados mexicanos que colindan con la frontera norteña —Baja California Norte, Sonora, Chihuahua, Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas— se encuentran entre los destinatarios con el menor número de remesas. Juntos, ellos reciben menos de $1,700 millones, cifra que representa solamente el 0.9 por ciento del PEB de estos estados.
Los estados fronterizos tienen un volumen menor de remesas porque se encuentran entre los estados más ricos de México y típicamente no son una fuente de los emigrantes de poca capacitación que van a los Estados Unidos.
Aunque México da seguimiento a los destinos de las remesas bancarias, tenemos menos información acerca del origen del dinero dentro de los Estados Unidos. Al nivel estatal, no existen datos que den seguimiento a las remesas enviadas a México. No cabe duda que Texas, como el lugar donde reside un quinto de todos los inmigrantes mexicanos en los Estados Unidos, es la fuente de una gran parte de las remesas. Nos damos cuenta de esto examinando la encuesta anual realizada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de las remesas bancarias enviadas a la América Latina, en la cual Texas clasifica en el segundo lugar con $5,200 millones en 2006, un aumento del 64 por ciento sobre los niveles en 2004 (en términos nominales).[1] California encabeza las remesas a la América Latina con $13,200 millones y Nueva York clasifica en el tercer lugar con $3,700 millones.
La encuesta del BID demuestra también que el 47 por ciento de los inmigrantes latinoamericanos adultos que residen en Texas envían regularmente dinero a sus países, en comparación con el 63 por ciento en California y el 77 por ciento en Nueva York. Estas diferencias probablemente son el resultado de la composición de la población inmigrante latina en cada estado. En Texas, los latinos nacidos en el extranjero son por lo general, trabajadores solteros jóvenes procedentes de México. Tienen también una mayor probabilidad de residir en estados fronterizos de México y llevar dinero consigo durante viajes de visita a su país —una forma de transferencia que no se registra como remesas bancarias en la mencionada encuesta.
En una era durante la cual un mayor número de trabajadores extranjeros cruzan las fronteras, el crecimiento anual de dos dígitos de las remesas bancarias enviadas a México no es sorprendente. Al examinar las remesas reales hacia un grupo de países en desarrollo desde 1994 hasta 2005, se ve que muchos tienen tasas de crecimiento tan altas o más altas que las de México (Gráfica 2). Entre otros países y en términos reales, el envío de remesas creció a más del doble durante este período para la India, las Filipinas, China, Bangladesh, Polonia, Colombia, Guatemala, El Salvador, la República Dominicana, Nigeria, Ecuador, Indonesia, Sri Lanka y Jamaica.[2]

Factores clave
¿Qué factores determinan la cantidad de dinero que los mexicanos envían a su país? En general, las remesas enviadas tienden a aumentar cuando la población migratoria crece, sus ingresos aumentan, el tipo de cambio entre el peso y el dólar sube, los costos de las transferencias de dinero bajan u ocurre una crisis económica en el país de origen. A medida que los trabajadores extranjeros migratorios permanecen más tiempo fuera de su país, las remesas que envían declinan, particularmente si estos trabajadores traen a sus familias a vivir con ellos o si forman hogares nuevos en el país anfitrión.
Estos factores han contribuido al aumento de las remesas bancarias desde 2000, pero aun colectivamente no han sido suficientemente dinámicos para explicar todo el aumento.
Las remesas reales aumentaron en un 170 por ciento desde 2000 hasta 2005, pero en los Estados Unidos la población nacida en México creció solamente en un 20 por ciento. Algunos cálculos indican que la inmigración mexicana, tanto la legal como la ilegal, bajó en realidad durante 2001, 2002 y 2003, a medida que la economía norteamericana entraba en una recesión, seguida por una recuperación bastante débil del mercado laboral.[3] El influjo migratorio en 2004 estuvo todavía muy por debajo de los niveles del año 2000.
Mientras tanto, las ganancias semanales medias reales entre los hispanos en los Estados Unidos aumentaron en solamente un 18 por ciento durante este período, y el dólar aumentó de valor en solamente un 7.4 por ciento en comparación con el peso. El cambio modesto en el valor de la moneda refleja la relativa estabilidad de la economía mexicana, cuya crisis más reciente ocurrió hace una década.
Entre las fuerzas impulsoras de las remesas, el cambio mayor provino del costo medio de las transacciones de tranferencia de dinero, el cual ha bajado más del 50 por ciento desde el año 2000.[4] Uno de los factores ha sido una mayor competencia. Más de 100 organizaciones dedicadas a la transferencia de dinero prestaron servicios a México en 2005, en comparación con solamente cinco en 1995.[5]
Otro factor en la reducción de los costos ha sido la tecnología, inclusive las tarjetas de débito y de crédito y otras opciones de transferencia, tales como el sistema automatizado de cámara de compensación del Sistema de la Reserva Federal denominado Directo a México. El Banco de México calcula que las transferencias electrónicas han aumentado desde el 53 por ciento de las remesas enviadas en 1996, al 85.6 por ciento en 2003 y al 93 por ciento en 2006.[6]
Incentivados por la reducción en los costos, tanto para remitentes como para destinatarios, los trabajadores migratorios han enviado sus remesas cada vez más a través de canales formales en vez de canales informales, como, por ejemplo, el de llevar efectivo a sus hogares. El menor volumen de trabajadores que regresaban a su país, junto con mayores dificultades para cruzar la frontera, han contribuido también al uso creciente de los canales formales.[7]
La medición de las remesas
Es más fácil dar seguimiento a las transferencias de dinero formales, y parte del desplazamiento de las remesas informales ha sido cuantificado como aumentos en las transferencias en general. De esta manera, una medición mejorada ha contribuido al aumento significativo en las tasas de crecimiento de las remesas en años recientes.
El Banco de México revisó sus procedimientos para colectar y registrar los datos sobre remesas en el año 2000. Los esfuerzos se concentraron inicialmente en el mantenimiento de registros de transacciones dentro del banco central y luego en la recopilación de datos de fuentes fuera del banco.[8] En octubre de 2002, el Banco de México expidió reglas conforme a las cuales todos los bancos y compañías dedicadas a tranferencias cablegráficas de dinero tenían la obligación de inscribirse en el banco central y reportar las remesas mensuales categorizadas según el estado mexicano de destino.
Antes de 2002, los niveles de remesas mensuales se inferían de un censo obsoleto del año 1990 de instituciones financieras, casas de cambio y compañías de transferencias electrónicas de dinero. El nuevo censo de compañías, la obligación de reportar transacciones y el crecimiento de las transferencias formales contribuyeron, todos, a un crecimiento más rápido de las remesas.
Esto ha dado como resultado mejoras importantes en la recopilación de datos y una ruptura clara con las tendencias del pasado. Dejando a un lado el período de transición de 2000 a 2002, la tasa de crecimiento de las remesas parece haber tenido aproximadamente dos fases que corresponden a cambios en las mediciones del Banco de México —antes de 2000 y después de 2002 (Gráfica 3). La tasa media anual del crecimiento de las remesas fue del 10.3 por ciento durante el primer período. Aumentó al 20.6 por ciento durante el segundo período, aunque en meses recientes se ha observado una leve reducción (ver el cuadro titulado "La reducción del 2007").[9]

Los datos indican también mayores cambios estacionales de 2002 a 2006.
Aun con las técnicas de medición nuevas y mejoradas, cuantificar las remesas informales continúa siendo un desafío. El Banco de México trata de resolver la deficiencia de los datos relacionados con las transferencias informales mediante la realización de encuestas anuales de los trabajadores migratorios que regresan y la incorporación de estimados del dinero en efectivo y de los bienes que llevan a sus hogares. Sin embargo, no es probable que haya podido capturar tales transferencias informales con la misma precisión que lo ha hecho con las transferencias formales.
Una consecuencia de la nueva metodología es una discrepancia creciente con otras fuentes de datos relacionadas con las remesas mexicanas. Según los cálculos del Banco de México, el volumen y el crecimiento de las remesas son mucho más grandes que los de otras mediciones, inclusive una realizada por el Buró de Análisis Económico del Departamento de Comercio de los Estados Unidos (U.S. Department of Commerce's Bureau of Economic Analysis —BEA). Según los estimados del BEA, las remesas a México fueron de $10,700 millones en 2005 y de $11,100 millones en 2006. Estos estimados representan aproximadamente la mitad de los del Banco de México (Gráfica 4).

Las dos series son equiparables hasta el año 2000, pero comienzan a discrepar a partir de la fecha en que el Banco de México adoptó su nueva metodología de medición. Sin embargo, el BEA y el Banco de México han tenido siempre técnicas muy diferentes para calcular las remesas. La metodología del BEA no se basa en reportes directos presentados por los bancos y otras compañías de transferencias de fondos, sino en un modelo de remesas creado a partir de supuestos informados sobre la conducta de los trabajadores migratorios en relación con las remesas, y estimados del tamaño de la población migratoria y sus características.[10]
Además de las mediciones de remesas realizadas por los gobiernos, o sea, las macro-mediciones, existen mediciones de remesas basadas en encuestas, o micro-mediciones, para remitentes y destinatarios.
Según una encuesta de los hogares de trabajadores migratorios mexicanos denominada el Proyecto de la Migración Mexicana (Mexican Migration Project —MMP), el 79 por ciento de los trabajadores mexicanos en los Estados Unidos envían a sus hogares un promedio de $350 por mes.[11] Si los trabajadores migratorios del MMP fueran representativos de todos los trabajadores mexicanos en los Estados Unidos, estas cifras serían consistentes con las remesas oficiales estimadas en más de $20,000 millones. Sin embargo, los datos del MMP se derivan abrumadoramente de trabajadores migratorios que regresan, quienes, por sus fuertes lazos con su patria, realizan envíos de más dinero y con mayor frecuencia que los inmigrantes mexicanos medios.
Los micro-datos basados en los destinatarios también difieren de los estimados del Banco de México. Al examinar una encuesta grande y nacionalmente representativa de los hogares en México, denominada la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, Gerardo Esquivel y Alejandra Huerta-Pineda hallaron que 1.4 millones de hogares mexicanos recibieron en 2002 un promedio de $2,560 en remesas de dinero. Con base en estas cifras, las remesas ascendieron a un total de $3,600 millones en 2002, lo cual representa solamente el 37 por ciento de los estimados oficiales para ese año.[12]
Algunas autoridades mexicanas han cuestionado la discrepancia entre los datos obtenidos en macro-mediciones y los obtenidos en micro-mediciones. Alegan que la metodología del Banco de México, diseñada para captar remesas familiares, no hace lo suficiente para excluir transacciones realizadas por razones comerciales ilícitas, tales como pagos hechos a contrabandistas de seres humanos o narcotraficantes, o tranferencias legítimas no familiares, tales como donaciones hechas a organizaciones sin fines de lucro.[13]
La evidencia anecdótica sugiere que las transferencias transnacionales ilícitas a través de las fronteras han aumentado con el transcurso del tiempo. Hay indicios que los contrabandistas, ante un monitoreo más intensivo de las transacciones cablegráficas dentro de los Estados Unidos, inclusive en Arizona, han encauzado una mayor parte de sus pagos cablegráficos hacia estados fronterizos dentro del territorio mexicano.[14] No obstante, la clasificación geográfica de las remesas dentro de México se correlaciona bien con patrones migratorios conocidos entre la población, y no indica transferencias desproporcionalmente grandes hacia los estados fronterizos mexicanos.
Modelado de las remesas
Con la cantidad de cambios recientes en los datos sobre remesas, podría ser de interés saber lo que una proyección basada en los datos “viejos” habría pronosticado para las remesas posteriores al 2002.
Para explorar esta interrogante, construimos un modelo sencillo con algunas variables macroeconómicas, inclusive el PIB de los Estados Unidos y el de México, el tipo de cambio entre el peso y el dólar, el Índice de Precios al Consumidor en los Estados Unidos y el empleo en las maquiladoras.[15] El modelo genera un pronóstico proyectando los valores ajustados de remesas al cuarto trimestre de 2002.
El modelo pronostica que factores macroeconómicos habrían creado remesas de $21,500 millones en 2006 (Gráfica 5). El Banco de México reportó $23,100 millones. Nuestro modelo explica de esta manera el 93 por ciento de los estimados oficiales en 2006. La diferencia de $1,500 millones se debe en parte a la nueva metodología, la cual aumentó la tasa de crecimiento de las remesas al incorporar en los registros de datos a firmas nuevas en rápido crecimiento, y también a la caída en el costo de las transferencias, la cual animó a los remitentes a abandonar el método de llevar consigo dinero en efectivo y bienes, y a favorecer el envío de transferencias formales.

La adición de variables de control para capturar el efecto del cambio después de 2002 sugiere que el impacto de la nueva metodología ascendió cuanto más a $700 millones en 2006.[16] Los estimados de la elasticidad del costo de remesas indican que las transacciones más baratas probablemente aumentaron las transferencias durante 2006 en más de $1,000 millones.[17]
Nuestro análisis sugiere que las mejoras en las mediciones y la caída de los costos de transferencias son factores de importancia en los aumentos recientes en remesas a México y en su tasa de crecimiento más rápida durante el período posterior a 2000. Las transferencias formales se están midiendo ahora con más exactitud y las transferencias informales se están reduciendo a medida que los remitentes hacen más uso de los canales formales.
Implicaciones para las políticas
Históricamente, los datos sobre remesas alrededor del mundo han sido de baja calidad y han sub-estimado exageradamente por años las transferencias hechas por trabajadores migratorios. Como hemos visto, el gobierno mexicano ha tomado medidas importantes para remediar estos problemas. Los beneficios de las remesas son profundos. Algunos estudios han demostrado que las transferencias de dinero hechas por trabajadores migratorios a sus países reducen la pobreza, aumentan las inversiones en la educación de los niños, impulsan gastos para la salud, financian empresas pequeñas y aumentan el acceso a servicios financieros.[18]
Un esfuerzo global por estandarizar la definición y la medición de las remesas está actualmente en marcha, dirigido por un grupo de instituciones multinacionales, inclusive el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. La recopilación de datos mejores facilitará comparaciones transnacionales de las remesas.
Los esfuerzos por mejorar la calidad de los datos han llegado en un momento clave. A medida que el volumen de dinero ha aumentado, las remesas y sus efectos han despertado más el interés de los forjadores de políticas.
En los países anfitriones, los gobiernos luchan por bloquear el flujo de dinero hacia grupos terroristas u otras entidades criminales mientras permiten las tranferencias legítimas. Otras autoridades han censurado las remesas, sugiriendo que deben combatirse mediante impuestos y que los remitentes deben someterse a requisitos de identificación y declaración más estrictos.
En los países destinatarios, las remesas se han aprovechado para financiar obras públicas normalmente sufragadas por los contribuyentes residentes, y los gobiernos han luchado por regular el crecimiento de las instituciones financieras que típicamente desembolsan las transferencias. A medida que los asuntos relativos a la medición y estandarización se resuelven, la problemática de la formulación de políticas dominará los debates futuros sobre el dinero que los trabajadores migratorios envían a sus hogares.
Una reducción en 2007
Los últimos datos del Banco de México indican que el crecimiento de las remesas ha declinado en meses recientes, aunque el monto de los flujos continúa cerca de cifras récord.
Después de comenzar con gran ímpetu en 2006, las remesas mensuales alcanzaron su máximo en octubre de 2006, con $2,100 millones. En la primera mitad de 2007, las remesas reales tuvieron un flujo inferior en un 1.4 por ciento a los flujos durante el mismo período en 2006.
Es difícil explicar esta repentina reducción, pero modelos estadísticos sugieren que las remesas mexicanas están fuertemente vinculadas a la actividad económica general de los Estados Unidos. Por lo tanto, es probable que la reducción esté relacionada con la desaceleración reciente de la economía norteamericana, particularmente en sectores como la construcción que emplean a un número grande de trabajadores migratorios mexicanos.
A medida que la economía de los Estados Unidos declina y la demanda de mano de obra baja, menos mexicanos cruzan la frontera en busca de trabajo. Una confirmación indirecta de este fenómeno se puede encontrar en el número de inmigrantes indocumentados detenidos por las patrullas fronterizas de los Estados Unidos, el cual se redujo en un 31 por ciento durante el primer trimestre de 2007, comparado con el mismo trimestre de 2006. El crecimiento del producto internto bruto de los Estados Unidos fue también débil durante el primer trimestre, por debajo del 1 por ciento.
A medida que la economía norteamerica recobra su ímpetu, el flujo de trabajadores migratorios extranjeros debería de aumentar y el crecimiento de las remesas debería de reanudarse. |
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Acerca de los autores
Cañas y Coronado son Economistas Asistentes en las sucursales de El Paso y de Houston, respectivamente, del Banco de la Reserva Federal de Dallas. Orrenius es Economista Senior y Consejera en materia de políticas en el Departamento de Investigación del Banco de la Reserva Federal de Dallas. Notas
Los autores agradecen a Bill Gilmer sus comentarios sobre borradores de este artículo.
- "Sending Money Home: Leveraging the Development Impact of Remittances," Inter-American Development Bank, Multilateral Investment Fund, 2006. Ver www.iadb.org/news/ docs/remittances_EN.pdf.

- Los datos para la India pueden obtenerse solamente hasta 2003, inclusive.
- "Rise, Peak and Decline: Trends in U.S. Immigration 1992–2004," por Jeffrey Passel y Roberto Suro, Pew Hispanic Center, septiembre de 2005.
- "Migraciones y remesas en América Latina y el Caribe: Los flujos intrarregionales y las determinantes macroecónomicas," por Manuel Orozco, Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe, mayo de 2006.
- "Development Impact of Remittances,"
por Yira Mascaró, ponencia presentada en la Federal Reserve Bank of Dallas Cross- Border Banking Conference, San Antonio, 11 de mayo de 2007.
- "Improving Central Bank Reporting and Procedures on Remittances,"
por Jesus Cervantes, ponencia presentada en la Federal Reserve Bank of Dallas Cross-Border Banking Conference, San Antonio, 11 de mayo de 2007.
- "Remittances: Transaction Costs, Determinants and Informal Flows," por Caroline Freund y Nikola Spatafora, World Bank Policy Research, Working Paper no. 3704, agosto de 2005.
- Cervantes (2007).
- Las tasas de crecimiento anual promedio fueron del 16 por ciento de 2000 a 2002.
- El estimado del Buró de Análisis Económico (Bureau of Economic Analysis) tiene la ventaja de tener un costo bajo y de no excluir las transferencias realizadas a través de canales informales para remesas, pero es muy sensitivo a suposiciones hechas acerca de quiénes hacen las remesas y por cuánto. Además, aunque el BEA define las remesas como transferencias hechas por trabajadores migratorios que han permanecido en los Estados Unidos por un año como mínimo, un informe de la General Accountability Office sugiere que el modelo del BEA puede captar, después de todo, algunas de esas transferencias iniciales. En todo caso, la exclusión no es lo suficientemente grande para llegar al total.
- "Remittances and Their Microeconomic Impact: Evidence from Latin America," por Catalina Amuedo-Dorantes, en Migration, Trade, and Development: Proceedings of a Conference Sponsored by the Federal Reserve Bank of Dallas, James F. Hollifield, Pia M. Orrenius y Thomas Osang, ed., Dallas: Federal Reserve Bank of Dallas,
próximo a publicarse.
- "Remittances and Poverty in Mexico: A Propensity Score Matching Approach," por Gerardo Esquivel y Alejandra Huerta-Pineda, El Colegio de Mexico,
artículo inédito, 2005.
- "Omite BdeM contabilizar remesas no familiares," por Alma E. Muñoz, La Jornada, 13 de febrero de 2006.
- "Human Smugglers Have New Fee System," Dallas Morning News, 14 de octubre de 2006, pág. 2A.
- Nosotros construímos un modelo de promedio móvil integrado y autoregresivo, con datos trimestrales. Diferenciamos los datos para asegurar la estacionalidad, y utilizamos correlogramas cruzados y funciones de autocorrelación para estimar la estructura retrasada de cada variable y los residuos en comparación con las remesas. Luego, pusimos el modelo de remesas a funcionar con sus determinantes y los valores retrasados de sí mismos, inclusive los valores corrientes y retrasados de las variables independientes. Para obtener más información acerca de la estimación y pronóstico mediante modelos de función de transferencias, vea Forecasting With Dynamic Regression Models, por A. Pankratz, New York: Wiley and Sons, 1991.
- Para aproximar el efecto del cambio en la metodología, hicimos interactuar el modelo plenamente con una variable post-cambio ficticia que asume el valor de 1 a partir del cuarto trimestre de 2002.
- La elasticidad del costo de las remesas se supone que es de –0.4 y se basa en estimados incluidos en Freund y Spatafora (2005).
- "Leveraging Remittances for Development," por Dilip Ratha, en Migration, Trade, and Development: Proceedings of a Conference Sponsored by the Federal Reserve Bank of Dallas, James F. Hollifield, Pia M. Orrenius y Thomas Osang, ed., Dallas: Federal Reserve Bank of Dallas,
próximo a publicarse.
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