|
La economía mexicana en una encrucijada
Conversación con William C. Gruben y Erwan Quintin
Southwest Economy
Enero/Febrero de 2007
La inauguración de Felipe Calderón como el nuevo Presidente de México brinda a los economistas del Banco de la Reserva Federal de Dallas, William C. Gruben y Erwan Quintin, ambos especialistas en la región de la América Latina, la oportunidad de examinar el progreso realizado por México hacia la estabilidad económica y los obstáculos al crecimiento que le quedan por superar.
Q:
¿Por qué ha permanecido tan estable la economía mexicana ante las crisis políticas recientes?
Gruben: Lo primero que debemos recordar es el prolongado período en la historia de México cuando las transiciones presidenciales iban acompañadas por un comportamiento fiscal malo que creaba inquietudes en la comunidad de inversionistas. Los inversionistas, razonablemente, sentirían una gran incertidumbre en relación con la tasa de intercambio de divisas, de manera que México experimentaba ciclos de auge y depresión cada seis años.
Uno de los acontecimientos más importantes durante los últimos 50 años es que Ernesto Zedillo, Presidente de México durante el ejercicio de 1994 al 2000, no participó en este tipo de conducta cuando su sexenio, o término presidencial de seis años, concluía. Aunque Calderón ha heredado una economía estable y en crecimiento, se enfrenta a los desafíos planteados por un sistema educativo ineficiente, una estructura legal que necesita reparación y una interferencia excesiva del gobierno en el sector privado.
Q:
¿Cuáles han sido los frutos de esta buena conducta fiscal?
Quintin: Me complace decir que México ha sido capaz de desarrollar una curva de rendimiento en años recientes. El gobierno mexicano no podía vender ninguna deuda con una madurez mayor de un año después de la Crisis del Tequila a mediados de la década de 1990, pero la situación ha cambiado dramáticamente en los últimos cinco años.
Los inversionistas, tanto nacionales como internacionales, están ahora mucho mejor dispuestos a encomendar su dinero al gobierno. En 2004, México emitió sus primeros bonos de 20 años. Y el gobierno acaba de comenzar a emitir bonos valorados en pesos a tasas fijas por términos de 30 años.
Q:
Aun contra este telón de fondo de una estabilidad mayor, el crecimiento económico de México está lejos de lograr su potencial completo. ¿Cuál es la razón?
Quintin: Sí, la estabilidad macroeconómica crea un ambiente en el que es más fácil prestar e invertir dinero, pero esto por sí solo es insuficiente para lograr un crecimiento económico fuerte. Hay varios factores que todavía impiden la capacidad para hacer negocio.
Un obstáculo es el sector financiero de México. A pesar de mejoras recientes, este sector sigue siendo uno de los más pequeños del mundo. La relación entre los préstamos y el PIB es todavía bastante baja, hablando en términos relativos. Un problema clave es que los derechos de propiedad no se hacen cumplir. Por lo tanto, los bancos no están seguros de recibir los reembolsos o de tener la capacidad para protegerse cobrando la garantía colateral en caso de incumplimiento.
Eso disminuye la eficiencia del sistema financiero, cuya función es facilitar la inversión y ayudar a asignar recursos para su uso más eficiente. La insuficiencia de la intermediación financiera da como resultado una economía que no invierte tanto y que no es tan productiva como de lo contrario podría ser.
Q:
Esto parece estar relacionado con los antecedentes notoriamente tempestuosos del sector bancario de México.
Gruben: Los bancos mexicanos han tenido bastantes problemas. Primero, en la década de 1980, el sector fue nacionalizado. Luego, cuando los bancos se privatizaron en la década de 1990, muchos de los que tomaron las riendas de la industria fueron profesionales de la bolsa de valores, es decir, estaban preparados para asumir más riesgos que los administradores de banco tradicionales. Esto dio por resultado el otorgamiento de préstamos que no convenían, lo cual, por supuesto, tuvo un efecto perjudicial para México durante la Crisis del Tequila.
Q:
Entonces, ¿cuál es la situación actual del sector bancario?
Quintin: Está en condiciones mucho mejores que hace 10 años. La supervisión ha mejorado considerablemente. La relación de préstamos morosos a créditos bancarios pendientes de pago es una pequeña fracción de lo que era antes. Los préstamos bancarios están en aumento ahora a un buen ritmo, aunque desde una base muy baja.
Q:
¿Qué otros síntomas de ineficiencia económica se observan en México?
Quintin: Uno es el sector económico informal de México —aquella parte de la actividad económica no regulada y que no paga impuestos. Según algunos cálculos, este sector representa hasta un tercio de la economía mexicana de $1,07 billones.
Una economía informal grande es una respuesta natural a un ambiente regulativo engorroso, especialmente cuando el financiamiento de los bancos, una ventaja de que los productores formales supuestamente disfrutan, es todavía escaso. El anverso de la moneda es que el país paga un precio alto en la forma de una base fiscal reducida —con recursos tributarios menores de los que de otra manera tendría.
Es poco probable que la asignación de recursos sea eficiente cuando una parte significativa de la producción ocurre en un ambiente en el que no hay medios legales suficientes para asegurar el cumplimiento contractual. El resultado es una cantidad excesiva de producción en menor escala y de autoempleo.
Q:
Esto sugiere que ahora más que nunca se necesita un liderazgo fuerte.
Gruben: Lo bueno es que la generación actual de políticos parece más receptiva ahora a la cooperación que nunca antes. Esto conlleva implicaciones tremendas para la economía general de México.
Y sin que importen las filiaciones políticas, se ha establecido un compromiso para asegurar la estabilidad macroeconómica, especialmente la continuación de la independencia del banco central de México. Si es posible imaginarlo, el banco central de México estaba relajando recientemente su política en momentos en que la Reserva Federal hacía lo contrario. Esto habría sido un fenómeno inimaginable hace 15 años.
Q:
Salgamos por un momento de México hacia el panorama económico más amplio de la América Latina. ¿Cómo difiere la economía mexicana de sus vecinos del sur?
Gruben: Los países más grandes de la América Latina comercian a un nivel mucho menor que México —o sea, la parte de sus economías vinculada al sector de exportaciones es mucho menor. Por supuesto, el comercio es de importancia particular para México debido a su proximidad a los Estados Unidos.
Esto hace que México sea mucho más vulnerable al ciclo económico de los Estados Unidos, y de ahí proviene el dicho: "Cuando a los Estados Unidos le da tos, a México le da pulmonía". Con el sector industrial de los Estados Unidos dando muestras de fatiga, aumenta el riesgo a corto plazo de que un choque a la industria manufacturera estadounidense tenga repercusiones en los países al sur.
Quintin: Algo que vale la pena mencionar es el hecho de que México es uno de los clientes principales de las exportaciones de los Estados Unidos. Al igual que el Canadá, nuestra relación comercial con México es definitivamente una calle de dos vías.
Aunque es cierto que existe inquietud acerca de una posible reducción en la industria manufacturera de los Estados Unidos, algo nuevo ha surgido en la economía mexicana que tendrá un efecto compensatorio. El mejoramiento ocurrido en el sector financiero mexicano ha liberado una demanda acumulada en muchas áreas, inclusive en viviendas. Este aumento en el crecimiento doméstico es prometedor; sugiere que la economía mexicana no recibirá un golpe tan fuerte como el que recibió en el año 2000, si el sector manufacturero de los Estados Unidos volviera a debilitarse en forma significativa.
Q:
¿Cuál es la situación con la China? ¿Qué medidas ha tomado México para adaptarse y recapturar su posición competitiva en la escena mundial?
Gruben: Es importante observar que los países cuyo perfil de exportación se parece más al de la China encontrarán la competencia más directa, cara a cara. De los siete países con mayor densidad de habitantes en la América Latina, el país con el perfil de exportación más similar al de la China es México.
A riesgo de simplificar excesivamente, es útil observar que el valor de las exportaciones manufactureras de México, como un porcentaje del total de sus exportaciones, es de casi el 80 por ciento —muy por encima del de cualquiera otra economía latinoamericana. Es fácil decir que México tendrá que orientarse hacia la especialización en una producción que se beneficie de su proximidad a los Estados Unidos, pero esto ya está ocurriendo.
Hay varios productos que México puede manufacturar todavía con una eficiencia que le permita competir con los fabricantes chinos. Consideremos el sector en cambio rápido de las prendas de vestir, donde quizás es más conveniente producir artículos de vestir con un valor agregado más alto en México que en la China.

Quintin: La competencia china ha afectado negativamente a algunos fabricantes mexicanos, quienes esencialmente han tenido que reinventar su negocio para sobrevivir. Hoy día, observamos que muchas de las plantas nuevas que se han establecido repentinamente en la frontera se concentran en la manufactura de productos que pueden competir efectivamente con la China —particularmente aquellos productos con costos elevados de transporte y un contenido alto de destreza laboral.
Q:
¿Cuál es el pronóstico de ustedes para la economía mexicana?
Gruben: El asunto más importante que requiere solución es la necesidad de una reforma estructural en los sistemas legal y educativo. Lo bueno es que ya hay señales de progreso, especialmente en la aparente formación de coaliciones bipartidarias en México. Un acontecimiento prometedor es el comentario que el nuevo Ministro de Finanzas, Agustín Carstens, hizo hace poco acerca de la evasión de impuestos por parte de las grandes compañías mexicanas. Carstens dijo que era razonable que estas compañías evadieran impuestos, pero que no era razonable que el Ministerio de Finanzas permitiera que lo hicieran. No recuerdo cuándo he visto a un miembro del gabinete al nivel ministerial expresar algo tan sucintamente.
Quintin: México ha disfrutado de un año muy bueno, y debe continuar creciendo a un ritmo decente durante los próximos trimestres. El riesgo principal de este punto de vista es la posibilidad de un debilitamiento marcado en la industria manufacturera de los Estados Unidos. En lo positivo, el escenario podría estar preparado para un auge en inversiones que debería haber ocurrido hace mucho tiempo en México, si la nueva administración logra convertir en realidad reformas significativas.
|