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La recuperación de las maquiladoras: Lecciones para el futuro
Por Jesús Cañas, Roberto Coronado y Robert W. Gilmer
Southwest Economy
Marzo/Abril 2007
Las maquiladoras comenzaron a operar en 1965 como un programa de desarrollo económico para aliviar el desempleo y la pobreza en el norte de México. Su concepto organizador consistió en ofrecer una plataforma donde la mano de obra con salarios bajos pudiera realizar trabajos no especializados en operaciones de ensamblaje, con componentes y artículos terminados atravesando la frontera entre los Estados Unidos y México libres de impuestos.
Estas fábricas de ensamblaje han crecido hasta convertirse en un motor importante de la economía de México, ofreciendo empleo a 1.2 millones de trabajadores —un tercio de los empleos en la industria manufacturera del país. En años recientes, la industria ha pasado por períodos de auge y caída, y la competencia proveniente de otros países con salarios bajos alrededor del mundo ha ido transformado poco a poco el rol de las maquiladoras en las actividades de producción compartida entre México y los Estados Unidos.
En los años 2000 y 2001, una caída repentina en los empleos de las maquiladoras dio origen a inquietudes serias acerca del futuro de esta industria. La recesión económica de los Estados Unidos en 2001 provocó la caída, la cual empeoró debido a las dificultades prolongadas en la industria manufacturera de los Estados Unidos ante un dólar fuerte y un descenso en las inversiones. La competencia de mano de obra con salarios bajos de la China y de otras economías emergentes planteó interrogantes acerca del retorno de empleos en las maquiladoras una vez iniciada la recuperación cíclica. ¿Sería que una industria mexicana, desarrollada sobre la base de empleos de ensamblaje con salarios bajos, había perdido por completo una ventaja competitiva que no sería capaz de recuperar?
El nivel del empleo en las maquiladoras ascendió otra vez en el año 2003, ofreciendo indicios sobre el futuro a largo plazo de esta importante industria. (Gráfica 1). Aunque las plantas de ensamblaje han perdido bastante terreno en varios sectores de salarios bajos, esta industria ha descubierto diferentes maneras de crecer y competir. La productividad ha aumentado con rapidez, al igual que los salarios. La industria de las maquiladoras no está falleciendo. Al contrario, está madurando y dejando atrás sus raíces como una industria de salarios bajos. De igual importancia es el hecho de que esta industria continúa ofreciendo un estímulo cada vez más vigoroso al crecimiento económico de las ciudades fronterizas tanto en México como en los Estados Unidos.
La competencia de salarios bajos
Si nos basamos estrictamente en una competencia directa de salarios por hora, México no podrá ganar en comparación con países de salarios bajos alrededor del mundo.[1]
El Ministerio de Economía de México, por ejemplo, calcula que el país paga como promedio salarios y beneficios con un valor de $2.96 por hora, una tasa muy ventajosa cuando se la compara con los salarios de $16.60 por hora en California, pero notablemente desfavorable en comparación con los salarios de 72 centavos por hora en la China. El Buró de Estadísticas Laborales de los Estados Unidos coloca los salarios manufactureros de México a un nivel de $2.08 por hora, comparados con 48 centavos por hora en Sri Lanka. La Organización Internacional del Trabajo calcula que los salarios manufactureros en la China son de 25 centavos por hora.
Esta incapacidad para competir en términos de costos laborales se hace más evidente en la industria textil y de confección de ropa en México. Un artículo reciente de William C. Gruben señala que la aprobación en 1994 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte otorgó a esta industria una posición privilegiada en los mercados de los Estados Unidos al mantenerla dentro de los muros arancelarios de la región.[2] El resultado inicial fue una desviación de los productores de artículos de vestir hacia México con el fin de aprovechar el acceso, libre de aranceles, al mercado de los Estados Unidos. Para el año 2000, el empleo en esta industria dentro de México se había cuadruplicado.
Otros países empezaron entonces a tratar de obtener ventajas similares. En el año 2000, la Ley de Recuperación Económica de la Cuenca del Caribe ofreció a los países del caribe la entrada, libre de aranceles, al mercado de los Estados Unidos. Al ingresar a la Organización Mundial del Comercio en el año 2001, la China obtuvo acceso a los Estados Unidos con aranceles lo suficientemente bajos para que su ventaja salarial fuera un factor decisivo. Estos cambios posteriores a NAFTA en las políticas del comercio internacional dieron como resultado el colapso del empleo en la industria textil y de confección de ropa en México. La pérdida de empleos en este sector no ha sido revertida por la recuperación de la industria manufacturera en los Estados Unidos.
El sector textil y de confección de ropa no ha sido un barómetro indicador de la industria maquiladora en general. La pérdida de empleos con salarios bajos no ha sido generalizada. La pérdida de empleos en el sector textil y de confección de ropa la han compartido las industrias relativamente pequeñas de la fabricación de juguetes y de productos de cuero. Otros sectores han reaccionado positivamente ante el aumento en la actividad manufacturera de los Estados Unidos que comenzó en el 2004.
¿Cómo hace México para mantener una buena posición económica en otras industrias si no es factible competir en términos salariales?[3] La respuesta se encuentra probablemente en una combinación de factores relacionados con su geografía y con la experiencia de su fuerza laboral:
- Su proximidad al mercado de los Estados Unidos le ofrece ventajas enormes. Esta ventaja se manifiesta en productos pesados y voluminosos, como televisores de pantalla grande, congeladores y calentadores de agua.
- La proximidad es también importante cuando las cadenas de abastecimiento exigen un procesamiento rápido, cuando ocurren cambios frecuentes y cuando hay poco tiempo para esperar embarques de países lejanos. Las piezas de auto son un ejemplo. Lo último en pantalones vaqueros puede haber pasado de moda antes de que los contenedores lleguen del Asia.
- Mercancías con un valor agregado alto relativo al costo de la mano de obra utilizada para producirlas —como, por ejemplo, instrumentos médicos— se fabrican con frecuencia en México. La mano de obra experta y con experiencia del país se convierte en una ventaja importante.
- La propiedad intelectual utilizada en la producción puede estar expuesta a riesgos en países lejanos, mientras que México ofrece mejores protecciones que muchos otros países.
¿Cíclico o estructural?
¿Tienen las ventajas de México una importancia suficiente para la industria maquiladora? Para encontrar la respuesta, necesitamos separar los efectos cíclicos de las caídas o de las ganancias estructurales a plazo largo.
Los datos sobre las maquiladoras cubren amplias categorías industriales. Cada categoría puede contener una mezcla de sectores sujetos a efectos cíclicos o a factores estructurales, tales como la competencia basada en salarios bajos. Para determinar cuál es el factor dominante, examinaremos datos de la caída y la recuperación en años recientes.
Partimos de la suposición de que la producción manufacturera de los Estados Unidos define la caída de la industria maquiladora y su recuperación. Damos seguimiento a la caída del empleo en las maquiladoras durante un declive de la producción industrial de los Estados Unidos desde junio del año 2000 hasta noviembre del 2001, y durante su larga recuperación desde noviembre del 2001 hasta mayo del 2004.
Para demostrar cómo la recesión y la recuperación afectaron a cada sector, utilizamos un gráfico con cuatro cuadrantes que divide a los sectores de la industria maquiladora en grupos, basándonos en la forma en que funcionaron durante el ciclo económico.[4] Las ganancias y pérdidas se indican como cambios porcentuales en el empleo.
Cuadrante I (positivo, positivo): Sectores con ganancias estructurales, en los que el empleo crece durante la recesión y la recuperación.
Cuadrante II (negativo, positivo): Sectores cíclicos, que pierden empleos durante la recesión y los añaden durante la recuperación.[5]
Cuadrante III (negativo, negativo): Sectores con pérdidas estructurales, en los que el empleo declina tanto durante la recesión como durante la recuperación.
Cuadrante IV (positivo, negativo): Sectores contracíclicos, en los que se observan aumentos en el número de empleos durante la recesión y pérdidas durante la recuperación.
Para el período del año 2000 al 2004, encontramos ganancias estructurales en solamente dos sectores pequeños —maquinaria y alimentos (Gráfica 2). Ocurrieron pérdidas estructurales en muebles y en tres industrias que ya habíamos previsto —juguetes, cueros y textiles. El gran sector electrónico y la industria del transporte, la cual incluye automóviles, se clasifican dentro del cuadrante cíclico.

Veamos ahora datos similares sobre el empleo en maquiladoras durante el declive y la recuperación de la industria manufacturera en los Estados Unidos durante los años 1990 a 1992 (Gráfica 3).[6] En contraste con el ciclo económico reciente, todas las industrias se clasifican dentro de los cuadrantes de ganancias o de flujos cíclicos. La única industria que parece estar sujeta a un declive en el empleo mayor que la recuperación es la de los juguetes. Al final, el período de 1990 a 2004 vio a la industria maquiladora de México pasar de una posición ventajosa para la creación de empleos (cuadrantes I y II) a una posición mucho más competitiva (cuadrantes II y III).

Cuando examinamos las industrias correspondientes de los Estados Unidos en el período del 2000 al 2004, observamos que la mayoría se agrupa dentro del punto de origen, con alguna tendencia hacia una pequeña caída durante la recesión y una menor subida durante la recuperación (Gráfica 4). Entre 1990 y 1992, los resultados son similares, aunque con caídas mayores durante la recesión y una recuperación más limitada en industrias como las de muebles, automóviles, cueros y electrónica.

Perspectiva de la producción
Las tendencias económicas progresivas relacionadas con el empleo en maquiladoras no ofrecen una imagen optimista acerca del futuro de esta industria. La recuperación de la recesión ocurrida del 2000 al 2003 está todavía incompleta en cuanto al empleo y es evidente que no volverán a ocurrir las ganancias estructurales fáciles del pasado.
El enfoque en el empleo es importante y convencional cuando se trata de examinar la industria maquiladora, porque el desplazamiento estructural mediante el comercio se considera correctamente como un factor clave en el mercado laboral y porque históricamente, la industria maquiladora se ha considerado principalmente como un programa de empleos.
Cuando se trata de examinar la producción en vez del empleo, sin embargo, la perspectiva se transforma. Medida en términos del valor agregado real, la producción de las maquiladoras se ha sostenido sorprendentemente bien en años recientes, especialmente a la luz de lo que ha estado ocurriendo con el empleo (Gráfica 5). Después de bajar durante un período breve en 2001, la producción se recuperó en gran parte y permaneció estabilizada desde mediados del 2001 hasta fines del 2004. Esta producción ha estado creciendo con rapidez desde hace casi dos años, alcanzando niveles más altos que nunca. Según los datos sobre la producción, la recesión más reciente fue mucho menos significativa que la ocurrida a principios de la década de 1990.
Si volvemos a la gráfica de lo cíclico vs. lo estructural y reemplazamos el empleo con el valor agregado real, observamos seis sectores en el cuadrante de las ganancias estructurales durante la recesión y recuperación del 2000 al 2004 —inclusive en muebles, textiles y cueros (Gráfica 6). Otros sectores se encuentran en el cuadrante procíclico. El crecimiento durante este período fue generalmente positivo y generalizado entre estas industrias.

A medida que la recuperación de la industria maquiladora ha avanzado, el crecimiento en el empleo ha quedado débil y por debajo de su nivel máximo anterior, mientras que la producción ha aumentado repentinamente, llegando a niveles más altos que nunca. Como resultado, ha habido ganancias rápidas en la productividad medida en términos de la producción por trabajador, con aumentos de casi el 60 por ciento desde el año 2000 hasta el 2005 (Gráfica 7).

Las ganancias en productividad han sido también características del rendimiento manufacturero reciente en los Estados Unidos, siendo de importancia mayor en las pérdidas recientes de empleos que la demanda débil y o la competencia extranjera.[7] Sabemos que en la industria maquiladora una parte sustancial de las ganancias en producción por trabajador puede atribuirse al cambio de industrias menos productivas a industrias más productivas. Los trabajos más básicos han sido absorbidos por la competencia extranjera.[8] No poseemos los datos necesarios para determinar cuántas ganancias en productividad se debieron a la combinación de industrias y cuántas emergieron de los avances en destrezas laborales, mejoras en el capital o la nueva tecnología.
El aumento en la productividad ha sido emparejada con mejoras rápidas en los salarios por hora y en los beneficios pagados por las maquiladoras. Estas ganancias han sido compartidas en todas las industrias, con un aumento medio del 46 por ciento entre el año 2000 y el 2005. Al igual que el aumento en la productividad, los salarios más altos pueden atribuirse en parte a la pérdida de los empleos con los salarios más bajos y con el menor nivel de capacitación.
No importa cuál sea la fuente de las mejoras, estamos observando una industria que se está modernizando con rapidez, que está pagando salarios más altos y que está aumentando su producción en todas las industrias. Esta imagen ofrece un contraste dramático con la imagen de las maquiladoras como una industria basada solamente en empleos.
Ya llegó el momento de dejar de pensar en la industria maquiladora en términos de sus orígenes como un programa de empleos diseñado al estilo de la década de 1960. Hoy día, esta industria está buscando con éxito un nicho más complejo y mejor remunerado en la re-estructuración continua de la producción compartida en la América del Norte.
Si las maquiladoras generan ahora menos empleos que antes, esto debe examinarse a la luz de la escasez de mano de obra en el norte de México, donde la industria está principalmente localizada. Las maquiladoras están reclutando trabajadores diligentemente en todo el territorio mexicano, ofreciendo bonos y pagando los costos de transporte de trabajadores potenciales para persuadirlos a trasladarse hacia el norte.
Estímulos para la economía fronteriza
¿Cuáles son las implicaciones para la economía de la frontera entre Texas y México? Las maquiladoras se han convertido en una fuerza dominante en la región. La preservación y el aumento de empleos en las maquiladoras ha llegado a ser el factor económico más importante en las ciudades del lado mexicano de la frontera. Pero, a la luz de las transiciones de esta industria debemos distinguir entre las cifras brutas de empleo y el total de salarios y beneficios.
La compensación real por trabajador da seguimiento a una vía intermedia entre la producción y el empleo (Gráfica 8). La reducción en empleos durante la recesión fue del 21.8 por ciento y la recuperación de empleos deja todavía a la industria un 8.3 por ciento por debajo de su nivel máximo anterior, en el 2000. El total de salarios y beneficios reales bajaron en un 13.3 por ciento y se encuentra ahora a solamente a un 2.7 por ciento por debajo de su nivel máximo anterior.
En general, las ciudades mexicanas fronterizas sufrieron probablemente mucho menos durante la recesión que lo que la reducción en el número de empleos sugiere, y se están beneficiando más actualmente debido a la recuperación.
Para las ciudades en el lado de Texas, los empleos y salarios en maquiladoras cuentan hasta el grado en que afectan las ventas al por menor. Sin embargo, la producción ha sido siempre una medida mejor que el empleo, de los beneficios creados por la expansión de las maquiladoras. Los componentes por ensamblar para la producción de las maquiladoras, junto con el transporte, la seguridad fronteriza, los servicios de bienes raíces y los servicios de apoyo para las aduanas están todos más íntimamente relacionados con la producción que con los empleos.
Una regla general bien conocida en relación con la manera en que las ciudades fronterizas de los Estados Unidos y las maquiladoras están vinculadas sugiere también que la producción es la medida clave: Cada aumento del 10 por ciento en la producción de las maquiladoras da un impulso del 1.1 al 2 por ciento al aumento del empleo en la ciudad fronteriza adyacente del lado de los Estados Unidos.[9] Esto ayuda a explicar también el rendimiento fuerte de las ciudades fronterizas de Texas en años recientes —inclusive ante una caída en el empleo en la industria de las maquiladoras.
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Acerca de los autores
Cañas y Coronado son economistas asistentes en las oficinas de El Paso y de Houston, respectivamente, del Banco de la Reserva Federal de Dallas. Gilmer es uno de los Vicepresidentes del Banco de la Reserva Federal de Dallas.
Notas
- Hemos utilizado los salarios a manera de abreviatura en el texto, pero el concepto real es el de los costos de mano de obra unitarios —una combinación de salarios y productividad. Si los trabajadores mexicanos fueran lo suficientemente productivos, podrían superar la diferencia salarial con niveles de producción más altos. Sin embargo, para cerrar esta brecha, los trabajadores mexicanos tendrían que ser 11.8 veces más productivos que los trabajadores chinos ($2.96 vs. 25 centavos). En el caso de empleos de ensamblaje básico, esta diferencia sería sumamente difícil de superar.
- “NAFTA, Trade Diversion, and Mexico’s Textile and Apparel Boom and Bust”, por William C. Gruben, en Southwest Economy, una publicación del Banco de la Reserva Federal de Dallas, septiembre/octubre de 2006. “The China Challenge to Manufacturing in Mexico”, por Ralph Watkins, en Impact Analysis, noviembre/diciembre de 2006, presenta argumentos similares acerca de la desviación.
- “Maquiladora Downturn: Structural Change or Cyclical Factors?”, por Jesús Cañas, Roberto Coronado y Bill Gilmer, en Business Frontier, una publicación del Banco de la Reserva Federal de Dallas, número 2, 2004.
- El dispositivo gráfico ha sido tomado de Erica L. Groshen y Simon Potter, “Has Structural Change Contributed to a Jobless Recovery?”, en Current Issues in Economics and Finance, una publicación del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, vol. 9, no. 8, agosto de 2003. Nuestra presentación difiere de la de Groshen y Potter en el sentido de que las fechas de contracción y recuperación que utilizamos no son las fechas del ciclo económico NBER, sino los picos y valles del índice de la producción industrial de los Estados Unidos publicado por la Junta de la Reserva Federal. Estos cuadros han sido criticados porque podrían interpretarse mal en base a los períodos seleccionados para la recuperación y la expansión. Nosotros realizamos suficientes pruebas de sensibilidad para asegurarnos de que las conclusiones sencillas que deseábamos obtener no fueran el resultado de las fechas escogidas. Ver “Can Sectoral Reallocation Explain the Jobless Recovery?”, por Daniel Aaronson, Ellen R. Rissman y Daniel G. Sullivan, en Economic Perspectives, una publicación del Banco de la Reserva Federal de Chicago, segundo trimestre de 2004.
- La recuperación es el período desde el valle de la recesión y hasta el retorno al pico anterior.
- Las fechas del declive industrial fueron de septiembre de 1990 a marzo de 1991, y la recuperación se completó en marzo de 1992.
- “What Happened to the Great U.S. Job Machine? The Role of Trade and Electronic Offshoring”, por Martin Neil Baily y Robert Z. Lawrence, Brookings Papers on Economic Activity, septiembre de 2004. Este estudio demuestra que todas las pérdidas en empleos manufactureros en los Estados Unidos de 2000 a 2003 pueden atribuirse a ganancias en la productividad. Manteniendo fija la productividad, el 88 por ciento de las pérdidas se atribuirían a una demanda débil de productos manufacturados y solamente el 12 por ciento se atribuiría al comercio.
- Para ver cómo un cambio en la combinación de industrias puede aumentar la productividad general, inclusive si la productividad dentro de los sectores no aumenta, considere el siguiente ejemplo: El Sector A tiene una productividad de 10 unidades por trabajador y el B tiene 4 unidades por trabajador. Si el empleo se divide 50–50, la productividad general es de .5 x 10 + .5 x 4 = 7. Si la combinación de industrias cambia (debido a la pérdida de empleos con salarios bajos y baja productividad) a una relación de 75–25, la productividad general aumenta: .75 x 10 + .25 x 4 = 8.5.
- “U.S.–Mexico Integration and Regional Economies: Evidence from Border-City Pairs,” por Gordon H. Hanson, en Journal of Urban Economics, vol. 50, septiembre de 2001, pp. 259–87.
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